Cuáles son los medios aéreos con los que cuenta la Fuerza Aérea Argentina, tras la llegada de los F-16
La incorporación de los F-16 marca un punto de inflexión en la recuperación de capacidades de combate, pero convive con limitaciones operativas y restricciones presupuestarias.

La Fuerza Aérea Argentina se ve enmarcada en un proceso histórico de modernización, aunque algunas limitaciones estructurales podrían entorpecer ese camino.
Un relevamiento llevado a cabo por el sitio especializado Zona Militar, junto con Stratbridge expone esta dualidad: la incorporación de los cazas F-16 Fighting Falcon representa un salto cualitativo, aunque convive con problemas de disponibilidad de material y restricciones presupuestarias.
La llegada de los F-16 marca un precedente histórico para Argentina
El principal hito reciente fue la llegada, en diciembre de 2025, de los primeros seis F-16A/B MLU procedentes de Dinamarca, en el marco del programa Peace Condor. Estas aeronaves -cuatro biplazas y dos monoplazas- comenzaron a operar desde el Área Material Río Cuarto, mientras avanzan las obras en la VI Brigada Aérea de Tandil, que será su base definitiva. El plan prevé completar la incorporación de 24 unidades hacia 2028, con entregas escalonadas.
Con este proceso se pretende recuperar la capacidad supersónica de las Fuerzas Armadas, frente a la pérdida de los Mirage en 2015. Aunque el resto del sistema de combate sigue mostrando debilidades.
La V Brigada Aérea mantiene parte de su flota de A-4AR Fightinghawk fuera de servicio, lo que limita la capacidad operativa en el corto plazo.
La formación de los pilotos, clave para la Fuerza Aérea Argentina
Respecto de la formación de los pilotos, la estructura se sostiene en diversas plataformas. En sus versiones II y III, los IA-63 Pampa tienen un rol de entrenamiento avanzado y avión táctico, mientras que los Embraer EMB-312 Tucano continúan en funciones de entrenamiento y ataque ligero.
La etapa inicial se realiza con los Beechcraft T-6 Texan II, complementados por aeronaves livianas y planeadores en la Escuela de Aviación Militar.
Entretanto, el panorama más complejo está en el segmento del transporte, donde hay un marcado envejecimiento de las aeronaves. Con los históricos Lockheed C-130 Hercules, operados desde la I Brigada Aérea, acumulando entre cuatro y cinco décadas de servicio, su rendimiento ya no es el de hace un tiempo.
Pero la buena noticia es que han sido modernizados, aunque su disponibilidad depende de un mantenimiento intensivo.
También se suman los Fokker F28 Fellowship y los Embraer ERJ-145, utilizados para transporte de personal y autoridades.
En la Patagonia, la IX Brigada Aérea opera los Saab 340 y los De Havilland Canada DHC-6 Twin Otter, fundamentales para rutas de baja densidad. A su vez, el componente de helicópteros también combina modernización y antigüedad: los nuevos Bell 407GXi conviven con modelos más antiguos como los Bell 412 y los Hughes 500.

Según el informe de la Oficina Nacional de Presupuesto del cuarto trimestre de 2025, casi todas las brigadas registraron desvíos negativos en horas de vuelo y ejercicios realizados, principalmente por falta de material disponible y limitaciones financieras. Este dato refleja que, más allá del avance puntual del programa de cazas, la operatividad global de la fuerza sigue condicionada.
En este contexto, el futuro inmediato de la Fuerza Aérea Argentina dependerá en gran medida de la consolidación del programa Peace Condor. Las próximas entregas de F-16 previstas hasta 2028, junto con la posible incorporación de aeronaves de reabastecimiento en vuelo como los KC-135, serán determinantes para sostener la modernización iniciada.


















