
El caso ocurrió en Oklahoma, Estados Unidos, durante la noche de Año Nuevo de 2011 y tuvo como protagonista a Sarah McKinley, una joven de 18 años que estaba sola en su casa junto a su bebé de apenas tres meses. Mientras dos hombres intentaban entrar a la vivienda, la mujer llamó al 911 y preguntó si podía disparar si alguno de ellos lograba ingresar.
La situación se produjo pocos días después de la muerte de su esposo, quien había fallecido de cáncer de pulmón el 25 de diciembre de 2011. Según las investigaciones policiales, los intrusos habrían buscado medicamentos recetados que podían haber quedado en la casa tras el tratamiento del hombre.

Qué pasó la noche en que Sarah McKinley llamó al 911
El 31 de diciembre de 2011, Justin Shane Martin, de 24 años, y Dustin Louis Stewart, de 29, llegaron hasta la vivienda de McKinley, ubicada en Blanchard, Oklahoma. Martin llevaba un cuchillo de caza de aproximadamente 30 centímetros y, junto con Stewart, intentó ingresar a la casa.
Ante la situación, McKinley colocó un sillón contra una de las puertas para dificultar el ingreso, tomó una escopeta calibre 12 y una pistola, se quedó junto a su bebé y llamó a emergencias.
La conversación con el operador del 911 duró aproximadamente 21 minutos y posteriormente fue difundida públicamente. Durante la llamada, la joven explicó que estaba sola con su hijo y formuló una pregunta que se convirtió en el elemento más recordado del caso: “Tengo dos armas en la mano. ¿Está bien si le disparo si entra por esta puerta? Estoy sola con mi bebé”.
La operadora respondió: “Bueno, tienes que hacer lo que puedas para protegerte. No puedo decirte que puedes hacer eso, pero haz lo que tengas que hacer para proteger a tu bebé”.
El momento en que el intruso entró a la casa
McKinley permaneció dentro de la vivienda mientras los hombres intentaban ingresar. Según los reportes policiales, la pareja estuvo alrededor de 20 minutos intentando forzar la entrada.

Finalmente, Martin logró atravesar la puerta y entró en la casa con el cuchillo. En ese momento, McKinley disparó una vez con la escopeta y lo alcanzó en la parte superior del torso. Martin murió en el lugar, y los investigadores encontraron el cuchillo en su mano.
Stewart huyó de la escena después del disparo y posteriormente se entregó a la Policía. Según documentos judiciales citados por medios estadounidenses, los investigadores consideraban que ambos hombres podían haber estado buscando analgésicos recetados que quedaran en la vivienda.
¿Sarah McKinley fue condenada por matar al intruso?
La respuesta es no. Sarah McKinley no fue condenada ni recibió una pena de prisión por la muerte de Justin Martin.
Tras investigar lo ocurrido, las autoridades de Oklahoma determinaron que la joven había actuado dentro de los parámetros de la legítima defensa y decidieron no presentar cargos criminales en su contra. El fiscal adjunto James Walters sostuvo que la revisión inicial del caso no mostraba que McKinley hubiera violado la ley.

La Policía también consideró que el uso de la fuerza letal estaba justificado debido al ingreso del hombre armado a la vivienda. El detective Dan Huff, del Departamento de Policía de Blanchard, explicó: “Está permitido dispararle a una persona no autorizada que se encuentre dentro de tu casa. La ley te otorga ese recurso y autoriza el uso de la fuerza letal”.
Por eso, ante la pregunta de qué pena recibió Sarah McKinley, la respuesta es que no recibió ninguna: no fue acusada penalmente por el homicidio.
Qué pasó con el cómplice del hombre que murió
El caso tuvo una segunda derivación judicial. Dustin Stewart, señalado como cómplice de Martin, fue acusado de homicidio en primer grado pese a que no había sido quien disparó.
La explicación estaba vinculada a la denominada regla de felony murder: según los fiscales, si una persona participa en un delito grave y durante su desarrollo se produce una muerte, puede ser responsabilizada penalmente por ese fallecimiento. En este caso, el delito subyacente era el ingreso ilegal a la vivienda.

Stewart incluso llamó al 911 después de escapar y dijo que creía que su amigo había sido baleado. Posteriormente quedó detenido y fue acusado por su participación en el hecho.
El caso de legítima defensa que generó repercusión en Estados Unidos
El episodio tuvo una amplia repercusión en Estados Unidos por la particularidad de la llamada al 911 y por la situación en la que se encontraba la joven: había perdido a su esposo apenas días antes y estaba sola con su bebé cuando los intrusos intentaron entrar a su vivienda.
Después del episodio, McKinley explicó que no quería matar a nadie, pero que tomó la decisión para proteger a su hijo. En declaraciones difundidas por ABC News, expresó: “No lo habría hecho, pero se trataba de mi hijo. No es una decisión fácil de tomar, pero era él o mi hijo. Y no iba a ser mi hijo. No hay nada más peligroso que una mujer con un hijo”.
El caso quedó así como un ejemplo muy citado en Estados Unidos al hablar de legítima defensa dentro del hogar, especialmente por la evidencia que aportó la llamada de emergencia y por la decisión posterior de las autoridades de no presentar cargos contra la joven.




















