
La escena se repite en cada vez más supermercados del país: góndolas con etiquetas en inglés, italiano, francés o portugués, envases llamativos y productos que hasta hace poco solo se conseguían cruzando la frontera o en tiendas especializadas.
Con la reapertura de las importaciones de alimentos, la experiencia de compra en los grandes supermercados argentinos empezó a parecerse, cada vez más, a la de un free shop.

Pastas italianas, chocolates belgas, cervezas alemanas, galletitas españolas y brasileñas, jamones ibéricos y quesos europeos conviven hoy con las marcas locales de toda la vida. La novedad no es solo la variedad, sino también el precio: en varios casos, los productos importados compiten de igual a igual (o incluso resultan más económicos) que sus pares nacionales.
La decisión oficial de excluir del pago de IVA y del impuesto a las Ganancias a determinados alimentos de la canasta básica importados marcó un punto de inflexión. Según el Gobierno, la medida busca aumentar la competencia y contribuir a una baja de precios. Desde el sector supermercadista, en cambio, explican que la estrategia también responde a un cambio en el comportamiento del consumidor, que hoy compara más, busca calidad y está dispuesto a probar marcas nuevas.

Galletitas, el elemento más visible
Uno de los rubros donde el fenómeno se hace más evidente es el de las galletitas. Dulces y saladas, europeas y latinoamericanas, las opciones importadas ganan terreno en las góndolas. El regreso de las clásicas danesas es, quizás, el caso más emblemático: las tradicionales latas redondas volvieron a ocupar un lugar destacado, apelando tanto al recuerdo como al paladar.
En Jumbo, las butter cookies Dan Cake se venden a $17.900, mientras que las Jacobsen Wonderful, ícono histórico, alcanzan los $20.500. Sin embargo, en Coto aparecen alternativas más económicas, como las latas de origen indio de la marca Cremica, a $7.600, bajo el rótulo de “receta auténtica”.

Las galletitas María españolas de Cuétara también regresaron, a $1.870 los 200 gramos, compitiendo directamente con marcas nacionales. En el segmento de cookies con chips de chocolate, productos importados desde España, Paraguay o Brasil se enfrentan a las opciones locales con precios similares y, en algunos casos, promociones más agresivas.
Pastas italianas y sorpresas de Europa
En el rubro pastas, Italia sigue marcando el pulso. Marcas premium como De Cecco, Colavita, Barilla o San Giorgio volvieron a ampliar su presencia. Aunque no siempre resultan más baratas, la diferencia de precio se acotó y refuerza su atractivo por calidad y prestigio.
La sorpresa llega desde Albania: marcas como Pasta Bella o Diamond ofrecen espaguetis a valores incluso inferiores a los de algunas opciones nacionales, lo que suma un nuevo jugador a un mercado históricamente dominado por Argentina e Italia.

Las salsas también acompañan esta tendencia. Passatas italianas como Mutti, Mazza o incluso marcas propias importadas por grandes cadenas compiten con las nacionales, en algunos casos con precios más accesibles por mayor gramaje.
Chocolates, fiambres y congelados: el lujo al alcance del changuito
El segmento de chocolates importados suma propuestas novedosas, desde marcas europeas premium hasta fenómenos globales como Feastables, creada por el youtuber MrBeast. En fiambres y quesos, el jamón serrano español, el ibérico de bellota y variedades brasileñas de queso comparten espacio con opciones locales.
En congelados, aparecen productos poco habituales como pulpo español, salmón chileno o vegetales importados, ampliando una oferta que hasta hace poco era limitada.

Una tendencia concentrada, pero en expansión
La mayor presencia de alimentos importados se observa, por ahora, en grandes cadenas y en sucursales ubicadas en zonas de mayor poder adquisitivo del AMBA. Aun así, la “extranjerización” del changuito ya es visible y promete expandirse.
Con áreas específicas como “Productos del Mundo” y carteles de “nuevos ingresos”, los supermercados apuestan a transformar la compra cotidiana en una experiencia más diversa. La apertura de las importaciones no solo modificó la oferta: también cambió la forma de elegir qué poner en el carrito.


















