El pueblo bonaerense que guarda una iglesia de más de 125 años y una historia inesperada entre el ferrocarril y el Paraná
Conserva una de esas historias que explican cómo nació buena parte del interior bonaerense: tierras de antigua raigambre colonial, estación de tren, inmigración agrícola, una parroquia que se volvió símbolo y, décadas después, el salto a la era nuclear.

Hay lugares que no solo invitan a una escapada: también obligan a mirar hacia atrás. Lima, en el partido de Zárate, es uno de ellos. A simple vista, puede parecer una localidad tranquila de la ribera bonaerense, ideal para cortar con la rutina y tomar mate frente al Paraná de las Palmas. Pero detrás de esa postal serena hay una historia mucho más profunda: la de una región atravesada por herencias coloniales, el empuje del ferrocarril, la llegada de inmigrantes europeos y la consolidación de una comunidad que encontró en su iglesia uno de sus grandes emblemas.
Aunque muchos la asocian con un destino de fin de semana, Lima tiene raíces que se remontan mucho antes del trazado urbano actual. Distintos trabajos históricos señalan que estas tierras formaron parte de los repartos realizados tras la fundación de Buenos Aires y luego pasaron por manos de órdenes religiosas, del fisco y de antiguas familias rurales de la zona. Ya en el siglo XIX, el apellido Lima quedó ligado de forma decisiva al territorio, especialmente a partir de Toribio Lima y de la descendencia que administró esos campos.

El cambio decisivo llegó en la década de 1880. Según reconstrucciones históricas locales, entre 1884 y 1885 comenzó a tomar forma una colonia agrícola con participación de capitales privados y colonos, varios de ellos de origen suizo, italiano y español. Ese proceso coincidió con la creación de la estación ferroviaria Lima, vinculada al Ferrocarril Buenos Aires a Rosario, una pieza fundamental para explicar el crecimiento de la localidad. El tren no solo acercó mercaderías y personas: organizó el territorio, ordenó la producción y dio origen a un nuevo centro de vida social y económica.
Para la memoria local, hay una fecha clave: el 24 de junio de 1888, cuando se realizó el remate de solares, quintas y chacras del futuro pueblo alrededor de la estación. Esa jornada quedó asociada al trazado urbano de Lima y todavía hoy se conmemora como un mojón central de su identidad. De hecho, la Municipalidad de Zárate celebró en 2024 el 136° aniversario del trazado urbano, con acto oficial, desfile y la presentación de los símbolos de la ciudad, una confirmación de que Lima sigue construyendo relato propio dentro del mapa bonaerense.
La iglesia que resume la memoria del pueblo
Si hay una imagen capaz de condensar esa historia, es la de la Parroquia San Isidro Labrador, el templo que domina buena parte del imaginario local. En la actualidad suele ser mencionada como una de las postales más reconocibles de Lima y como un edificio de aire colonial o neocolonial que llama la atención por su presencia en el casco urbano. Pero su valor no está solo en la fachada: está, sobre todo, en lo que representa para varias generaciones de vecinos.
La historia de la parroquia ayuda a leer la historia misma del pueblo. De acuerdo con la reconstrucción publicada con motivo de su 125° aniversario, en 1899 José Insma donó el solar destinado al templo y ese mismo año una comisión vecinal impulsó la obra. La capilla fue inaugurada el 17 de diciembre de 1899 bajo la advocación de San Isidro Labrador, una elección simbólica para una comunidad nacida de la vida agrícola. La crónica histórica local remarca que la construcción tuvo un estilo colonial español, con dos torres, y que muchas imágenes religiosas llegaron desde Europa de la mano de familias de la zona.

Con el paso del tiempo, la iglesia fue creciendo junto con Lima. En 1928 se colocó la piedra fundamental de la casa parroquial y años después se ampliaron dependencias, se modificó el techo y se renovó parte del interior. Recién el 10 de mayo de 1957 se convirtió formalmente en parroquia, consolidando un papel que ya venía ejerciendo desde hacía décadas: ser punto de reunión, refugio espiritual y núcleo comunitario. Por eso, cuando se habla de una iglesia de más de 100 años en Lima, no se habla únicamente de un edificio antiguo, sino de una pieza viva de la memoria colectiva.
De colonia agrícola a ciudad con peso propio
La historia limeña no se detuvo en el siglo XIX. Uno de sus giros más impactantes llegó en el siglo XX, cuando la localidad dejó de ser solo una referencia agropastoril para convertirse también en un nombre clave de la energía argentina. Nucleoeléctrica Argentina indica que Atucha I comenzó a construirse en 1968, se conectó al sistema eléctrico en 1974 y se transformó en la primera central nuclear de potencia de América Latina. Su emplazamiento en Lima alteró para siempre el perfil productivo de la zona.

Ese salto histórico explica por qué Lima es, a la vez, un pueblo de raíces rurales y un enclave asociado a uno de los desarrollos tecnológicos más importantes del país. La localidad, además, dio otro paso institucional en tiempos recientes: la Ley 15.319 la declaró ciudad en marzo de 2022, reconociendo formalmente un crecimiento demográfico, social y administrativo que venía consolidándose desde hacía años.
Hoy, recorrer Lima es encontrarse con capas superpuestas de historia: las huellas del viejo trazado ferroviario, la memoria de los colonos, la plaza, la parroquia, el vínculo con el río y el impacto industrial que llegó después. Esa combinación es la que vuelve singular a esta localidad del norte bonaerense: no es solo un lugar lindo para visitar, sino un espacio donde todavía se puede leer, casi a cielo abierto, cómo se fue armando una comunidad argentina desde fines del siglo XIX hasta el presente.
Cómo llegar
Llegar a Lima desde la Ciudad de Buenos Aires es sencillo. En auto, una de las opciones más directas es tomar la Ruta Nacional 9 hacia el norte y luego conectar con la Ruta Provincial 6 para ingresar a la localidad; distintos relevamientos turísticos ubican el viaje en torno a una hora, según tránsito y punto de partida.
En transporte público, una alternativa práctica es viajar primero hacia Zárate en los servicios de la línea 194 que salen desde Once y luego combinar con transporte local hacia Lima; buscadores de movilidad señalan además que por la zona operan líneas como 228A y servicios locales que conectan con la ciudad.



















