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“La generación sobria”: reemplazan el alcohol por medicamentos para la ansiedad y encienden una alerta

Cada vez más jóvenes reducen el alcohol, pero el uso de medicamentos para la ansiedad como reemplazo genera preocupación. Cuáles son los riesgos.

Cada vez más jóvenes reemplazan el alcohol por medicamentos para la ansiedad.
Cada vez más jóvenes reemplazan el alcohol por medicamentos para la ansiedad. Foto: Canal 26
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Beber menos alcohol se convirtió en una decisión cada vez más frecuente entre los jóvenes. Sin embargo, detrás de este cambio saludable aparece una conducta que preocupa a los especialistas: el consumo de medicamentos para la ansiedad como una supuesta alternativa para relajarse, dormir mejor o atravesar situaciones sociales.

La tendencia suele quedar asociada a la denominada “generación sobria”, integrada por jóvenes que cuestionan el lugar tradicional del alcohol en fiestas, reuniones y salidas nocturnas. El problema aparece cuando dejar de beber no conduce a hábitos más saludables, sino al uso de fármacos sin indicación médica o fuera de las condiciones establecidas por un profesional.

Informe Canal 26

El movimiento conocido como sober curious propone revisar conscientemente el consumo de alcohol, sin exigir necesariamente una abstinencia permanente. La Asociación Estadounidense de Psicología señala que esta forma de relacionarse con la bebida se volvió más visible y que las alternativas sin alcohol ganaron espacio en bares, comercios y encuentros sociales. A su vez, investigaciones sobre comportamiento de consumo identifican a la generación Z como una de las principales impulsoras del cambio.

Por qué los jóvenes están tomando menos alcohol

La preocupación por la salud mental, el descanso, el rendimiento físico y la productividad influye en las nuevas decisiones de consumo. Para muchos jóvenes, beber hasta perder el control ya no representa diversión, sino una experiencia relacionada con resaca, ansiedad al día siguiente, exposición en redes sociales y pérdida de tiempo.

La sobriedad dejó de ser vista exclusivamente como una respuesta frente a una adicción. Ahora también aparece como una elección vinculada con el bienestar, el ahorro y el deseo de mantener el control. De acuerdo con una encuesta difundida por Circana, casi la mitad de los adultos consultados en Estados Unidos manifestó que intentaba reducir su consumo de alcohol durante 2025. Entre los integrantes de la generación Z, la intención de beber menos era todavía mayor.

La "generación sobria" reemplaza el alcohol por medicamentos para la ansiedad.
Cada vez más jóvenes reemplazan el alcohol por medicamentos para la ansiedad. Foto: Canal 26

También cambió la oferta disponible. Cervezas sin alcohol, cócteles sin graduación, bebidas funcionales y eventos diurnos permiten participar de reuniones sin necesidad de beber. La Asociación Estadounidense de Psicología informó que las ventas de bebidas no alcohólicas experimentaron un crecimiento importante entre 2021 y 2023, mientras diferentes análisis describen una transformación cultural que excede los desafíos temporales como “Enero Seco”.

El costado preocupante de la “generación sobria”

Reducir el consumo de alcohol puede resultar beneficioso, pero no convierte automáticamente a una persona en alguien libre de consumos riesgosos. En algunos círculos juveniles, los medicamentos recetados para tratar la ansiedad o el insomnio pueden ser percibidos erróneamente como una opción controlada, limpia o menos perjudicial.

Esa percepción es peligrosa. Los medicamentos para la ansiedad no son equivalentes a una bebida sin alcohol ni deben utilizarse para generar desinhibición, facilitar una salida o adormecer emociones. Se trata de tratamientos médicos que requieren diagnóstico, seguimiento profesional y una pauta individualizada.

Dentro de este grupo se encuentran las benzodiacepinas, medicamentos indicados en determinados casos de ansiedad, insomnio, convulsiones y otras condiciones clínicas. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, FDA, exige que incluyan una advertencia destacada sobre los riesgos de uso indebido, adicción, dependencia física y síndrome de abstinencia. También advierte que suspenderlos abruptamente puede provocar reacciones graves.

Por otra parte, no todos los tratamientos para la ansiedad pertenecen a la misma familia ni producen los mismos efectos. Hablar de “medicamentos para la ansiedad” como si fueran un único producto puede resultar engañoso. La elección de un tratamiento depende de la evaluación de cada paciente y no debe basarse en recomendaciones de amigos, publicaciones virales o experiencias compartidas en redes sociales.

Dejar el alcohol no significa reemplazar una sustancia por otra

Una de las ideas que conviene aclarar es que la tendencia sobria, en su definición original, no promueve reemplazar el alcohol por psicofármacos. Su propuesta consiste en observar por qué, cuándo y cuánto se bebe, además de explorar formas de socialización que no dependan de la intoxicación.

Utilizar un medicamento para obtener calma inmediata sin supervisión puede ocultar un cuadro de ansiedad, estrés crónico, insomnio u otro problema que necesita atención. Además, un fármaco que fue recetado a una persona no necesariamente es seguro para otra, incluso cuando ambas describen síntomas parecidos.

La aparente legitimidad de un envase farmacéutico también puede reducir la percepción del riesgo. Que una sustancia se venda en una farmacia no significa que pueda consumirse libremente. La dosis, la duración del tratamiento, los antecedentes clínicos y la combinación con otros medicamentos forman parte de la evaluación que debe realizar un profesional.

Mezclar alcohol y ansiolíticos puede ser especialmente peligroso

El mayor riesgo aparece cuando el supuesto reemplazo no es completo y la persona termina combinando medicamentos con bebidas alcohólicas. El Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos advierte que el alcohol puede interactuar con numerosos fármacos, aumentar la somnolencia, afectar la coordinación y elevar el riesgo de accidentes, caídas, dificultades respiratorias y sobredosis.

En el caso de las benzodiacepinas, la FDA señala que el uso indebido junto con alcohol u otras sustancias se asocia con una mayor frecuencia de consecuencias graves. Por ese motivo, una persona que esté tomando medicación debe consultar a su médico o farmacéutico antes de consumir alcohol, aunque la cantidad prevista parezca pequeña.

Tampoco se recomienda modificar una dosis, compartir comprimidos ni interrumpir un tratamiento por cuenta propia. Si existe preocupación por dependencia o efectos adversos, la alternativa segura es solicitar una evaluación profesional.

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