Tianducheng, la “falsa París” de China que pasó de ciudad fantasma a furor turístico.
Tianducheng, la “falsa París” de China que pasó de ciudad fantasma a furor turístico. Foto: La Sexta

A comienzos de los 2000, hubo un momento en el que China parecía convencida de que podía construir cualquier cosa. Y cuando decimos cualquier cosa, hablamos literalmente de ciudades enteras copiadas de otros lugares del mundo. Entre todas esas historias de urbanismo desmedido, una de las más fascinantes y, también más insólitas, es la de Tianducheng, la ciudad conocida popularmente como “el París chino”.

Ubicada en las afueras de Hangzhou, Tianducheng nació con una propuesta tan extravagante como ambiciosa: recrear una versión casi caricaturesca de París para atraer turismo y, al mismo tiempo, descongestionar una capital regional cada vez más superpoblada.

Entre todas esas historias de urbanismo desmedido, una de las más fascinantes e insólitas, es la de Tianducheng. Foto: CGTN

El proyecto, inaugurado en 2007, incluía avenidas inspiradas en el urbanismo haussmaniano, parques que imitaban los jardines de Luxemburgo, fuentes monumentales y hasta una réplica de la Torre Eiffel de más de 100 metros de altura, la segunda más grande del mundo después de la de Las Vegas (Estados Unidos).

Cómo es Tianducheng, la ciudad china inspirada en París

La idea era que unas 10.000 personas se mudaran allí y vivieran una experiencia francesa sin salir de China. Sin embargo, la fantasía parisina no salió exactamente como esperaban sus creadores.

Durante años, Tianducheng fue prácticamente una ciudad fantasma. Seis años después de su inauguración, apenas unas 2.000 personas residían allí, muchas de ellas vinculadas a la propia construcción y expansión del complejo. Las calles aparecían vacías, los comercios cerrados y las fotografías del lugar solo se viralizaban por internet como símbolo del exceso inmobiliario de China.

Tianducheng tiene una réplica de la Torre Eiffel de más de 100 metros de altura, la segunda más grande del mundo. Foto: National Geographic

Ni el romanticismo de sus plazas, ni la posibilidad de “viajar” a París sin cruzar continentes, consiguieron seducir a los habitantes locales. Y probablemente había un motivo bastante más terrenal detrás del fracaso: vivir allí era casi tan caro como hacerlo en algunas zonas de la París auténtica.

La ciudad fantasma de China que terminó convirtiéndose en atracción turística

Sin embargo, la historia tuvo un giro inesperado. En 2015, una nueva inmobiliaria tomó el control del proyecto y redujo considerablemente los costos de residencia. La estrategia funcionó. Apenas dos años más tarde, la población oscilaba entre los 14.000 y 30.000 habitantes, y Tianducheng empezó a encontrar una identidad más propia.

Tianducheng encontró una segunda vida, impulsada más por el turismo y las redes sociales que por el sueño original. Foto: National Geographic

Hoy, lejos de ser solo una curiosidad urbana, el lugar se transformó en un inesperado polo turístico. Decenas de parejas viajan hasta allí para realizar sesiones de fotos de boda frente a la Torre Eiffel falsa, en una postal que mezcla kitsch, romanticismo y una fascinación muy china por las réplicas occidentales.

Así, el “París chino” encontró una segunda vida, impulsada más por el turismo y las redes sociales que por el sueño original de convertirse en una gran zona residencial.

Las ciudades copia de China: de Londres a Venecia

El caso de Tianducheng, de todos modos, sigue siendo una excepción dentro de la larga lista de “ciudades copia” impulsadas por China. En distintos puntos del país aparecieron imitaciones de Londres, Venecia o incluso Hallstatt, el pintoresco pueblo austríaco declarado Patrimonio de la Humanidad.

El caso de Tianducheng sigue siendo una excepción dentro de la larga lista de “ciudades copia” impulsadas por China. Foto: National Geographic

La mayoría nunca logró despegar del todo y terminó convertida en una mezcla extraña entre parque temático, decorado cinematográfico y atracción para turistas curiosos. Solo el turismo más extravagante, y las inevitables fotos de bodas, logró darle algo de sentido a proyectos que, durante años, simbolizaron el exceso urbanístico chino.

Pero quizás ahí radique precisamente el encanto de Tianducheng: en demostrar que incluso los proyectos más extravagantes pueden encontrar una segunda vida, aunque sea gracias a selfies, vestidos de novia y una Torre Eiffel que nunca estuvo en Francia.