Las playas de Punta del Este, Uruguay. Foto: Unsplash.
Las playas de Punta del Este, Uruguay. Foto: Unsplash.

Enero de 2026 arrancó con una anomalía climática poco común en regiones del Cono Sur como Punta del Este, que vive el peor inicio de mes en más de 40 años con apenas dos días completos de playa entre los primeros diez días del mes, un fenómeno que solo se había repetido en 1986. Esta situación responde a condiciones meteorológicas atípicas que incluyeron lluvias persistentes y temperaturas por debajo de lo esperado para la época, algo que se extiende a varias zonas del litoral atlántico austral.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y otros centros de análisis climático señalaron que estos patrones no son cotidianos en pleno verano, lo que explica la percepción de un arranque “anómalo” del año. El contraste observado tiene relación con la dinámica de los sistemas meteorológicos de gran escala. Durante gran parte de 2025, condiciones de La Niña dominaron el Pacífico ecuatorial, lo que suele asociarse con menor pluviosidad en gran parte de Argentina y Uruguay y calor seco en otras áreas.

Sin embargo, las proyecciones climáticas más recientes consideran que La Niña se debilita a inicios de 2026 y esto puede favorecer cambios en los patrones de lluvia y temperatura y generar episodios de lluvias persistentes e irregularidades climáticas en regiones costeras y del Cono Sur, en lugar de la sequía típica de La Niña.

Punta del Este, Uruguay
Punta del Este, Uruguay

Contexto climático más allá de Punta del Este

Los registros de temperatura y precipitación en Argentina muestran que los últimos años estuvieron marcados por extremos climáticos crecientes, con incrementos notables en las temperaturas medias y la frecuencia de eventos extremos en verano, lo que puede contribuir a que fenómenos no típicos ocurran con mayor frecuencia.

Por ejemplo, informes climatológicos previos habían señalado que Argentina registró anomalías térmicas superiores al promedio histórico en varias estaciones de calor recientes, un dato que se inserta en un contexto más amplio de calentamiento global y cambios en los patrones de circulación atmosférica.

Qué implica este arranque de 2026 para la región

Un arranque de año tan inusual como el que se observa en partes del Cono Sur puede impactar en actividades turísticas y económicas tradicionalmente ligadas al verano, como el turismo de playa y servicios costeros que dependen de largos períodos de sol y temperaturas cálidas. En Punta del Este y zonas aledañas, la ausencia de días clásicos de verano puede traducirse en una menor afluencia de turistas y cambios en la ocupación de servicios turísticos frente a lo habitual a comienzos de enero.

Además, este tipo de condiciones pueden derivar en volatilidad climática en otras zonas del país, con variaciones abruptas entre periodos cálidos y lluviosos que afectan tanto al turismo como a sectores productivos sensibles al clima, como la agricultura.

Cariló es una de las ciudades más costosas de la Costa Atlántica. Foto: Unsplash.

Qué dicen los pronósticos más recientes sobre la anomalía climática en enero 2026

Los boletines meteorológicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y otros centros técnicos indicaron que las próximas semanas seguirán con temperaturas dispares y lluvias abundantes en algunas regiones del área agrícola, lo que confirma que el patrón de inicios de enero no se limita únicamente a sectores costeros.

Estas condiciones no son habituales para la época, cuando en enero suele predominar un clima más estable y templado, y se interpretan como parte de un comportamiento atípico del clima regional que este año se manifestó de forma particularmente tangible en el litoral atlántico.

De esta manera, el arranque de enero de 2026 está siendo climatológicamente anómalo en regiones como Punta del Este, con un patrón de lluvias y temperaturas que difieren de lo esperado para el verano, algo que solo se había registrado en décadas previas. Este fenómeno puede explicarse por la interacción de sistemas climáticos de gran escala, como la transición de fases de La Niña, y las tendencias de variabilidad climática global, que han elevado la frecuencia de extremos en los últimos años.