Ada María Elflein: la pionera del periodismo de viajes que desafió a la prensa masculina y conquistó el país
A comienzos del siglo pasado fue contratada por el diario La Prensa para escribir crónicas de viajes. Trabajaba en un cuartito sola, lejos de los hombres. Su legado.

Hay muchas pioneras en la historia argentina. Pero una de ellas es poco conocida: la escritora y cronista Ada María Elflein (1880–1919), pionera del periodismo de viajes. Fue la primera mujer en trabajar dentro de la redacción de un diario, en La Prensa y en el mismo edificio donde hoy funciona la Casa de la Cultura porteña, y también la primera en integrar la Academia Nacional de Periodismo.
Educadora, narradora de leyendas nacionales y cronista de viajes, les abrió el camino a muchas mujeres en una profesión hasta ese momento exclusiva de los hombres. Ada se recibió de maestra y de bachiller en el entonces Colegio Nacional Central, Seccional Norte (actual Colegio Nacionla de Buenos Aires), del que egresó con honores en 1900. Complementó esa formación con el estudio de idiomas. Sus padres eran inmigrantes alemanes que la alentaban a estudiar y a escribir.

Fue precisamente su madre, Elena Schwarz, quien aprovechó sus contactos como institutriz de familias ricas porteñas para presentar los relatos de su hija en el diario La Prensa. Era un medio importante y moderno. En 1905 la llamaron para que acercara sus escritos y, entre ellos, llevó un certificado de traductora escrito de puño y letra por Bartolomé Mitre, para quien había hecho traducciones del alemán.
Durante 14 años, La Prensa le encomendó cientos de columnas semanales en las que pudo desplegar una prosa cargada de bellas metáforas en historias sobre personajes históricos nacionales, ficciones y, más tarde, en impresiones de sus viajes a distintos puntos del país. Cada viaje fue en compañía de Mary Kenny, una maestra de origen irlandés con quien convivió desde que dejó la casa familiar.
“Nos hemos internado en sombrías veredas entre bosques, cruzado ríos indómitos de caudal verde profundo, y las sombras de la prima noche nos han alcanzado antes de salir de la montaña. Y éramos tres mujeres, indefensas al decir de las gentes, pero defendidas por la cultura argentina que en los más remotos rincones de nuestro territorio muéstrase ante propios y extraños”, relató en “Paisajes Cordilleranos” (1917), su crónica más representativa.
Ejemplo para las generaciones posteriores
En su corta vida (murió a los 39 años), Elflein produjo una rica obra literaria que incluye “Leyendas argentinas” (1906); “Del pasado” (1910); “Cuentos de la Argentina” (1911); “Tierra Santa” (1912); y “La partida” (1918). Cuentos como “La cadenita de oro” -el primero que salió en La Prensa- o “El mensajero de San Martín” son parte de la memoria infantil de varias generaciones.
“Creo que para ella entrar a La Prensa fue como tocar el cielo con las manos”, dice Cynthia Cordi, biógrafa de Ada María y autora de una novela sobre su vida titulada igual que el prólogo de uno de sus libros: “Dos palabras”. “Era muy importante trabajar en un diario tan notorio, en un equipo completamente masculino, tener una columna y recibir un sueldo por ello. Ella lo describe como haber llegado ‘al lugar en el que deseaba estar’. Trabajar allí le dio en su momento mucha difusión a su obra y mucho prestigio”.

Su presencia en la redacción de La Prensa fue un hito para la historia de las mujeres y los medios en la Argentina, que no estuvo exento de impacto. Para no incomodar, el diario le preparó un espacio propio donde trabajaba sola. “Esa salita, justamente por su carácter anecdótico, extraordinario, se convirtió también en un símbolo de la profesionalización femenina en la prensa de la época”, explica María Vicens, autora de la investigación “Escritoras de entresiglos: un mapa trasatlántico”, y agrega: “Implica un logro y un reconocimiento, pero también una forma (más sutil, más engañosa) de ser marginada por su género. Lo notable es lo perturbador que resulta su cuerpo en ese espacio. Más allá de lo que escriba y opine, su sola presencia dispara la necesidad de rediseñar el espacio, establecer nuevos límites”.
A de 1900 se alentaba a las mujeres, y a las maestras en particular, a hacer viajes de estudios porque consideraban que eso les permitiría ser mejores educadoras. Las crónicas viajeras son representativas del sentido que Ada María le daba a las travesías, un sentido femenino en particular, de conocimiento, liberador, de fortalecimiento y de crecimiento de la mujer. Como parte de sus aventuras, Ada visitó la Cordillera de los Andes con el perito Francisco Moreno, escaló montañas, durmió en refugios y recorrió la Argentina en tren, barco, auto y a caballo, siempre con grupos de mujeres.
El teatro rescata a Ada María
El 14 de marzo se estrenará en el Teatro El Popular la obra “Velado amor viajero”, una pieza que rescata su vida, con dramaturgia y dirección de Amancay Espíndola, y el protagónico de Anabella Valencia, Alejandra López Molina y Marilú Dizy. El texto está basado justamente en “Dos Palabras” de Cordi.
Para Valencia, quien encarna a la periodista en el teatro, “eran pocas mujeres, pero tenían un empuje y una claridad asombrosos. Ada entendía que casarse o tener hijos era una atadura para sus objetivos; ella eligió trabajar y ser independiente”, comenta la actriz sobre un personaje que rompe con los prejuicios de su época. Y un notorio compromiso con el territorio argentino: a través de sus crónicas, Elflein buscaba contagiar el amor a la patria instando a las mujeres a viajar solas o con amigas, sin necesidad de tutelas masculinas en un tiempo en el que lentamente empezaban a explotar el mundo. “Ella recorría el país rompiendo con el turismo tradicional, buscando los puntos en común entre la historia y el paisaje”, finaliza Anabella.



















