No es el Mercado de Pulgas: el paseo histórico de CABA que supo ser comparado con los grandes mercados de París
Un rincón con más de un siglo de historia, pasillos llenos de tradición y propuestas gastronómicas que lo mantienen más vivo que nunca. Dónde se encuentra el paseo porteño que sorprende.

Aunque el Mercado de Pulgas, ubicado en el barrio de Colegiales, es uno de los paseos más visitados y turísticos de la Ciudad, existen otros espacios menos conocidos pero igual de encantadores que también merecen ser descubiertos. En ese sentido, los recorridos que combinan historia y gastronomía se presentan como una opción ideal para disfrutar y caminar sin prisa.
En el barrio de Caballito se encuentra uno de los mercados gastronómicos con más historia de Buenos Aires: el Mercado del Progreso. Inaugurado en 1889, mantiene hasta hoy su espíritu original, combinando tradición y vida de barrio con una propuesta que se fue adaptando con el paso del tiempo.

Actualmente cuenta con 17 locales a la calle y 174 puestos en su interior, distribuidos en una superficie que triplica la que tenía al momento de su apertura, consolidándose como uno de los espacios comerciales más emblemáticos de la Ciudad.
Entre sus pasillos conviven bares notables, pizzerías, vinotecas, carnicerías, panaderías y pescaderías, además de una gran variedad de locales especializados. Es de esos lugares donde se puede hacer la compra cotidiana, pero también detenerse a tomar un café, probar algo rico y disfrutar del ritmo tranquilo que todavía conserva.

La historia del Mercado del Progreso
El Mercado del Progreso, construido por la Sociedad de Progreso de Caballito, se inauguró el 9 de noviembre de 1889, ubicado en la calle Rivadavia esquina Silva (hoy Barco Centenera), frente a las casas de Ocantos y al lado de un edificio en ruinas. En sus inicios, era comparado con los mercados más importantes de París debido a su estructura innovadora.
Fue concurrido por trabajadores, en su mayoría inmigrantes, y abastecía principalmente a los barrios de Almagro, Caballito y Flores. Sin embargo, hoy en día conserva mucho de aquellos primeros años: algunos de los que atienden son nietos o nuevas generaciones de los primeros dueños. Entre tantas historias que rondan al mercado, una dice que en 1890 fue usado para el reclutamiento de tropas para la revolución de ese año.

Los espacios al aire libre se cubrían en esa época con toldos para cubrir la mercadería, mientras que en la década del ‘30, se decoró el frente del edificio con el nombre de mercado utilizando letras art-decó que actualmente están bajo la nueva cubierta.
Los materiales con el que fue construído fueron hierro, ladrillo y mármol, y la disposición de su estructura, hacían que las condiciones de ventilación y limpieza y su estudiada orientación, lo convirtieran en uno de los más higiénicos para su época.
El pabellón central estaba exclusivamente reservado a la venta de carne. Completamente libre, sin paredes que impidieran circular libremente el aire, y cerrados los puestos durante la noche por planchas de hierro, tenía una excelente ventilación directa.

En una de las galerías laterales donde había anchas tablas de mármol con fuentes de aguas constantes, se vendía exclusivamente pescado que podía ser lavado y aún conservado en agua con gran comodidad. El resto de las galerías estaban dispuestas para la venta de hortalizas y frutas. En total eran 53 puestos.
El mercado estaba bien provisto de agua por medio de dos fuentes colocadas en el centro. Todos los departamentos estaban provistos de agua, de manera que la limpieza podía se inmediata y completa.

Roberto Arlt, un agudo observador de los personajes de Buenos Aires, no puede olvidar lugares típicos de esta ciudad, es así que en su novela “El juguete rabioso” su protagonista recorre el mercado “El progreso” vendiendo papel de diario para las pescaderías y carnicerías.
El Mercado consta en la actualidad de 17 negocios ubicados hacia el exterior y 174 puestos interiores distribuidos en una superficie de 3600 metros cuadrados.


















