El Brasil de Lula: él busca un cuarto mandato, pero los ciudadanos lo perciben como “corrupto” y observan como “fracaso” su modelo económico
Mientras el presidente busca la reelección para su cuarto mandato, un recorrido por algunas ciudades revela una realidad que pone en dudas su deseado cuarto mandato. Desigualdad social, pobreza y contrate entre los que más y menos tienen. “Esse homem é um bandido”, dicen del presidente
El 4 de octubre, Brasil, el gigante sudamericano, elegirá autoridades nacionales. El actual mandatario, Ignacio Lula da Silva ya expresó su intención de validar su actual alquiler en el Palácio do Planalto. En caso de inscribir su candidatura y triunfar, será su cuarto mandato.
Lula no la tendrá fácil. Tiene una imagen positiva y negativa repartida en mitades según la región que se tome. Se lo sigue vinculando a los escándalos de corrupción y al mal manejo de la economía actual. Casi 50 millones de habitantes siguen bajo la línea de pobreza y entre 7 y 9 millones de personas en pobreza extrema.
Recorrer Brasil revela este y otros males. La brecha entre los que más y menos tienen está expuesta, así como el sacrificio que realizan familias enteras para sobrevivir.

Un “ladrón” rumbo a octubre
El ex líder del sindicato metalúrgico es el único político en ser elegido democráticamente en tres períodos: 2003, 2007 y 2023. “Prepárense… este país va a tener un presidente electo cuatro veces”, expresó desafiante.
Sin embargo, el mandamás del Partido de los Trabajadores (PT) no parece tenerla fácil. O al menos eso se expresa en la opinión de los ciudadanos de ese país que dialogaron en este cronista en su viaje por el estado de Rio Grande do Norte, localidad en las que están ubicadas las paradisíacas playas de Pipa, y Natal que, además, es la capital de ese estado.
Resultó como mínimo curioso, por no decir sorprendente, preguntar sobre el jefe de Estado, el primer adjetivo que surge es “ladrão” (ladrón) y el adjetivo “corrupto”.

Si bien la Justicia brasileña anuló las condenas que pesaban sobre el entonces ex-presidente por hechos de corrupción y lavado de dinero en el marco de la operación denominada “Lava Jato”, (que no es los mismo que ser declarado inocente en un juicio), el ciudadano de a pie, y así se lo dijeron en varias oportunidades a este periodista de Canal 26, lo llama: “Esse homem é um bandido”. Es decir, un delincuente o criminal.
“Lula é um político corrupto” es una de las definiciones más escuchadas entre taxistas, comerciantes, vendedores de playa, mozos y receptores locales de turismo.
Los brasileños sí destacan la presidencia número uno de Lula que inició el 1 de enero de 2023. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) entre ese año y el 31 de diciembre de 2006 más de 20 millones de personas salieron de la pobreza gracias al programa social Bolsa familia, el aumento del salario mínimo, al crecimiento económico y la expansión del empleo.
Lula consiguió la reelección, pero, según las mismas personas que dialogaron con este reportero, decepcionó a sus votantes producto de hechos de corrupción en su entorno; el retroceso de su modelo económico, la falta de reformas profundas prometidas en la campaña electoral. Así y todo, su candidata Dilma Rousseff se impuso en segunda vuelta electoral a José Serra, representante del partido de centro derecha PSDB.

El gobierno de la primera mujer en acceder a la primera magistratura en Brasil estuvo marcado por un gran escándalo sistémico de corrupción, aunque ella personalmente no fue condenada, y eso debilitó mucho su presidencia. El caso de Odebrecht, dentro de la Operación Lava Jato, estalló en su presidencia. El escándalo derivó en un Impeachment. Fue destituida en 2016 al promediar su segundo mandato en medio de una fuerte crisis política, económica y social. Fue reemplazada hasta terminar el período presidencial su vicepresidente Michel Temer. El caso de corrupción de Odebrecht, que se extendió a varios países de la región, quedó marcado a fuego en la memoria de los brasileños.
