Fusionando pueblos con sabores: el paraje oculto que celebra la fiesta de la tortita negra a dos horas de CABA

En el último tiempo, lo que llamamos “las afueras de Buenos Aires” cobraron una gran importancia para el turismo, convirtiéndose en un lugar ideal para quienes buscan paz y tranquilidad. En ese sentido, aparecieron varios parajes que estaban ocultos, pero que esconden una belleza única, digna de conocer alguna vez en la vida, y algunos de ellos, tienen algunas tradiciones especiales, como por ejemplo celebrar la fiesta de la tortita negra.
A pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra Berdier, un pequeño pueblo rural escondido con apenas 200 habitantes que, pese a su tamaño, le rinde homenaje a la tortita negra con una fiesta cada año. Es una tradición para fomentar la actividad económica y preservar la cultura, ya que llegan turistas de diferentes localidades bonaerenses.
Además, se realizan también diversas muestras de productos regionales, con puestos de artesanías y música en vivo, que crean un ambiente festivo que invita a quedarse y disfrutar de la hospitalidad del pueblo bonaerense. El evento se lleva a cabo a fin de noviembre, aunque todavía no hay una fecha establecida.

Berdier, un pueblo escondido que celebra la fiesta de la tortita negra
Cada año, Berdier celebra con orgullo su fiesta de la tortita negra, un encuentro que homenajea a este clásico de la panadería argentina. La factura, con su esponjosa masa y la crujiente capa de azúcar negra, es uno de los productos más icónicos que sobrevivieron en la mesa de los argentinos por generaciones.
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Durante la fiesta, los visitantes pueden probar versiones caseras de tortitas negras, y aprender los secretos de su preparación a través de talleres dictados por las familias del pueblo. Además, la celebración incluye una competencia en la que se elige la “mejor tortita negra” del año.

Berdier se encuentra a unos 150 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, lo que lo convierte en una escapada ideal de fin de semana. Además de ser un viaje relativamente corto, ofrece un paisaje campestre que sirve para ambientarse al pueblo y desconectar del ritmo acelerado de la ciudad.
Si bien es un lugar pequeño, el pueblito cuenta con un encanto único y una de las principales atracciones es su estación de tren, una reliquia de la época dorada de los ferrocarriles en Argentina, que posee una gran historia. Aunque ya no está en funcionamiento, la estación es un símbolo del pasado próspero del pueblo y un sitio perfecto para los aficionados a la fotografía.

Para quienes buscan conectar con la naturaleza, Berdier ofrece lugares para pasear a pie, en bicicleta o incluso a caballo. En cuanto a la gastronomía, el pueblo tiene varias ofertas, además de una cervecería artesanal abierta en un vagón del subte porteño, que remonta a 1938.