Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: REUTERS/Leah Millis.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto: REUTERS/Leah Millis.

Siempre parecen ser horas decisivas cuando se desarrolla un conflicto bélico de tamaña magnitud como el que se lleva a cabo en Oriente Medio. Pero esta vez, probablemente la afirmación no sea una exageración y los anuncios de esta noche del presidente estadounidense, Donald Trump, puedan catalogarse como un punto de quiebre en esta guerra.

O quizá no, y simplemente sean más palabras que se sumen a las ya dichas por él y por las principales autoridades iraníes, en esta especie de “tire y afloje” y “fuego dialéctico cruzado”, que mientras unos dicen una cosa, el bando contrario la desmiente.

Esa fue un poco la tónica de las últimas semanas con las declaraciones tanto de EE.UU. como de Irán. Incluso, en un tema tan sensible como el de si había o no tregua entre ellos, tampoco se pusieron de acuerdo y, mientras Trump afirmaba que sí, los líderes iraníes lo desacreditaban y desmentían.

¿Esta vez será diferente? ¿Esta vez habrá un anuncio clave para la guerra?

Por supuesto que Trump está delimitando los próximos pasos militares de su Ejército en Medio Oriente. Buscando aliados y territorios estratégicos, con el estrecho de Ormuz entre ceja y ceja, pese a que el propio republicano afirmó que cuando EE.UU. “finalice la guerra”, ya este paso marítimo no será problema de Washington, sino que las potencias europeas deberán encargarse de liberarlo.

El otro actor de peso que quiere convertirse en protagonista es China, que también propone liberar el estrecho de Ormuz a cambio de una tregua seria.

Sabido es que Pekín es el principal comprador de petróleo de Irán, lo que le otorga una voz autorizada frente al régimen islamista. Pero quizá ahora cambió parte de su posicionamiento estratégico, que hasta el momento era de apoyo logístico y en inteligencia para con los ayatolás iraníes, y China busque convertirse en el paladín de las negociaciones indirectas entre Washington y Teherán. Cosas de la geopolítica, intereses propios de los poderosos.

Bandera de Estados Unidos; bandera de China. Foto: Reuters.
¿China podrá mediar en el conflicto entre Irán y EE.UU.?

Está claro que la propuesta de 15 puntos que EE.UU. le entregó a Pakistán para que se la presente a Irán fue de un fracaso tajante. Pero nada que no fuese previsible: desde el punto de vista iraní, aquellas propuestas eran imposibles de ser cumplidas, y EE.UU. lo sabía.

Por tanto, los canales diplomáticos hoy no están abiertos, aunque tampoco completamente cerrados. Trump afirma que en “dos o tres semanas” se termina la guerra, pero luego se contradice al afirmar que cesarán los ataques “cuando consideremos que han sido devueltos a la Edad de Piedra por un largo periodo de tiempo y que no desarrollarán un arma nuclear; entonces nos marcharemos. Tengamos o no un acuerdo, es irrelevante”.

Donald Trump afirma que "en dos o tres semanas" acaba la guerra en Irán. Foto: REUTERS

Si China, con su influencia sobre los ayatolás y sus intenciones de convertirse en el juez de las partes, puede hacer que el estrecho de Ormuz quede desbloqueado y se retire la Guardia Revolucionaria de Irán, claramente la situación caótica y confusa de los mercados respecto de la cotización del petróleo quedaría solucionada, o en vías de, algo que, por más que no lo quiera admitir, celebraría el propio Estados Unidos.

Mientras tanto, los conflictos siguen, los bombardeos contra la población también. Los muertos, los heridos, los desplazados, los refugiados. Todos ellos sufriendo, a la espera de los anuncios que Donald Trump dé esta noche, que todos desean que sean auspicios y terminen con este suplicio.