Es curioso, pero el ciudadano de ese país lo señalan a Lula y no a Dilma como corruptor.
Los negocios sucios en el gobierno socialista del PT le abrieron las puertas a la presidencia de derechista Jair Bolsonaro.
“El Trump brasileño”
Así como los que dialogaron con este medio califican a Da Silva como “corrupto”, a Bolsonaro lo señalan como “é louco e sua política econômica foi um fracasso”. Un loco cuya política económica fue un fracaso. Si bien está preso por Intento de golpe de Estado y ataques a la democracia y causas abiertas por abuso de poder político, uso indebido de medios de comunicación en el diálogo con los ciudadanos brasileños no se lo entre los “políticos chorros”.

Para ellos, el político ligado a las iglesias evangélicas protestantes “desilusionou”. Los votantes se desilusionaron porque no consiguió resolver los problemas económicos, tuvo un pésimo manejo de la pandemia del COVID-19; desalentaba el uso de las vacunas contra el nuevo coronavirus; accedió al poder con promesas anticorrupción pero luego hizo alianzas con partidos tradicionales de centro y esto se vio, según analistas locales como una contradicción; y sobre llegó con altas expectativas de mejoras económicas pero la inflación y el costo de vida no mejoraron lo suficiente.
A este coctel se suma sus enfrentamientos con el Supremo Tribunal Federal, el Congreso y la prensa. Parte del electorado se cansó del clima de tensión permanente. Su alianza con Donal Trump tampoco fue bien vista por un amplio sector de la población. Y eso se lo recuerda hoy mismo entre los ciudadanos que fastidiados del izquierdista Da Silva decidieron cambiar el voto por el derechista.
Bolsonaro expresó admiración por Trump, incluso fue llamado el “Trump brasileño”. Para colmo, tras la salida de Trump de la Casa Blanca, la administración de Estados Unidos cambio y mantuvo una relación tensa con el gobierno demócrata de Joseph Biden.
Esta combinación de factores posibilitó que en las elecciones de 2022 Lula da Silva le ganara por estrecho margen a Bolsonaro y accediera a la tercera presidencia.
Una encuesta que preocupa
La percepción que recibió este cronista par parte de los locales que dialogaban sin ningún afán político, sino para retratar la realidad de Brasil, se asemeja en mucho a la última encuesta de la consultora Datafolha difundida por diarios como Folha de Sao Pablo y O Globo, que el actual mandatario mantiene el liderazgo en intención de voto, pero el senador Flávio Bolsonaro acorta la distancia y logra un empate técnico en una eventual segunda vuelta.
Los medios locales explican que el sondeo, realizado a comienzos de marzo, refleja que el escenario electoral empieza a consolidarse con una disputa directa entre el mandatario del Partido de los Trabajadores y el hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, quien fue impulsado recientemente como candidato.
En los escenarios de primera vuelta, Lula aparece al frente con alrededor de 38% o 39% de intención de voto, mientras que Flávio Bolsonaro se ubica entre 32% y 34% según la simulación.
En el escenario considerado más probable por el instituto, el presidente obtiene 38%, frente a 32% del senador. Más atrás aparecen: Ratinho Júnior, gobernador de Paraná, con 7%; Romeu Zema, gobernador de Minas Gerais, con 4%; Renan Santos, con 3% y Aldo Rebelo, con 2%-
Además, 11% de los encuestados afirma que rechaza a todos los candidatos y 3% dice que todavía no sabe a quién votará.
El sondeo confirma que la disputa electoral en Brasil vuelve a organizarse alrededor de la fuerte polarización política que domina el escenario desde las elecciones de 2018. El perfil del electorado muestra patrones similares a los de los últimos años.
Lula mantiene mayor respaldo entre votantes del nordeste del país, personas con menor nivel educativo, sectores de ingresos más bajos y electores católicos. Entre quienes ganan hasta dos salarios mínimos, el presidente alcanza un 42% de intención de voto.
