La historia de Martyn Clarke, el futbolista de las Islas Malvinas que se probó en Boca y tuvo un trágico final
Su vida estuvo marcada por una guerra en la que no participó. Cómo llegó a comer con Diego Maradona, casi fue dirigido por Carlos Bianchi y terminó siendo tildado de traidor por sus propios amigos.

Las guerras no solo dejan secuelas en quienes participan en el campo de batalla, sino que también afecta a las familias y descendencias de los combatientes. Así le pasó a Martyn Gilson-Clarke, que si bien nació dos años antes de que estallara el conflicto en las Islas Malvinas, su conexión con Argentina y el pasado de su nación lo llevaron a un trágico final.
Pero la historia de este futbolista malvinense pudo haber sido totalmente distinta. Una de las épocas más gloriosas de Boca Juniors tuvo como protagonistas a Mauricio Macri como presidente y Carlos Bianchi como entrenador: debido al creciente éxito, ambos se podían dar el lujo de llevar a cabo contrataciones “extrañas” de futbolistas extranjeros, las cuales servían -junto a las conquistas deportivas- para expandir la marca del club. Ahí es donde entra Gilson-Clarke

La historia del futbolista malvinense que se probó en Boca
Martyn Gilson-Clarke nació el 27 de abril de 1980 en la ciudad inglesa de Plymouth, pero fue criado en Puerto Argentino y siempre se definió como isleño, ya que su nacimiento en el Reino Unido se debió a la falta de infraestructura hospitalarias en las Islas. Hijo de Julie, encargada de un pub en las Malvinas; y Robert, veterano británico de la Guerra de 1982, tenía el sueño de ser futbolista profesional.
Martyn se destacaba en el Globe Tavern de la Falkland Islands Football League, la principal liga de las Islas. En 1999, con apenas 19 años, viajó a Buenos Aires para probar surte.
Su llegada a la Argentina se dio porque su habilidad en el torneo malvinense captó la atención de Esteban Cichello Hübner, profesor de Lingüística de Oxford que en 1995 llevó a Diego Armando Maradona a la prestigiosa Universidad y que le consiguió a Gilson-Clarke una prueba en Boca.

Con la herida de la guerra todavía abierta (como lo estará siempre), el entrenamiento del joven malvinense en Casa Amarilla causó un revuelo mediático absoluto, y la práctica no sólo fue cubierta por la televisión argentina, sino también por medios británicos.
Sin miedo al éxito, lanzó una declaración que quedó marcada para siempre: “Me veo parecido a (Martín) Palermo. Sólo un poco, nada más. No soy tan bueno como él, pero soy fuerte, uso bien el cuerpo y tengo un buen cabezazo”. También supo ganarse a los hinchas, asegurando que ”todos los días sueño con jugar en La Bombonera“.
Así, la expectativa en torno al “Palermo malvinense” era total. Pero el destino le tenía preparado otro camino. Si bien llegó a entrenar bajo la mirada de Carlos Bianchi, una distensión en el muslo de la pierna derecha lo alejó varios días de las prácticas y le puso fin a su estadía en La Boca, pese a que pidió tiempo para “ganar ritmo y demostrar” sus cualidades como jugador.
De todas maneras, Clarke conoció a Maradona, vio los partidos ante Independiente y Argentinos en La Bombonera en el mítico palco del “10” y hasta salió a comer con Diego: “Lo invitó a comer pizza. Le daba el teléfono móvil de él para que hablara con su mamá, que estaba en las Islas", señaló Cichello en aquel entonces.

Martyn Clarke, de promesa a “traidor”
Pese a no quedar en el conjunto azul y oro, Martyn decidido insistir en el fútbol argentino. Se probó en El Porvenir y Defensores de Belgrano, pero no tuvo suerte y lo que parecía ser un “intento de acercamiento” entre países tras la guerra de 1982 terminó de la peor manera.
El joven decidió regresar a Puerto Argentino, pero se encontró con un panorama adverso: no fue bien recibido por los isleños, quienes consideraron que se había prestado a una “campaña de propaganda” argentina y hasta llegaron a señalarlo como traidor.
Un ejemplo de ello fueron las declaraciones de Patrick Watts, por entonces director técnico de la Selección malvinense, que calificó la travesía de Clarke en el fútbol argentino como un “ejercicio de propaganda orquestado por su madre”, provocando que sus compañeros también corten relación con el futbolista.

La carrera fugaz de Martyn Clarke, el “Palermo malvinense”
Su carrera futbolística no estuvo marcada por grandes éxitos. Emigró a Estados Unidos, donde jugó en el Connecticut Wolves de la USL First Dividision -por aquel entonces la Segunda División-. Entre 2002 y 2004 vistió la camiseta de Brenwood Town, club de las categorías regionales del fútbol inglés.
Después de limar asperezas, Martyn volvió a la Selección de las Islas Malvinas, con la cual participó en en los Juegos de las Islas de 2005, 2009, 2011 y 2013 y hasta se dio el lujo de marcar goles ante Saarema (Estonia), Åland (Finlandia) y Frøya (Noruega).
El trágico final de Martyn Clarke
El 22 de diciembre de 2022 llegó el punto final de la historia del pibe inglés que soñaba con jugar en La Bombonera: Martyn Gilson-Clarke se quitó la vida en las Islas Malvinas.

El anuncio se dio a conocer de la mano de Noticias Argentinas. Antes de su muerte, un periodista de la agencia se había comunicado con el exfutbolista de 42 años para hacer una nota: “Me gustaría hablar, pero necesito tiempo para poder darte una entrevista verdadera y profunda, que es lo que necesito para mi propia tranquilidad. Tendrás suerte porque nadie sabe la verdad sobre todas mis experiencias con el fútbol y en las Falklands (Malvinas) y siento que necesito contar mi punto de vista", respondió en aquel entonces, dejando abierta la puerta de un relato que finalmente nunca llegó.
“Hola, soy Dustin, el hermano de Martyn. Hemos tenido un momento muy difícil este último mes: Martyn falleció el mes pasado. Crecimos juntos y yo estaba allí cuando se fue a Argentina. Todos estamos con el corazón roto", fue el siguiente mensaje que recibió NA.

El suicidio del Clarke conmocionó a las Islas Malvinas. El 31 de diciembre, antes de que se dispute la “Copa Harry Ford”, en Puerto Argentino, hubo un minuto de silencio en su memoria. Además, su golpeada familia lo despidió escribiendo su nombre en la fría arena del que fue su hogar, dejando que las olas se lleven a lo más profundo del océano ese “punto de vista” que quería revelar y que podría haber explicado el fracaso de un traspaso que no fue.













