Un escenario posible dentro de la monarquía española: cómo sería la renuncia de la princesa Leonor.
Un escenario posible dentro de la monarquía española: cómo sería la renuncia de la princesa Leonor. Foto: Instagram / casareal.es.

La princesa Leonor creció bajo la certeza de un destino que ya estaba escrito: convertirse en reina de España. Desde su infancia, su formación estuvo orientada a asumir la jefatura del Estado y la Corona, un rol con responsabilidad institucional y exposición pública permanente.

Sin embargo, detrás de ese camino aparentemente inevitable, existe una posibilidad tan poco mencionada como probable: que la heredera decida, por voluntad propia, no ocupar el trono.

La princesa Leonor juró la Constitución. Foto: Reuters
Un escenario posible dentro de la monarquía española: cómo sería la renuncia de la princesa Leonor.

Aunque resulte incómodo para la tradición monárquica, la Constitución española contempla este escenario. No se trata de una especulación mediática ni mucho menos, sino de un mecanismo legal diseñado para preservar la estabilidad del sistema en cualquier circunstancia.

¿Qué pasaría si Leonor decide no ser reina de España?: el protocolo oficial

Leonor de Borbón, hija del rey Felipe VI y de la reina Letizia, dio pasos clave en su consolidación como heredera. Tras cumplir la mayoría de edad el 31 de octubre de 2023, juró la Constitución ante las Cortes Generales y comenzó una exigente formación militar en los tres ejércitos, requisito histórico para quien está llamado a ser jefe de las Fuerzas Armadas. Su agenda oficial, cada vez más intensa, refuerza la imagen de una futura reina comprometida con su rol.

Leonor, princesa de España. Foto: Instagram
La heredera del trono transita una formación rigurosa que combina estudios académicos de alto nivel, instrucción militar intensiva y una exposición paulatina a las exigencias del protocolo real. Foto: Instagram.

Sin embargo, si la princesa decidiera rechazar el trono en un futuro, el procedimiento sería estrictamente institucional. La renuncia a los derechos sucesorios no puede realizarse de manera privada ni informal: debe ser presentada ante las Cortes Generales y validada mediante una Ley Orgánica. Solo de ese modo tendría validez jurídica y constitucional.

Una vez formalizada la renuncia, la línea de sucesión cambiaría de forma automática. El artículo 57 de la Constitución establece que la heredera al trono pasaría a ser la infanta Sofía, hermana menor de Leonor.

Durante todos estos años, Sofía mantuvo un perfil mucho más bajo, precisamente porque no estaba destinada a reinar. Sin embargo, una eventual renuncia de su hermana la colocaría en el centro de la escena política e institucional, obligándola a iniciar su propia preparación como futura reina de España.

Infanta Sofía de España. Foto: Instagram / infanta_sofia_oficial.
La Infanta Sofía de España, nacida el 29 de abril de 2007, es la hija menor de los reyes Felipe VI y Letizia, ocupando el segundo lugar en la línea de sucesión. Foto: Instagram / infanta_sofia_oficial.

No obstante, el protocolo va aún más lejos. En el caso extremo de que ni Leonor ni Sofía aceptaran el trono, la sucesión continuaría dentro de la familia real. La infanta Elena, hermana mayor del rey Felipe VI, sería la siguiente en el orden, seguida por su hijo Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón. Se trata de escenarios altamente improbables, pero previstos con precisión por el marco constitucional.

La existencia de este “plan B” no pone en duda la continuidad de la monarquía, sino que refuerza su estructura institucional. La prioridad del sistema no es la figura individual, sino evitar vacíos de poder y garantizar la estabilidad del Estado.

Princesa Leonor y el rey Felipe VI Fuente: EFE
Tanto el rey Felipe VI como la princesa Leonor han seguido una formación militar completa en las tres ramas de las Fuerzas Armadas españolas (Tierra, Armada y Aire) como parte de su preparación para sus roles institucionales. Foto: EFE.

Por el momento, nada indica que la princesa Leonor vaya a apartarse del camino que le fue asignado. Su formación, su exposición pública y su rol creciente en la vida institucional española apuntan en sentido contrario. Pero el solo hecho de que la ley contemple la posibilidad de una renuncia deja en claro una verdad incómoda, y es que incluso en la realeza, el destino no siempre está sellado.