Tres barrios ocultos de CABA: rincones poco conocidos ideales para perderse entre sus callecitas
Al recorrerlos, es imposible no sorprenderse con la mezcla de estilos arquitectónicos, muchos de ellos con marcada influencia británica. Todos comparten una belleza silenciosa que se refleja en casas pintorescas y en calles que invitan a caminar sin prisa.

La Ciudad de Buenos Aires tiene rincones únicos que enamoran a quienes los visitan. Si bien algunos son ampliamente conocidos, existen otros menos transitados y algo misteriosos, que invitan a perderse caminando por sus calles. Entre ellos se destacan tres barrios llenos de encanto e historia.
Todos estos lugares tienen algo en común: una belleza silenciosa que se expresa en sus casas pintorescas y en calles que invitan a caminar sin prisa, convirtiéndolos en espacios ideales para descubrir con calma.
Al recorrerlos es imposible no maravillarse con la mezcla de estilos arquitectónicos, algunos con una fuerte influencia británica. En aquellas casas centenarias predominan ladrillos, chimeneas y tejados a dos aguas que parecen sacados de una postal europea.
Tres barrios ocultos para conocer en Buenos Aires
1- Barrio Inglés, Caballito
El Barrio Inglés de Caballito es un enclave residencial que evoca las típicas postales de Londres. Construido en 1920, este sector del barrio porteño fue proyectado con un estilo anglosajón que aún se mantiene vigente, convirtiéndose en un paseo imperdible para quienes buscan algo distinto dentro de la ciudad.

Delimitado por las calles Pedro Goyena, Valle, Emilio Mitre y Del Barco Centenera, este sector alberga viviendas diseñadas por los arquitectos Eduardo Lanús, Coni Molina y Pedro Vinent.
Las casas en espejo, con fachadas de ladrillo, techos de tejas y detalles Tudor o georgianos, crean un escenario que remite a barrios como Notting Hill, en Londres. Es un lugar ideal para caminar tranquilo, sacar fotografías y disfrutar de la paz de sus calles arboladas.
Cabe destacar que este barrio no figura oficialmente entre los 48 barrios de la Ciudad de Buenos Aires, sino que forma parte del barrio de Caballito.

2- Parque Chas
Se trata del barrio más joven de la Ciudad de Buenos Aires, que obtuvo su reconocimiento oficial el 6 de diciembre de 2005, cuando la Legislatura porteña lo incorporó formalmente como el barrio número 48.
Su nombre es un homenaje a la familia Chas, antigua propietaria de las tierras, mientras que muchas de sus calles llevan nombres de ciudades emblemáticas del mundo, como Ginebra, Moscú o Bucarest, un rasgo que refuerza su identidad singular.

La historia de Parque Chas se remonta a casi cien años atrás. Durante la década de 1920, la familia Chas vendió una extensa fracción de terrenos que originalmente formaban parte del barrio de Agronomía, lo que dio inicio a un desarrollo urbano progresivo. Con el tiempo, el crecimiento de la zona y su particular fisonomía impulsaron su separación y posterior reconocimiento como barrio independiente.
Uno de los aspectos más distintivos de Parque Chas es su trazado urbano, que combina influencias del urbanismo inglés con el tradicional amanzanamiento ortogonal. El diseño, a cargo de los ingenieros Frehner y Guerrico, integra calles rectas con otras de disposición circular y radiocéntrica, dando forma a un entramado único que lo diferencia del resto de la ciudad y alimenta su fama de barrio laberinto.
3- Barrio Rawson, Agronomía
A pocas cuadras de la Avenida San Martín, en la Ciudad de Buenos Aires, hay un rincón que parece detenido en el tiempo. Se trata del Barrio Rawson, un lugar poco conocido que guarda un secreto literario: fue hogar de Julio Cortázar.
Este barrio de trazado triangular limita con la Facultad de Agronomía de la UBA, lo que le aporta amplias áreas verdes y aire puro. Sus calles curvas, chalets y edificios de estilo inglés se mantienen en estado original, con techos de tejas y jardines llenos de flores, conservando esa atmósfera especial que lo hace único.

La esencia del escritor está presente en cada rincón de la zona residencial, desde la rayuela dibujada sobre el cemento frente a la que fue su casa, pasando por el único bar que hay en la zona, con el nombre “Rayuela”, y hasta tiene una calle con su nombre.
Entre sus particularidades, los gatos vigilan sus calles con calma y presencia, como silenciosos guardianes del barrio. En el centro, una pequeña plaza ofrece tranquilidad absoluta, ideal para relajarse o buscar inspiración.

Con apenas 13 manzanas y sin ser un barrio reconocido oficialmente, es un lugar ideal para caminar sin apuro, respirar aire puro y dejarse llevar por la inspiración. Sus pintorescas casas de estilo inglés invitan a viajar en el tiempo y el espacio, como si de pronto uno aterrizara en otra ciudad, en otro siglo.


















