El lago artificial de España que tardó cuatro años en llenarse de agua.
El lago artificial de España que tardó cuatro años en llenarse de agua. Foto: turismo.gal

En el corazón de Galicia, un antiguo paisaje industrial logró reinventarse hasta convertirse en uno de los destinos naturales más sorprendentes de España. Allí, donde durante décadas funcionó una gigantesca mina a cielo abierto que abastecía a una central térmica, hoy se extiende un lago artificial de dimensiones colosales, rodeado de bosques atlánticos, playas y rutas de senderismo que atraen cada año a miles de turistas.

La transformación ocurrió en As Pontes, un municipio de la provincia de A Coruña cuyo nombre remite a los numerosos puentes romanos y medievales que atraviesan el río Eume. Con pasado minero e identidad histórica, esta localidad gallega se convirtió en un ejemplo internacional de restauración ambiental.

El enorme hueco dejado por la extracción de carbón fue sometido a un proceso de recuperación ecológica. Foto: turismo.gal

El río artificial de As Pontes: origen y características de uno de los lagos más impresionantes de España

La historia del lago de As Pontes comenzó tras el cierre de la explotación minera en 2007. El enorme hueco dejado por la extracción de carbón fue sometido a un ambicioso proceso de recuperación ecológica que demandó cuatro años de trabajo y millones de litros de agua provenientes de la lluvia y de los afluentes del río Eume.

El resultado fue impactante: nació el lago artificial más grande de Europa. Sus dimensiones impresionan incluso desde el aire: tiene 5 kilómetros de largo, 2 de ancho, 18 kilómetros de perímetro y alcanza una profundidad máxima de 222 metros.

Además, para completar la recuperación del entorno, se utilizaron unas 90.000 toneladas de arena destinadas a crear una playa artificial de casi medio kilómetro de extensión, hoy convertida en uno de los principales atractivos turísticos de la región.

El lago artificial de As Pontes tiene 5 km de largo, 2 de ancho y alcanza una profundidad máxima de 222 metros. Foto: turismo.gal

El contraste visual es uno de los aspectos más llamativos del lugar. Muy cerca del lago se levanta la chimenea de la central térmica de As Pontes, considerada la más alta de Europa, con 365 metros de altura.

Aunque la actividad minera finalizó hace casi dos décadas, la central continúa operativa y forma parte del paisaje industrial que convive con este nuevo entorno natural. Esa combinación entre pasado energético y recuperación ambiental convirtió a As Pontes en un caso estudiado por especialistas en sostenibilidad y rehabilitación de espacios degradados.

As Pontes: el pueblo de Galicia que transformó una mina de carbón en un colosal río artificial

Con una temperatura promedio del agua cercana a los 22 grados durante buena parte del año, el lago se consolidó como un espacio ideal para el ocio y los deportes náuticos. Kayak, natación, paddle surf y vela son algunas de las actividades elegidas por quienes visitan la zona.

La playa artificial obtuvo la Bandera Azul, reconocimiento internacional que distingue la calidad ambiental y los servicios de los espacios costeros. Se trata de uno de los primeros arenales interiores en recibir esa certificación.

La playa artificial obtuvo la Bandera Azul, que distingue la calidad ambiental y los servicios de los espacios costeros. Foto: turismo.gal

El entorno también incluye dos islas artificiales diseñadas para favorecer la recuperación de flora y fauna, además de una reserva ornitológica en la zona noroeste del lago, donde se realizan actividades de observación de aves.

Más allá del lago, As Pontes forma parte del área de influencia de las Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa. Este parque natural alberga más de 170 especies de flora y fauna y ofrece paisajes dominados por la vegetación exuberante y el curso del río Eume.

Las rutas de senderismo, miradores y áreas recreativas completan una propuesta turística que combina historia, naturaleza y recuperación ambiental. Lo que alguna vez fue una gigantesca mina de carbón es hoy una inesperada postal de Galicia y un símbolo de cómo un territorio puede reinventarse sin borrar su pasado.