Informe Klipphan: Andrés Klipphan en Canal 26
Informe Klipphan: Andrés Klipphan en Canal 26 Foto: Canal 26

Gregory Bovino no es un funcionario más. Es, para aliados y detractores, la encarnación física de la ofensiva migratoria del gobierno de Donald Trump: un agente federal que no se esconde, que no usa máscara, que se expone ante las cámaras y que dirige redadas con estética, retórica y métodos que muchos comparan con los peores fantasmas del siglo XX. De hecho, el violento comandante de la Patrulla Fronteriza, se corta el cabello, viste y utiliza la gestualidad de las siniestras SS de Adolf Hitler.

Todo su estilo remite a los líderes de la Gestapo nazi.

Designado por la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, como el “comandante en jefe general” de la Patrulla Fronteriza, Bovino se convirtió en el rostro visible —y temido— de las operaciones de detención y deportación masiva en ciudades gobernadas por demócratas. Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Nueva Orleans y, más recientemente, Mineápolis y St. Paul, fueron escenario de operativos que dejaron miles de detenidos, denuncias judiciales, protestas reprimidas y una estela de repudio social.

La imagen que terminó de consolidar su figura pública llegó en enero de 2026. Bovino apareció encabezando una comitiva de agentes federales enmascarados, vestido con un abrigo largo verde caqui, de corte militar, con insignias prominentes en brazos y hombros.

La escena, que remite a los más sangrientos años del fascismo europeo encarnado por Benito Amilcare Andrea Mussolini, en Italia, El Generalísimo Francisco Franco, en España, y a los líderes nazis alemanes, fue registrada frente a edificios federales en Mineápolis, desató una ola de indignación inmediata.

Gregory Bovino, comandante general del ICE de EEUU.
Gregory Bovino, comandante general del ICE de EEUU. Foto: EFE

Bovino y sus hombres, a los que llama la “patrulla verde”, no dudaron en rociar con químicos a un grupo de manifestantes que protestaban de manera pacífica.

En los vídeos caseros se lo observa arrojando las latas de gas pimienta y gritando “gas, gas, gas”. Bovino, es el único que está con la cara descubierta; el resto están encapuchados.

Gregory Bovino, comandante general del ICE de EEUU.
Gregory Bovino, comandante general del ICE de EEUU. Foto: EFE

El gobernador de California, Gavin Newsom, no dudó en verbalizar lo que muchos pensaron: “Greg Bovino vestido literalmente como si hubiera comprado un uniforme de las SS en eBay”.

También califico a la fuerza represora encabezada por Bovino como “Policía secreta, ejército privado, hombres enmascarados, gente que desaparece sin debido proceso”.

La comparación no fue casual ni aislada. En redes sociales, analistas, historiadores y activistas señalaron que la estética, la puesta en escena y el lenguaje corporal del comandante evocaban fuerzas represivas de regímenes autoritarios, en un contexto donde hombres armados detienen civiles en la vía pública sin identificación clara.

Una jueza ya había ordenado que Bovino y su “patrulla verde” debían abstenerse de usar gas pimienta y lacrimógeno si la situación no era crítica, como en el caso de Mineápolis. El comandante de estética y actitudes fascistas no hizo caso y se defendió.

Las críticas hacia Bovino no se limitan a la simbología. Dos demandas federales lo señalan directamente por operaciones en las que agentes bajo su mando habrían detenido residentes latinos basándose en su apariencia física, traspasando límites constitucionales.

En Chicago, durante la llamada Operación Midway Blitz, más de 3.200 personas fueron arrestadas en un mes. Los operativos incluyeron patrullajes en barrios hispanos, centros de transporte y suburbios enteros. Videos muestran vidrios de autos rotos, uso de gases lacrimógenos contra manifestantes y dispersión violenta de protestas.

El punto más delicado llegó en noviembre, cuando la jueza federal Sara Ellis desmintió el testimonio de Bovino, quien había afirmado que un manifestante le arrojó una piedra antes de ordenar el uso de gas. La magistrada fue contundente: calificó su versión como “simplemente no creíble” y emitió una orden para limitar el uso de la fuerza de la patrulla de Bovino en la ciudad.

Lejos de mostrar autocrítica, Bovino redobló la apuesta: “Si hubiera tenido más gas, lo hubiera utilizado”.

El episodio que terminó de consolidar su figura como símbolo de la brutalidad institucional ocurrió en enero de 2026, cuando Renee Nichole Good, ciudadana estadounidense de 37 años y madre de tres hijos, murió tras recibir disparos de un agente de ICE en Mineápolis.

Mientras crecían las protestas, Bovino respaldó públicamente al agente involucrado: “Mis respetos para el agente”, declaró, alineándose con la versión oficial de “defensa propia”.

Gregory Bovino, comandante general del ICE de EEUU.
Gregory Bovino, comandante general del ICE de EEUU. Foto: EFE

Días después, las cámaras lo captaron lanzando personalmente un cartucho de gas pimienta contra manifestantes. Bovino no actúa en soledad. Él mismo se ha jactado de contar con el respaldo directo del presidente.

El presidente nos llamó solo para decirnos: ‘Gracias, están haciendo un buen trabajo’”, relató.

Desde la Casa Blanca, la portavoz lo definió como “un activo para la administración Trump”. Y Stephen Miller fue aún más explícito al advertir que los agentes federales gozan de inmunidad total, frente a funcionarios locales, estatales o manifestantes.

Es lo que hace Bovino.

Lo hace a cara descubierta.

Lo hace a pesar de las ordenes judicial.

Lo hace, como un comandante de la Gestapo nazi.