una voz emblema de Jesús María
una voz emblema de Jesús María Foto: La Voz

El folklore argentino atraviesa días de profundo dolor tras conocerse la muerte de Rosel Saturnino Moyano, una figura clave en los orígenes del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María. A los 93 años, se fue mucho más que un músico: partió uno de los testigos directos del nacimiento de una de las celebraciones culturales más importantes de América Latina.

La noticia generó un fuerte impacto en el ambiente artístico y en la comunidad de Jesús María, donde Moyano es recordado no solo por su talento vocal, sino también por su compromiso permanente con las raíces y la identidad popular.

Una voz que estuvo en el inicio de toda una historia

Rosel Saturnino Moyano integró el recordado grupo “Ecos del Cerro”, una formación fundamental en los albores del festival. Junto a otros músicos pioneros, fue protagonista de la primera edición del evento en 1966, cuando el escenario apenas comenzaba a consolidarse como punto de encuentro del folklore nacional.

Aquella presentación inicial marcó el inicio de un camino que transformaría a Jesús María en un símbolo cultural del país. Moyano fue, desde entonces, una referencia indiscutida de esa etapa fundacional, cuando la música y la tradición se transmitían de generación en generación sin más pretensión que mantener viva la identidad criolla.

El regreso que selló el vínculo con el festival

Décadas después de aquel debut histórico, Ecos del Cerro volvió a pisar el escenario en la edición número 30 del festival, reafirmando un lazo que nunca se rompió. Para el público y para los organizadores, aquella aparición fue un homenaje en vida a quienes ayudaron a construir la mística del evento desde sus cimientos.

Ese regreso no fue solo musical: fue un acto cargado de memoria, emoción y reconocimiento a una trayectoria que se mantuvo fiel a las tradiciones del folklore argentino.

Murió Rosel Saturnino Moyano Foto: La Voz

Más allá del escenario: el legado cultural

La figura de Moyano trascendió largamente lo artístico. Su aporte estuvo ligado a la construcción de una identidad folklórica local, en tiempos en los que el festival aún buscaba su lugar en el mapa cultural nacional. Su voz y su presencia ayudaron a moldear un evento que hoy convoca a cientos de miles de personas cada verano y es referencia obligada del calendario cultural argentino.

Quienes lo conocieron destacan su humildad, su respeto por las tradiciones y su rol como guía silenciosa para músicos jóvenes que encontraron en él un ejemplo de coherencia artística y compromiso cultural.

El último adiós en Agua de Oro

Los restos de Rosel Saturnino Moyano fueron despedidos en Agua de Oro, localidad donde familiares, amigos y vecinos se reunieron para rendirle homenaje y acompañar a sus seres queridos. El adiós estuvo marcado por el respeto y la gratitud hacia un hombre que dedicó su vida a la música popular y al folklore.

La comunidad artística expresó su pesar y coincidió en que su partida deja un vacío difícil de llenar, especialmente entre quienes valoran la historia viva del festival.

Un nombre que queda grabado en la memoria del folklore

Aunque su voz se haya apagado, Rosel Saturnino Moyano seguirá presente en la memoria colectiva del Festival de Jesús María y en la historia grande del folklore argentino. Su nombre está ligado para siempre a los inicios de una fiesta que hoy es orgullo nacional.

En cada edición futura, cuando suenen las guitarras y el público celebre la tradición, también resonará —aunque sea en silencio— el legado de quienes estuvieron allí desde el primer día.