Argentina, entre ganadores y perdedores tras el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur
Este acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea supone una encrucijada económica para Argentina: beneficios sustanciales para el agro y el acceso a nuevos mercados, frente a desafíos y vulnerabilidades para parte de la industria local.
Tras más de 25 años de negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea (UE) alcanzaron finalmente un acuerdo comercial que será firmado el 17 de enero de 2026 en Paraguay, marcando un antes y un después en la inserción internacional de Argentina y sus socios regionales. Este tratado promete cambios estructurales profundos para la economía argentina, con beneficios claros para algunos sectores y riesgos significativos para otros.
Desde el gobierno argentino, liderado por Javier Milei, se celebró la decisión del Consejo Europeo de aprobar la firma del acuerdo como un logro “histórico”. Según funcionarios oficiales, la UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones argentinas y otorgará acceso preferencial para otro 7,5%, beneficiando prácticamente a la totalidad de las exportaciones agrícolas. Esto abre un enorme mercado de casi 450 millones de personas, que representa cerca del 15% del PBI mundial, para productos como soja, aceite, miel, frutas y otros alimentos, sectores que tradicionalmente fueron motores de la economía argentina.
Entre los principales beneficiados se destaca, en primer lugar, la agroindustria, un rubro históricamente fuerte en el país y con amplio margen para ganar mercados en Europa. La eliminación o reducción de aranceles favorecerá tanto a los productos primarios como a su industrialización, impulsando exportaciones de soja, trigo, maíz y otros granos, además de carnes, vinos y biocombustibles como el biodiésel.
Otro sector que aparece entre los grandes ganadores es el de la energía. En un contexto internacional marcado por la necesidad europea de diversificar sus fuentes de abastecimiento y reducir su dependencia del gas ruso, Argentina se posiciona como un proveedor confiable y complementario. El potencial de Vaca Muerta, junto con los desarrollos en gas y energías renovables, coloca al país en un lugar estratégico, ya no solo como competidor agrícola, sino como un actor relevante en el mapa energético global.
A estos dos rubros se suma el crecimiento de los servicios basados en el conocimiento, un sector que podría aprovechar el acuerdo para integrarse con mayor fuerza al entramado productivo europeo. Actividades vinculadas al software, la economía digital, la innovación tecnológica y los servicios profesionales tienen la capacidad de aportar valor agregado, empleo calificado y dinamismo tecnológico, respondiendo a demandas crecientes de la Unión Europea en materia de digitalización y desarrollo.
Los “perdedores” del acuerdo Mercosur-UE
Desde otra mirada, el acuerdo también deja en evidencia sectores que parten en desventaja. En el corto plazo, las mayores dificultades se concentrarían en algunas ramas de la industria local, especialmente aquellas con menor escala, altos costos internos y limitada competitividad frente a los productos europeos. No obstante, el impacto no será inmediato ni uniforme, ya que el esquema contempla largos períodos de transición, y los resultados finales dependerán en gran medida de la capacidad de adaptación y reconversión de las empresas.
Las actividades industriales más expuestas son aquellas con estructura productiva frágil, como parte de las pymes de línea blanca y del sector metalmecánico, que podrían enfrentar una mayor presión por la apertura comercial. Aun así, esto no implica una pérdida inevitable: la posibilidad de sobrevivir y fortalecerse estará atada a mejoras en el contexto macroeconómico, como la baja sostenida de la inflación, la estabilidad cambiaria y un mayor acceso al crédito, condiciones clave para invertir y ganar competitividad.

En el caso de la industria automotriz, uno de los sectores más sensibles, el impacto será más gradual. El libre comercio pleno con la Unión Europea recién se aplicará dentro de una década, lo que otorga un margen de tiempo considerable para reorganizar procesos productivos, atraer inversiones y mejorar estándares tecnológicos. De este modo, si bien existen perdedores potenciales en el corto plazo, el escenario final no está cerrado y dependerá de las decisiones económicas y productivas que se tomen en los próximos años.


















