Desconocida por los turistas: la isla escondida del sur de Italia que sorprende con casas pintorescas y paisajes soñados

Italia es reconocida como uno de los destinos más deseados para los turistas: cada año, millones de visitantes recorren sus ciudades históricas y paisajes emblemáticos. Sin embargo, más allá de los circuitos clásicos, existen lugares que conservan su esencia intacta y ofrecen al viajero una experiencia más serena y auténtica.
Uno de ellos es Procida, una isla pequeña y pintoresca situada en la bahía de Nápoles, que en los últimos años comenzó a ganar notoriedad como alternativa a los típicos destinos italianos.

Entre el golfo de Nápoles y el Mediterráneo: la isla que enamora y está libre de multitudes
Con una extensión de apenas 16 kilómetros y origen volcánico, Procida encierra una riqueza cultural y natural difícil de igualar. La isla se divide en nueve barrios, cada uno con identidad propia: desde Terra Murata, el distrito más antiguo con sus fortificaciones medievales, hasta Marina Corricella, el puerto pesquero famoso por su postal de casas multicolores. El islote de Vivara, unido por un puente, completa este mosaico de escenarios únicos.
La llegada a Marina Grande, principal punto de entrada, anticipa el encanto local. Sus fachadas en tonos pastel, los comercios artesanales y la vida tranquila de sus habitantes introducen al visitante en un ambiente donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Entre los atractivos se encuentra el Palazzo Montefusco, del siglo XII, antigua residencia real, y la iglesia de Santa Maria della Pietà.
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El recorrido cultural incluye también la abadía de San Michele, el Palacio de Avalos y el santuario de Santa Maria delle Grazie, todos con impresionantes vistas hacia el golfo de Nápoles. Por su parte, Corricella se convierte en una parada obligatoria para quienes buscan capturar la postal más icónica de Procida, con un paseo marítimo que mantiene intacta su atmósfera marinera.
Pero si algo distingue a la isla son sus playas. Pozzo Vecchio, célebre por su belleza, se suma a opciones como Chiaia, de difícil acceso pero de aguas cristalinas, y Chiaiolella, la más extensa y popular entre turistas y locales. Estos rincones permiten disfrutar de la calma mediterránea sin las aglomeraciones de otros destinos italianos.
El acceso a Procida es sencillo: los ferris y aliscafos que parten desde Nápoles y Pozzuoli, en trayectos que van de 35 a 60 minutos, conectan a los visitantes con este paraíso. Las navieras Caremar, Snav y Medmar ofrecen servicios regulares, lo que facilita combinar la visita con otros puntos de la región.
Así, Procida se posiciona como un destino que mezcla historia, tradición y naturaleza en un espacio reducido, ideal para quienes buscan descubrir una faceta distinta de Italia. Es una isla que, aunque sea menos famosa que Capri o Ischia, invita a ser explorada con calma y le promete al viajero un recuerdo imborrable.