Por qué los diputados y senadores no pueden leer sus discursos en el Congreso: qué dice el reglamento
En un contexto marcado por la intensa agenda legislativa que hubo durante el periodo de sesiones extraordinarias de febrero 2026 a poco de la apertura de las ordinarias en marzo, hay una regla clara en ambas Cámaras: los diputados y senadores no pueden leer sus discursos. Por qué y cómo funciona el uso de la palabra.

En el Congreso de la Nación existe una regla para la dinámica parlamentaria: los senadores y diputados no pueden leer de manera permanente sus exposiciones cuando hacen uso de la palabra en el recinto. La disposición no es informal ni una cuestión de estilo político, sino que está contemplada en los reglamentos internos de ambas Cámaras y responde a una lógica histórica vinculada al funcionamiento del debate legislativo.
Tanto el reglamento de la Cámara de Diputados como el del Senado establecen que los oradores deben expresarse de forma verbal y directa, pudiendo recurrir solo a apuntes o notas como apoyo. La lectura íntegra de discursos está restringida porque se considera contraria a la naturaleza del debate parlamentario, que exige intercambio, réplicas y capacidad de síntesis en tiempo real. El objetivo es evitar exposiciones rígidas, extensas y sin interacción con el resto del cuerpo.

La prohibición de leer discursos en el Congreso no surge de la Constitución Nacional, sino de los reglamentos internos de cada Cámara, facultad que tienen en virtud del artículo 66 de la Carta Magna. En la Cámara de Diputados, está fijada en el artículo 164; y en la Cámara de Senadores, en el artículo 203, donde se establece que los legisladores deben dirigirse al cuerpo sin leer textos completos y solo pueden apoyarse en apuntes.
Por qué los diputados y senadores no pueden leer: qué dice la normativa
Las normas de funcionamiento indican que el legislador que tiene la palabra no debe leer discursos escritos, salvo excepciones puntuales, como por ejemplo, informes, citas textuales o documentos oficiales. En Diputados, esta regla está vinculada al artículo que regula el uso de la palabra y la duración de las intervenciones; mientras que en el Senado aparece en términos similares dentro del capítulo dedicado al desarrollo de las sesiones. La Presidencia de la Cámara es la encargada de hacer cumplir esa disposición y puede llamar al orden si se la incumple.
Por qué existe esta prohibición en las Cámaras de Diputados y Senadores
La tradición parlamentaria argentina, heredada de los modelos europeos, entiende el recinto como un ámbito de deliberación y confrontación de ideas, no como un espacio de lectura de discursos previamente cerrados. La exposición oral permite interrupciones reglamentarias, pedidos de aclaración y respuestas inmediatas, elementos que forman parte del proceso legislativo. Además, evita que las intervenciones se extiendan más allá de los tiempos establecidos para cada bloque o legislador.
Las excepciones y la práctica real de diputados y senadores
Aunque la regla sigue vigente, en la práctica muchos legisladores leen fragmentos de sus intervenciones o siguen un texto preparado, especialmente en debates complejos o durante sesiones extensas. Esto suele tolerarse mientras no se convierta en una lectura continua y mientras se respeten los tiempos asignados. También está permitido leer proyectos de ley, dictámenes de comisión, citas textuales o comunicaciones formales.
Además, la limitación a la lectura completa de discursos no solo responde a una tradición institucional, sino que es una herramienta para ordenar el desarrollo de las sesiones, garantizar la equidad en el uso de la palabra y evitar que el debate se vuelva interminable. En un contexto en el que cada intervención tiene un tiempo determinado, la exposición oral obliga a la síntesis y facilita la dinámica parlamentaria.













