De la independencia bajo protectorado hasta el bloqueo, la conflictiva relación entre Estados Unidos y Cuba que “está a punto de caer”
La historia de los vínculos entre Cuba y Estados Unidos está marcada por ciclos de confrontación, desconfianza y breves aperturas, reflejando disputas bilaterales y los cambios en el escenario internacional a lo largo de los años. Ahora, parece ser el próximo objetivo de Donald Trump tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela.
En un contexto marcado por un Donald Trump convencido de que Cuba está “a punto de caer”, argumentando que su economía está en ruinas y que ya no tendrá acceso al petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro, los ojos del mundo se posaron sobre la isla caribeña y su histórica relación conflictiva con Estados Unidos.
La situación actual, marcada por el bloqueo económico estadounidense que data de la década de 1960, la pérdida del apoyo petrolero venezolano y las crecientes tensiones diplomáticas tras la operación en Venezuela, coloca a La Habana en un momento delicado de su historia política y económica.
En medio de estas presiones externas, la isla insiste en defender su modelo de gobierno y su autonomía, mientras que Washington adopta una postura cada vez más agresiva que amplifica las divisiones entre ambos países.
Los idas y vueltas entre Cuba y Estados Unidos a lo largo de la historia
La historia de Cuba y Estados Unidos está marcada por una relación compleja que va desde el interés estadounidense por la isla en el siglo XIX hasta la intervención militar en 1898, la independencia bajo protectorado y, tras la Revolución de 1959, la hostilidad, el embargo económico y la crisis de los misiles, convirtiéndose en un símbolo de la Guerra Fría y la lucha por la soberanía cubana frente a la influencia de los norteamericanos.
El interés de Estados Unidos por Cuba inició en el siglo XIX
El interés estadounidense en la isla inició cuando esta todavía era colonia española, pero ya ocupaba un lugar estratégico clave en el Caribe. Su cercanía geográfica, su posición en las rutas comerciales y su producción azucarera despertaron tempranamente el interés de Washington, que veía a Cuba como una pieza fundamental para su proyección regional y seguridad.
A lo largo de ese siglo, distintos gobiernos estadounidenses evaluaron incluso la posibilidad de comprar la isla a España. La llamada teoría de la “fruta madura”, atribuida al entonces secretario de Estado John Quincy Adams, sostenía que Cuba terminaría cayendo “por su propio peso” en la órbita estadounidense una vez debilitado el dominio español. Ese interés se combinó con una creciente influencia económica, especialmente en el sector azucarero.
Sin embargo, el punto de quiebre llegó en 1898 con la Guerra Hispano-Estadounidense. Tras intervenir en el conflicto entre Cuba y España, Estados Unidos derrotó a la potencia europea y ocupó militarmente la isla. Aunque Cuba logró formalmente su independencia en 1902, lo hizo bajo fuertes condicionamientos impuestos por Washington. Uno de ellos fue la Enmienda Platt, que le otorgó el derecho al gobierno estadounidense de intervenir militarmente en Cuba y controlar sus finanzas y política exterior, además de garantizarle la cesión de la base naval de Guantánamo.
Durante la primera mitad del siglo XX, la relación estuvo marcada por una fuerte dependencia política y económica de La Habana respecto de Washington. Empresas estadounidenses controlaban sectores clave de la economía cubana, mientras que distintos gobiernos locales contaron con el respaldo directo o indirecto de Estados Unidos, incluso en contextos autoritarios, como el de Fulgencio Batista. En sí, Cuba era un protectorado estadounidense, lo que limitaba severamente su soberanía y establecía un modelo neocolonial, generando gran rechazo en el pueblo cubano.
La llegada de Fidel Castro al poder, un detonante en la relación entre Estados Unidos y Cuba
El esquema imperante desde principios del siglo XX se rompió abruptamente con la Revolución Cubana de 1959. El triunfo de Fidel Castro y el giro socialista del nuevo gobierno provocaron una rápida escalada de tensiones. La nacionalización de empresas estadounidenses, la ruptura de relaciones diplomáticas y la imposición del embargo económico consolidaron un enfrentamiento que se profundizó con la alianza de Cuba con la Unión Soviética.
El momento de mayor tensión se produjo en 1962, con la Crisis de los Misiles, cuando la instalación de armamento nuclear soviético en la isla colocó al mundo al borde de una guerra nuclear. Desde entonces, Cuba quedó convertida en un símbolo central de la Guerra Fría en el hemisferio occidental.

Tras el fin del bloque soviético, la relación atravesó distintos intentos de acercamiento y retrocesos, sin lograr una normalización plena. Los gestos de distensión, como el restablecimiento de relaciones diplomáticas durante el gobierno de Barack Obama, convivieron con nuevas sanciones y un endurecimiento del bloqueo económico, que persiste desde 1962.
El bloqueo económico de Estados Unidos sobre Cuba
El bloqueo económico de Estados Unidos sobre Cuba es un conjunto de sanciones comerciales, financieras y económicas impuesto desde 1962, durante el gobierno de John F. Kennedy, con el objetivo declarado de presionar al gobierno cubano tras el triunfo de la Revolución de 1959. El país norteamericano buscaba influir sobre el rumbo político y económico de Cuba mediante la presión económica: documentos oficiales estadounidenses de la época establecieron que el aislamiento financiero y comercial debía provocar “hambre, desesperación y el colapso del gobierno” para generar descontento social y propiciar el derrocamiento.
Es por eso que el bloqueo no se limita a prohibir el intercambio directo entre ambos países. Con el paso de los años, se fue ampliando y endureciendo a través de distintas leyes, como la Ley Torricelli (1992) y la Ley Helms-Burton (1996), que le dieron un carácter extraterritorial. Esto significa que también puede sancionar a empresas y bancos de terceros países que comercien o inviertan en Cuba, lo que dificulta el acceso del país a financiamiento internacional, tecnología, insumos y mercados.
En la práctica, el bloqueo afecta áreas clave como la importación de alimentos, medicamentos, combustible y equipamiento industrial, al encarecer costos, limitar proveedores y obstaculizar operaciones financieras. Aunque existen excepciones humanitarias, Cuba sostiene que las restricciones bancarias y logísticas impiden que esas flexibilizaciones se traduzcan en un acceso real y fluido.
Desde el punto de vista estadounidense, el embargo se justifica como una herramienta de presión política para promover cambios democráticos y el respeto a los derechos humanos en la isla. Para el gobierno cubano, en cambio, se trata de un acto de agresión económica que busca asfixiar al país y condicionar su soberanía. Incluso, el bloqueo fue objeto de reiteradas condenas en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde año tras año una amplia mayoría de países vota a favor de su levantamiento. Sin embargo, la política se mantiene vigente, con períodos de mayor flexibilización y otros de endurecimiento, dependiendo del gobierno de turno en Washington.











