Entre la crecida del mar y las carpas, no hay playa en Mar del Plata: el enojo de turistas y vecinos
Las imágenes más impactantes llegaron desde Playa Grande, donde el agua avanzó hasta la línea de carpas y sombrillas, sorprendiendo a turistas y concesionarios.
Mar del Plata dio inicio a la temporada de verano envuelta en una fuerte controversia: la reducción del espacio de playa pública frente al avance de los balnearios privados. A este escenario, que ya genera malestar entre turistas y vecinos, se sumó un factor natural que agravó la situación: la pleamar, es decir, el punto más alto que alcanza el mar dentro del ciclo de mareas.
En los últimos días, ese fenómeno se vio intensificado por una sudestada, con vientos persistentes del sur y sudeste que empujaron el agua hacia la costa. Este efecto elevó el nivel del agua por encima de lo habitual y, como consecuencia, el mar avanzó sobre la franja de arena seca, el sector donde tradicionalmente se instalan los veraneantes y se ubican las carpas.
La situación quedó reflejada en las redes sociales, donde las imágenes muestran a la emblemática Playa Grande con el agua prácticamente pegada a las carpas, dejando sin espacio disponible a quienes no pagan por una sombrilla o un lugar en los balnearios.
Allí, durante el pico de la marea alta, el mar avanza sin obstáculos y termina ocupando casi toda la superficie de playa pública, reforzando el debate sobre el acceso al espacio costero en uno de los destinos turísticos más importantes del país.
A este panorama se suma el alto costo de las carpas, que en plena temporada resultan inaccesibles para muchos turistas. Frente a esos precios, una gran parte de los visitantes se ve obligada a optar por la playa pública, pero allí el espacio es cada vez más reducido: entre el avance del mar y la ocupación privada de la costa, encontrar un lugar libre para instalar una reposera o una sombrilla se vuelve una tarea casi imposible.
Las zonas más afectadas por la pleamar en Mar del Plata
El avance del mar no se limitó a achicar la superficie disponible para el disfrute de los turistas, sino que también dejó a su paso daños materiales en distintos sectores de la costa marplatense. La combinación de marea alta y fuertes vientos generó un escenario de mayor exposición para las instalaciones ubicadas sobre la arena.
Las zonas del sur de la ciudad fueron algunas de las más afectadas. Allí, la fuerza del oleaje impactó de lleno sobre los balnearios y provocó la rotura y el desarme de varias carpas, que no resistieron el empuje constante del agua.
Además, la infraestructura de seguridad también quedó comprometida. En distintos puntos, el nivel del mar llegó a superar las garitas de los guardavidas, rodeando e incluso aislando las estructuras donde trabaja el personal encargado de la vigilancia, lo que encendió señales de alerta sobre la vulnerabilidad de estos espacios frente a este tipo de fenómenos.


















