Tiene más de 1700 años: la fascinante megaconstrucción que compitió con las pirámides de Egipto y sigue sorprendiendo al mundo
Esta colosal estructura del pasado alcanzó dimensiones comparables a las pirámides egipcias y aún permanece en pie, desafiando el paso del tiempo y asombrando por la magnitud de su ingeniería.

Mientras muchas construcciones colosales del pasado han desaparecido con el paso de los siglos, existen testimonios arquitectónicos extraordinarios que aún pueden verse hoy. Estas construcciones son prueba de la genialidad técnica de las civilizaciones antiguas, que lograron levantar monumentos impresionantes sin la ayuda de maquinaria moderna.
Una de estas maravillas se encuentra en Sri Lanka: la estupa conocida como Jetavanaramaya, ubicada en la antigua ciudad de Anuradhapura. Esta estructura budista, construida hace unos 1700 años, es uno de los ejemplos más espectaculares de la ingeniería ancestral y ha sido reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Una obra monumental de ladrillo
Jetavanaramaya no es una construcción menor. Con una altura que alcanzó los 122 metros, estuvo entre las estructuras más altas de su época, comparable en escala con las grandes pirámides del antiguo Egipto. Para su edificación se utilizaron decenas de millones de ladrillos de barro cocido, lo que la convierte en una de las mayores obras de este tipo jamás construidas.
El monumento tiene forma de estupa —un tipo de construcción religiosa budista que sirve como reliquiario— y su dimensión revela la ambición y la organización que caracterizaban a la antigua Anuradhapura, que fue un centro espiritual y administrativo de primer orden. Además de su función religiosa, Jetavanaramaya representaba un símbolo de poder y cohesión social en un periodo de intensa actividad religiosa.

Testigo de tensiones históricas
La historia de esta megaestructura no está exenta de conflictos. Su construcción, ordenada por el rey Mahasena, marcó una etapa de tensión entre distintas ramas del budismo en la isla, ya que el sitio fue erigido sobre terrenos de un monasterio importante de la tradición Theravada, provocando resistencia entre algunos sectores religiosos en ese momento.
Aunque hoy existen muchas estructuras más altas, Jetavanaramaya sigue siendo un ejemplo impresionante de cómo las sociedades antiguas utilizaron recursos humanos, materiales y técnicas constructivas avanzadas para crear monumentos perdurables. El complejo que la rodea también puso de manifiesto la vida monástica de miles de monjes, que vivieron, practicaron y enseñaron allí durante siglos.

A diferencia de otros sitios antiguos que se han perdido o erosionado, esta obra sigue en pie y sigue generando asombro entre historiadores y visitantes, recordándonos que el ingenio humano no tiene fronteras temporales.














