
Entre sierras, olivos y senderos de piedra, el Monte Calvario de Tandil guarda uno de los recorridos religiosos y artísticos más impactantes de la Argentina. Sus 14 estaciones, la monumental cruz y las esculturas creadas por grandes maestros lo transformaron en un verdadero museo al aire libre.
A pocos minutos del centro de Tandil, este camino combina fe, naturaleza, historia y arquitectura. Por la experiencia de avanzar a pie entre las distintas estaciones, muchos visitantes lo comparan con una suerte de “Camino de Santiago argentino”.
El complejo se encuentra en la avenida Monseñor de Andrea al 500. Tiene un circuito peatonal de aproximadamente un kilómetro, acceso gratuito y 14 conjuntos escultóricos que representan el Vía Crucis. El paseo también incluye la capilla de Santa Gemma Galgani y una reproducción de la Gruta de Lourdes.
El origen del proyecto: la visión de Monseñor Fortunato Devoto y la donación de los terrenos
La historia comenzó en 1938, cuando Monseñor Fortunato Devoto imaginó la construcción de un gran Vía Crucis en las sierras de Tandil, coronado por una reproducción del Señor de la Cruz venerado en Bretaña, Francia.

El religioso eligió unos terrenos pertenecientes a su primo, Pedro Redolatti, ubicados entonces fuera del área urbana. Redolatti aceptó la propuesta y el 10 de enero de 1941 formalizó la donación de nueve hectáreas. Devoto murió ese mismo año y no pudo ver terminada su obra.
Antes de fallecer, había involucrado en el proyecto a Elisa Alvear de Bosch, presidenta de la Sociedad de San José y referente de las Damas Vicentinas. Ella continuó con la iniciativa y promovió una importante red de aportes privados y estatales.
La arquitectura de Alejandro Bustillo: la escalinata de 96 escalones y la Plazoleta de la Cruz
El proyecto quedó en manos de Alejandro Bustillo, uno de los arquitectos argentinos más importantes del siglo XX. El profesional se interesó personalmente en la propuesta y realizó el diseño de manera gratuita.

Una de las piezas centrales fue la escalinata de 96 escalones, levantada en piedra migmatita y orientada hacia la Plazoleta de la Cruz. El ascenso incorpora terrazas intermedias con lajas rosadas, blancas y grises provenientes de la cantera San José del Carmen.
La cruz original fue construida con un alerce centenario donado por Ezequiel Bustillo. Medía 17 metros de alto, pero el deterioro provocado por el clima obligó a reemplazarla en 1949 por una estructura de cemento cinco metros más alta.
Las 14 estaciones del Vía Crucis: un recorrido de fe con esculturas de valor incalculable
El corazón del Monte Calvario está compuesto por las 14 estaciones que representan el camino de Jesús hacia la crucifixión. Las figuras se distribuyen a lo largo de la ladera, entre olivos, eucaliptos y pinos.

Cada curva permite descubrir una escena diferente. Los conjuntos escultóricos recrean momentos de dolor, sacrificio y recogimiento, como las caídas de Jesús, el encuentro con María, la ayuda del Cireneo, la crucifixión y el Santo Sepulcro.
El circuito puede demandar entre una y cuatro horas, según el ritmo de cada persona. Es un espacio público, gratuito y sin horario formal de ingreso, aunque se aconseja llevar calzado cómodo y agua.
Artistas y grandes maestros: la huella de José Berna, José Fioravanti y otros escultores
Las estaciones fueron creadas por reconocidos artistas. José Berna, escultor de origen italiano, participó en numerosas escenas, entre ellas Jesús condenado a muerte, el encuentro con María, la muerte en la cruz y La Piedad.

También trabajaron Humberto Cerantonio, Ricardo Musso, Antonio Sforza y Roberto Capurro. Otro de los grandes nombres fue José Fioravanti, figura fundamental de la escultura argentina, a quien se le atribuyen la tercera caída de Jesús y el Santo Sepulcro.
Con el paso de los años, algunas piezas originales debieron ser reemplazadas por su deterioro. Por eso, el complejo posee un enorme valor artístico y documental: cada escultura conserva una parte de la historia cultural argentina.
La histórica inauguración de 1943 con la presencia del presidente y autoridades eclesiásticas
El Monte Calvario fue inaugurado el 10 de enero de 1943, ante una multitud estimada en 40.000 personas. La cifra fue extraordinaria para la población que tenía Tandil en aquella época.
La ceremonia contó con la presencia del entonces presidente de la Nación, Ramón S. Castillo, el vicegobernador bonaerense Edgardo Míguez, el nuncio apostólico Giuseppe Fietta, el obispo de Azul, Monseñor César Cáneva, y el intendente William Leeson.
En 1947 se inauguró la capilla dedicada a Santa Gemma Galgani y, en 1962, se sumó la reproducción de la Gruta de Lourdes.
Preservación y patrimonio: la iniciativa para declarar al Monte Calvario como Monumento Histórico Nacional
La exposición constante a la lluvia, el viento y la humedad provocó un deterioro progresivo en algunas esculturas y estructuras. Por este motivo, surgió una iniciativa para declarar al Monte Calvario como Monumento Histórico Nacional y fortalecer su conservación.
La protección permitiría buscar financiamiento para restaurar las obras, mejorar la iluminación, reforzar la seguridad y garantizar una mayor accesibilidad.
Más de ocho décadas después de su inauguración, el Monte Calvario continúa siendo uno de los grandes símbolos de Tandil. No hace falta ser creyente para quedar impactado: subir por sus senderos y observar la cruz entre los árboles permite comprender por qué este rincón serrano es mucho más que un paseo.





















