Nacía Twitter, Messi aún no brillaba y el dólar valía $3: así era el mundo cuando Arsenal jugó su última final de Champions League
El 17 de mayo de 2006, el Arsenal jugó la única final de Champions League de su historia y cayó ante el Barcelona en París. Aquella noche condensó algo más que una frustración deportiva: fue el reflejo de un fútbol y de un mundo que, veinte años después, parecen irreconocibles.

El 17 de mayo de 2006, el Arsenal de Inglaterra llegó por primera y única vez a las puertas de la gloria europea, pero se volvió con las manos vacías. En el Stade de France, perdió 2-1 frente al Barcelona una final de UEFA Champions League que empezó soñada y terminó con sabor amargo para el equipo de Arsène Wenger. Mucha agua corrió bajo el puente. Jugadores, técnicos y dirigentes pasaron por la institución londinense, que 6 días después de la final cambiaría de estadio, pero como dice el tango: “veinte años no es nada”.
Con Thierry Henry como estandarte y un récord impecable camino a París, los Gunners se pusieron en ventaja con un cabezazo de Sol Campbell, incluso después de la temprana expulsión del arquero Jens Lehmann. Pero el fútbol, como la historia, no siempre premia al más romántico: Eto’o y Belletti dieron vuelta el resultado en el segundo tiempo.

Si se puede asegurar que el fútbol cambió. Aquella final no tuvo VAR, pausa de rehidratación ni show de medio tiempo. Los partidos se seguían por la tele o se recurría al diario para chequear el resultado, el Promiedos de la época.
Cómo era el mundo en 2006, la última vez que Arsenal jugó una final de Champions League
En 2006, el mundo digital era incipiente. Twitter se lanzó pocos meses después con mensajes de 140 caracteres, Facebook recién empezaba a salir del ámbito universitario y YouTube llevaba menos de un año online. Instagram, TikTok y el streaming masivo aún no existían. Los jugadores gritaban los goles y no “farmeaban” aura.
En la Argentina, el contexto también era otro. El país transitaba la recuperación posterior a la crisis de 2001, con Néstor Kirchner en la presidencia. El dólar rondaba los 3 pesos y la inflación oficial se mantenía cerca del 10% anual.
En el plano deportivo global, ese mismo año quedó marcado por el Mundial de Alemania 2006, con Italia campeón, el recordado cabezazo de Zinedine Zidane a Materazzi y Miroslav Klose como goleador. Los argentinos recordamos a Pekerman, el cambio de Riquelme por Cambiasso y a Lionel Messi en el banco.
Hablando de la Pulga, por ese entonces tenía no más que 19 años, y ya comenzaba a regar las canchas españolas con su inagotable jerarquía. Sin embargo, no sería uno de los protagonistas del equipo catalán en aquella jornada definitoria y no sumó minutos durante la final.
En los cines arrasaban Piratas del Caribe 2 y El Código Da Vinci; en la radio sonaba Shakira, Coldplay y Crazy, de Gnarls Barkley. Lost y Doctor House reinaban en la tele. No existía Netflix, Spotify e internet venía a democratizar los contenidos culturales.
Los Gunners, en busca de la gloria eterna en Budapest
Dos décadas más tarde, de aquel Arsenal no queda nada. Arsène Wenger, el entrenador de aquella final, dejó el cargo en 2018 tras 22 años y hoy ocupa un rol en la FIFA, alejado del día a día del club Gunner. Thierry Henry, capitán y figura de ese equipo, tuvo pasos como entrenador y asistente en otros clubes y selecciones, pero nunca volvió al Arsenal. Sol Campbell, Robert Pirès, Freddie Ljungberg, Gilberto Silva, Kolo Touré, Cesc Fàbregas, Jens Lehmann y Emmanuel Eboué siguieron caminos diversos, pero ninguno integra actualmente la estructura del club.
Muchos años después y frente al pelotón de jugadores que les dio otra alegría, los hinchas del Arsenal habrán de recordar el día que los comandados por Wenger los llevaron a las puertas de la gloria europea. Esta vez, esperan poder entrar y grabar su nombre en la plata brillante de La Orejona, de la mano de su flamante entrenador, Mikel Arteta.











