El príncipe Andrés y Jeffrey Epstein.
El príncipe Andrés y Jeffrey Epstein. Foto: US Weekly.

La publicación de nuevos documentos vinculados a Jeffrey Epstein reabre una de las heridas más profundas y persistentes para la monarquía británica: la relación del príncipe Andrés con el financista estadounidense acusado de abusos sexuales sistemáticos.

Esta vez, el impacto no llega solo a través de testimonios o referencias indirectas, sino mediante imágenes concretas y correos electrónicos que vuelven a colocar al exduque de York en una posición incómoda, tanto a nivel personal como institucional.

Nuevas imágenes del príncipe Andrés en los archivos Epstein. Foto: Department Of Justice.

Las dos fotografías difundidas este viernes, en las que Andrés aparece de rodillas en el suelo junto a una mujer recostada, se convirtieron de inmediato en material de portada de los principales diarios del Reino Unido.

No muestran violencia explícita ni rostros identificables, pero su fuerza reside en el contexto: la cercanía física, la actitud pasiva de la mujer y el entorno relajado que sugiere una intimidad difícil de explicar para quien, durante años, negó o minimizó su vínculo con Epstein.

En una de las imágenes, Andrés mira directamente a la cámara; en la otra, apoya una mano sobre el vientre de la mujer. Y al fondo, se ve la presencia de una tercera persona, con los pies apoyados sobre una mesa.

Nuevas imágenes del príncipe Andrés en los archivos Epstein. Foto: Department Of Justice.

Los correos que comprometen al exduque de York

Si las fotografías generan impacto visual, los correos electrónicos incluidos en los archivos de Epstein aportan un peso político y ético aún mayor. Entre ellos, un mensaje fechado en agosto de 2010 en el que Epstein promete enviarle a Londres a una joven descrita como “rusa, de 26 años, inteligente y hermosa, de fiar y que ya tiene tu email”. El destinatario firmaba como “HRH (Su Alteza Real) el Duque de York”.

La fecha no es un detalle menor. Para entonces, el historial de Epstein como delincuente sexual ya era conocido públicamente. Sin embargo, los correos revelan que el vínculo con Andrés no solo continuaba, sino que incluía invitaciones cruzadas a residencias privadas y oficiales.

En septiembre de 2010, apenas un mes después de que Epstein dejara de estar bajo arresto domiciliario, se produjo un intercambio que hoy resulta especialmente perturbador. “Encantado de que vengas aquí a BP (siglas del Palacio de Buckingham). Ven con quien tú quieras, yo voy a estar libre de 4 a 8”, escribió quien parece ser Andrés. La respuesta de Epstein fue directa: “Nos vemos a las 4”.

Jeffrey Epstein y el príncipe Andrés en 2006. Foto: AMC CRIME.

Silencio, títulos retirados y una monarquía en tensión

Desde la publicación de este nuevo material, el príncipe Andrés mantiene silencio. No es la primera vez. Su estrategia comunicacional, basada en la ausencia de declaraciones y en el repliegue, ya había sido aplicada tras la difusión de acusaciones previas, incluidas aquellas que lo vincularon a abusos sexuales, en algunos casos con menores como víctimas.

Ese silencio, sin embargo, tuvo consecuencias concretas. En octubre pasado, el rey Carlos III decidió despojar a su hermano del título de príncipe, al considerar que sus intentos por desvincularse de la familia real habían sido insuficientes para proteger la institución. La decisión marcó un punto de inflexión: por primera vez, la Corona reconocía implícitamente que el costo de sostener a Andrés era mayor que el de apartarlo.

Príncipe Andrés. Foto: Reuters.
El príncipe Andrés de Reino Unido. Foto: X.

Carlos III también le ordenó abandonar la residencia que ocupaba en Windsor, por la que pagaba un simbólico “grano de pimienta”, antes de que finalizara el año. Aunque el traslado aún no se concretó, la prensa británica publicó en enero imágenes de camiones de mudanza estacionados en la zona, alimentando especulaciones sobre el destino final del exduque.

El caso del príncipe Andrés ya no es solo una cuestión individual. Se convirtió en un problema estructural para la monarquía británica, que intenta proyectar una imagen de renovación, transparencia y cercanía en un contexto de creciente presión pública. Cada nueva revelación vinculada a Epstein reactiva el debate sobre los privilegios, la impunidad y los límites del poder dentro de las élites tradicionales.