Por su parte, Flávio Bolsonaro obtiene sus mejores resultados entre los votantes evangélicos, donde llega al 48%, así como entre electores del sur de Brasil y habitantes de las regiones norte y centro-oeste. Se trata, en gran medida, de territorios y segmentos sociales que ya habían respaldado con fuerza a su padre, durante su paso por el poder.
Brasil margina a una buena parte de su población. Y eso se observa al caminar los por fuera de los circuitos turísticos. Familias enteras que viven una vida penosa recolectando cangrejos en los manglares que después son vendidos en los restaurantes de la zona; o poniendo el cuerpo en pequeñas barcazas abiertas llamadas “chalana” para cruzar ríos o bahías transportes locales de vehículos ligeros o buggys.
Una recorrida por el Brasil de Lula
En ciudades como Natal, la desigualdad social está expuesta a primera vista. Morros con casas precarias y delante, compartiendo el mismo sector, fastuosos edificio y residencias frente a las playas valuadas entre 1 y 5 millones de dólares.
La playa de Ponta Negra, por ejemplo, destaca por su icónico Morro do Careca (colina calva), allí se ofrecen departamentos de lujo con vistas espectaculares. Las zonas exclusivas cerca del mar. Pero en zonas aledañas, las viviendas son precarias y los pobladores se ganan la vida vendiendo agua de coco y otras bebidas y comidas típicas a los turistas, este año, en gran parte, argentinos. También hay restaurantes de lujo y hoteles cinco estrellas.
En Natal se ubica el famoso Puente Newton Navarro, es una zona de desarrollo de alto nivel que interacciona las ostentosas propiedades de sus contrasta con las del icónico Morro do Careca que se encuentra en el extremo opuesto de la ciudad.
Los lugares más carenciados y con mayores índices de vulnerabilidad social en Natal se concentran en las periferias y zonas de ocupación informal, destacando barrios como Felipe Camarão, Bom Pastor, Nordeste, Lagoa Azul (zona norte) y Planalto. Estas áreas presentan desafíos estructurales, a diferencia de las zonas turísticas como Ponta Negra.
En la vera de las calles, los adolescentes se aproximan a los turistas, al igual que en Pipa, para ofrecer droga, por lo general marihuana.
En las esquinas también montan barras de tragos al aire libre. En Natal, más que en Pipa, la ostentación, la abundancia, interacciona con la pobreza, en lugares extrema. Es parte del Brasil pujante y decadente que administra Lula. Da Silva, junto al desprestigiado colombiano Gustavo Petro, el único gobernante de izquierda de América del Sur. Una región que ya viró a la derecha:
En Argentina gobierna el libertario Javier Milei; en Chile José Antonio Kast; en Uruguay el centroderechista Luis Lacalle Pou; en Paraguay, Santiago Peña, en Ecuador, Daniel Noboa; en Perú, José Jerí y en Bolivia, Rodrigo Paz.
Las de octubre será una elección clave. Lula da Silva, si decide presentarse (los analistas políticos brasileños afirman que sí) mantendrá el poder y las banderas pro-Palestina y antiimperialista en el país más poderoso del sur del continente americano; o la derecha, con el hijo de Bolsonaro, plantara la bandera que volverá a alinear a ese país con Donald Trump, con la Argentina de Milei y el Chile de Kast como ya anticipó.
Los brasileños observan con desdeño a los inquilinos del Palácio do Planalto. Francisco un hombre que vive del turismo receptivo resumió como ninguno el sentir de los ciudadanos de ese país: “A cada quatro anos votamos para dar carta branca a um político e sua família para que façam negócios. Negócios pessoais sem pensar no povo.
Traducción del portugués: “Cada cuatro años votamos para darle carta blanca a un político y su familia para que haga negocios. Negocios personales sin pensar en el pueblo”.














