Vladímir Putin, un presidente muy religioso: se sumergió en agua helada en la fiesta ortodoxa de Epifanía
El mandatario ruso formó parte de una tradición muy arraigada en el país y el video dio la vuelta al mundo.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, es un creyente confeso. Por eso, tal cual realizó en múltiples ocasiones -incluso durante la pandemia del coronavirus-, se bañó en una pileta gélida con forma de cruz en un ritual por el Bautismo de Cristo.
En un video que fue muy celebrado por los católicos alrededor del mundo, se observa cómo el mandatario ruso, vestido con una malla celeste, entra en una pileta y se sumerge tres veces, persignándose antes de cada inmersión, como reza la tradición ortodoxa.

El hombre de 73 años descendió al agua gélida por una escalera de madera para evitar resbalones y, al salir, se dispuso a calzar unas tradicionales botas de fieltro para soportar el frío.
Putin, un creyente confeso, se da todos los años un baño en un estanque después de asistir a la tradicional misa de Epifanía, una de las festividades más importantes de la Iglesia Ortodoxa.
El Kremlin siempre presume de que el presidente ruso está “absolutamente sano” y tiene una salud de hierro.
Una costumbre religiosa que muchos rusos repiten cada año
Una costumbre religiosa que muchos rusos repiten cada año cobra especial protagonismo durante la celebración de la Epifanía. Desde la madrugada, obispos de la Iglesia Ortodoxa bendicen con crucifijos de plata miles de pozas, estanques, ríos e incluso sectores del mar habilitados para que los fieles puedan cumplir con este rito sagrado.
Siguiendo la tradición, los participantes descienden con cuidado por escaleras de madera y se sumergen tres veces en el agua helada mientras se persignan, piden a Dios la expiación de sus pecados y rezan por su alma y la de sus seres queridos. La práctica no solo convoca a creyentes ortodoxos: también participan aficionados a las experiencias extremas y los llamados morzhí (“morsas”), grupos que practican baños invernales y sostienen que esta costumbre ayuda a fortalecer la salud.
En paralelo, millones de rusos asisten a las iglesias para recoger agua bendecida en botellas y bidones, en una jornada que recuerda el bautismo de Jesucristo por San Juan Bautista en el río Jordán y que, año tras año, se mantiene viva como una de las tradiciones religiosas más arraigadas del país.












