Eduardo Bentancourt tenía 44 años y era enfermero
Eduardo Bentancourt tenía 44 años y era enfermero Foto: Facebook

La muerte de un profesional de la salud en su departamento de Palermo volvió a poner en el centro del debate el uso ilegal de anestésicos y el acceso irregular a drogas de uso clínico. La Justicia investiga si se trató de una intoxicación fatal.

Un nuevo caso conmociona al barrio porteño de Palermo y reaviva la alarma en el sistema de salud. Un enfermero de 44 años fue encontrado muerto en su departamento, sentado en una silla del comedor, sin signos vitales y con restos de sangre en la boca. En el lugar, la Policía secuestró una gran cantidad de medicamentos de uso hospitalario, entre ellos propofol y fentanilo, dos sustancias extremadamente potentes cuyo consumo fuera del ámbito médico puede ser letal.

La víctima fue identificada como Eduardo Bentancourt, oriundo de Gualeguaychú, Entre Ríos, y radicado desde hacía un tiempo en la Ciudad de Buenos Aires. Vivía solo en un departamento ubicado sobre la calle Fray Justo Santa María de Oro, a metros de Plaza Italia.

El hallazgo que encendió las alarmas

El cuerpo fue encontrado luego de que su hermana denunciara la falta de contacto durante varios días. Preocupada por no recibir respuestas desde el 30 de marzo, la mujer viajó desde Entre Ríos y dio aviso a la Policía. Con ayuda de la propietaria del inmueble, los efectivos lograron ingresar al departamento y se encontraron con una escena inquietante: Bentancourt estaba sentado, sin vida, y no había signos de violencia ni de ingreso forzado.

Personal del SAME confirmó el fallecimiento en el lugar. Desde entonces, la hipótesis principal apunta a una posible intoxicación por consumo de fármacos, aunque la causa exacta de muerte será determinada por la autopsia.

Eduardo Bentancourt, enfermero que encontaron muerto en Palermo Foto: Facebook

Qué drogas encontraron en el departamento

Durante el procedimiento, los investigadores secuestraron decenas de ampollas, una jeringa, agujas y un guante descartable. La lista de medicamentos incautados es extensa e incluye drogas de uso estrictamente hospitalario, muchas de ellas destinadas a anestesia, emergencias o terapia intensiva.

Entre los fármacos hallados se encontraban propofol, fentanilo, midazolam, clonazepam, diazepam, haloperidol, lidocaína, adrenalina, dexametasona y succinilcolina, además de antibióticos y analgésicos de alta potencia.

La presencia de estas sustancias refuerza la sospecha de que el enfermero habría tenido acceso irregular a medicamentos controlados, una problemática que en las últimas semanas quedó bajo la lupa judicial.

Un caso que se conecta con una trama mayor

La muerte de Bentancourt ocurre en medio del escándalo por las denominadas “propofest”, fiestas privadas donde se consumían anestésicos robados de hospitales porteños. La investigación se inició tras el fallecimiento del anestesista Alejandro Zalazar, ocurrido en febrero en un caso con características similares y también vinculado al uso de propofol y fentanilo.

A partir de ese episodio, la Justicia comenzó a analizar fallas en los controles internos de hospitales, robos de medicamentos y circuitos clandestinos de consumo entre profesionales de la salud.

Quién era Eduardo Bentancourt

Según su perfil profesional, Bentancourt estaba titulado en enfermería y había desarrollado su carrera tanto en Entre Ríos como en Buenos Aires. Personas de su entorno lo describen como alguien reservado, sin antecedentes de violencia ni conflictos conocidos.

Ahora, su muerte se suma a una lista de episodios que generan preocupación en el ámbito sanitario y exponen los riesgos del acceso sin control a drogas de uso clínico, especialmente aquellas que pueden provocar depresión respiratoria y paro cardíaco en dosis mínimas.

Cómo sigue la investigación

La causa quedó en manos de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 21, a cargo del fiscal Carlos Alberto Vasser, quien ordenó peritajes toxicológicos, el análisis de los teléfonos secuestrados y el rastreo del origen de los medicamentos encontrados en el departamento.

Mientras tanto, el caso vuelve a encender una pregunta incómoda: cómo y por qué fármacos diseñados para salvar vidas terminan circulando fuera del sistema de salud, con consecuencias trágicas.