Cómo cocinar remolacha
Cómo cocinar remolacha Foto: Foto generada con IA

Durante años, la mayoría de las personas ha preparado la remolacha de la misma manera: hervida en agua hasta que esté tierna. Aunque este método es práctico, tiene un problema importante: gran parte de sus nutrientes, color y sabor terminan diluyéndose en el agua de cocción. Por eso, cada vez más cocineros y nutricionistas recomiendan un método que no solo preserva sus propiedades, sino que además transforma su sabor por completo: asar la remolacha.

Esta técnica, simple y al alcance de cualquiera, logra que la remolacha libere sus azúcares naturales, intensifique su color y mantenga intacta su textura jugosa. Si querés disfrutarla al máximo, esta es la forma definitiva de prepararla.

Remolacha
Remolacha

Remolacha asada: el método definitivo para mantener intactos sus nutrientes

Cuando la remolacha se hierve, una parte importante de vitaminas hidrosolubles —como la C y ciertas del grupo B— pasan al agua. También se pierde una fracción de minerales y antioxidantes, además de su característico sabor dulce.

El horneado, en cambio, actúa como una especie de “cocción sellada”:

  • Conserva los nutrientes, ya que no hay agua que los arrastre.
  • Concentra el sabor, resaltando sus notas dulces naturales.
  • Mantiene la textura, logrando un interior firme pero tierno.
  • Potencia el color, gracias al calor seco que cuida los pigmentos como las betalaínas.

Además, la remolacha asada tiene múltiples beneficios: ayuda a mejorar la circulación, aporta fibra, antioxidantes y es una excelente opción para ensaladas, guarniciones, hummus o snacks saludables.

Jugo de remolacha. Foto: Freepik.

Paso a paso: la técnica exacta para asar remolachas en casa

La buena noticia es que asar remolachas es extremadamente fácil. No hace falta ser experto, ni tener utensilios especiales. Solo necesitás un horno y unos minutos de preparación.

1. Elegí remolachas firmes y de tamaño parejo

Cuanto más frescas, mejor. Las de tamaño similar aseguran una cocción uniforme.

2. Lávalas bien sin quitar la piel

La piel actúa como protección natural durante el horneado y conserva la humedad interna.

3. Secalas y envuélvelas en papel aluminio

Este paso es clave: el papel crea un microambiente de vapor que cocina la remolacha de forma pareja sin resecarla.

4. Añadí un chorrito de aceite y una pizca de sal

Directamente sobre la remolacha, antes de cerrarla en el papel. Aporta sabor y ayuda a intensificar el color.

5. Horneá a 180–200°C durante 45 a 60 minutos

El tiempo varía según el tamaño, pero estarán listas cuando puedas pincharlas fácilmente con un cuchillo.

6. Dejá enfriar y pelá con las manos

La piel saldrá casi sola, sin esfuerzo.

7. Usalas como quieras

Cortadas en cubos para ensaladas, procesadas para dips, o simplemente solas con un toque de limón y aceite.