Patagonia chilena.
Patagonia chilena. Foto: Wikipedia

En abril de 2021, la muerte de más de cinco mil toneladas de salmones en el fiordo Comau, en la Patagonia chilena, encendió las alarmas tanto en las organizaciones ambientalistas como entre científicos y la propia industria. Con esta impactante mortandad causada por una floración de algas nocivas, se intensificaron los cuestionamientos a la salmonicultura en el país trasandino.

En la actualidad, las autoridades siguen insistiendo en la necesidad de investigar y proteger los fiordos patagónicos. Si bien en Chile aumentó la superficie de áreas marinas protegidas, todavía existen reservas de uso múltiple donde se pueden permitir actividades productivas.

Patagonia chilena. Foto: Wikipedia

La bióloga alemana Vreni Häussermann investigó los ecosistemas marinos chilenos y sus invertebrados por más de veinte años. En sus monitoreos en esta región, constata impactos en la biodiversidad. “Hay un daño grande y permanente, y simplemente queda escondido bajo la superficie, por eso nadie se preocupa. Pero los biólogos que se dedican al tema obviamente están todos muy preocupados”, explicó en diálogo con DW.

“En Chile, hay muchos corales de agua fría en aguas muy someras. Este es el lugar del mundo donde mejor se pueden estudiar”, destacó la experta, que trabaja en conjunto con científicos de organismos alemanes, como el Instituto Alfred Wegener (AWI) de Bremerhaven.

Patagonia en riesgo: la lucha por proteger sus mares de la salmonicultura

Los paisajes de la Patagonia, reconocidos mundialmente por su atractivo turístico, requieren un mayor esfuerzo de estudio, valoración y protección, sostiene Peter Hartmann, activista chileno-alemán e integrante de la organización Aisén Reserva de Vida. Junto a diversas entidades, promueve la campaña Salvemos la Patagonia, que impulsa la creación de áreas protegidas libres de centros de cultivo de salmones. La iniciativa alerta que el 30 % de las concesiones de la industria salmonera —unas 408— se encuentran dentro de parques y reservas nacionales del sur de Chile.

El problema de las salmoneras. Foto: Wikipedia

Hartmann lleva cerca de 25 años dedicado a la defensa de esta región y formó parte del movimiento opositor a la construcción de represas hidroeléctricas. “La Patagonia es comparable a la Amazonía. Así como la Amazonía enfrenta múltiples conflictos, nosotros también. Históricamente ha existido una fuerte depredación del mar”, afirma en entrevista con DW.

Actualmente, pone el foco en la salmonicultura, una industria orientada principalmente a la exportación que, según explica, “llegó hace cuatro décadas y fue expandiéndose paulatinamente por el litoral. Desde el inicio presentó numerosos problemas: escapes de salmones, enfermedades, mortalidades masivas y acumulación de desechos. Se encaminaban a una crisis debido a una gestión deficiente del negocio”.

En estos ecosistemas altamente vulnerables, la bióloga Vreni Häussermann ha documentado fenómenos alarmantes, como la muerte de más de 300 ballenas sei registrada hace una década, considerada la mayor mortandad histórica de esta especie.

Frente a la pérdida de biodiversidad, Häussermann lamenta la falta de recursos para la investigación científica: “No hay financiamiento para estudiar organismos que no son comestibles ni tienen un valor económico directo”. A ello se suma la dificultad que implica el aislamiento geográfico de la zona, lo que limita la llegada de especialistas. Para contrarrestarlo, procura incorporar a otros científicos en sus expediciones.

“Trabajamos de manera conjunta en la elaboración de inventarios de las formas de vida que habitan el fondo marino. Actualmente desarrollo un análisis biogeográfico para dividir la Patagonia en distintas áreas según comunidades similares”, explica. Este trabajo aporta información clave para identificar los sitios más apropiados para la creación de nuevas áreas marinas protegidas.

Para Häussermann, es fundamental avanzar en el estudio de estas aguas: “No puedes proteger lo que no conoces. Si uno no conoce ni entiende las especies que son la base del sistema, no hay forma de tener un uso sostenible. Nuestro deber ético es mantener la naturaleza para futuras generaciones, no destruirla”.