Robbie Williams en su visita a Argentina en 2004.
Robbie Williams en su visita a Argentina en 2004. Foto: Gentileza CEDOC Perfil

Robbie Williams, que acaba de anunciar un show en Argentina en octubre, visitó el país por primera vez en 2004, en una gira promocional que lo tuvo dando vueltas por los principales programas de TV y radio de ese momento, aunque la mayoría del tiempo lo pasó encerrado en la Mansión del hotel Four Seasons. A los 30 años, el artista recogía los frutos del éxito. Pasó cuatro días en Buenos Aires, prácticamente metido entre cuatro paredes del alojamiento, completamente cercado por las fans que lo acosaron constantemente. Pensaba ir a ver un partido River-Independiente, pero tuvo que verlo por TV. Para entretenerse visitaba el lobby del hotel y charlaba con los otros huéspedes.

Había llegado al país en su jet privado, proveniente de Brasil y con un séquito de 21 personas entre músicos, productores, managers y un peluquero, para promocionar su disco “Greatest Hits” y hacer seis temas en “El Show de Videomatch”, en Telefe. También visitó a Mario Pergolini en la Rock & Pop, solo para brindar una entrevista.

Durante la conferencia de prensa que dio y de la que pude participar, el británico reveló que miró el partido por televisión. "Ustedes tienen muy buenos jugadores. Ese rubio, ¿cómo se llama?, ¿Maxi López? Y el otro Fernández (por Gastón ‘La Gata’ Fernández). Son realmente muy buenos, son grandes jugadores de fútbol”, reveló.

Lo cierto es que se le complicaba la salida del Four Seasons pues las admiradoras fueron convocadas por FM Hit a la esquina del hotel, eran cientos y su histeria evitó que el inglés concurriera a ver el clásico futbolero.

Robbie Williams en su visita a Argentina en 2004. Foto: Gentileza CEDOC Perfil

Una idea que terminó mal

A la producción de FM Hit no se le ocurrió mejor idea que convocar a los fans de Williams en la esquina de Cerrito y Posadas, a metros del hotel, con su estudio móvil comandado por Daisy May Queen. La propuesta fue pasar en continuado el éxito de Robbie “Angels”. Sí, terminaba y volvía a empezar en un loop de todo el día.

Cada vez se juntaban más fans en la esquina, mientras el artista mantenía perfil bajo. Yo lo estaba siguiendo para revista La Semana junto a tres fotógrafos. Desde la calle Cerrito se divisaba algo de la Mansión, pero no al cantante, mientras en la esquina con Posadas seguían pasando su canción insignia de ese momento.

Robbie Williams. Foto: Instagram @robbiewilliams
Robbie Williams. Foto: Instagram @robbiewilliams

Llevábamos horas esperando que saliera a saludar sin que pasara nada. Cada tanto yo hablaba con el jefe de prensa de la discográfica (Emi Odeon), insistiéndole con que se mostrara, pero Williams seguía guardado en la gran casona mirando tele.

Cada vez había más fans, cientos, cantando en la esquina y esperando verlo. Ya empezaba a bajar el sol y yo tenía la misión de lograr una foto para la portada de la revista. Así que volví a hablar con el encargado de prensa y directamente le pedí que Robbie saliera a saludar. Nunca imaginé lo que iba a pasar después.

El inolvidable saludo final de Robbie

Cada tanto mirábamos el balcón circular de la Mansión a la espera de un milagro que se hacía desear. De pronto vimos cómo colocaban dos tablones verticales en los laterales del balcón. “Va a salir”, pensé y les avisé a los fotógrafos para que estuvieran listos. Estábamos ubicados sobre Cerrito, en la vereda de enfrente del hotel. Ahí las paredes de las casonas tienen huecos hacia adentro, como entradas de garage anuladas.

Robbie Williams durante su primera visita a la Argentina. Foto: Gentileza CEDOC Editorial Perfil

Y finalmente Robbie salió, vestido con la camiseta de la Selección Nacional. En ese momento de caos y emoción todas las chicas que estaban en la esquina se vinieron corriendo hacia nuestra posición, aullando por el ídolo. Llenaron la calle de amor y excitación. Eran tantas que nos aplastaron contra la pared de enfrente de la Mansión, literal, y hasta se subieron a los techos de los autos que estaban estacionados.

Querían ver mejor pero terminaron venciendo el techo de los vehículos de tantas que eran. Directamente se desplomaron los techos y las chicas cayeron al suelo.

En ese fragor me empujaron junto a otros colegas hacia adentro de un hueco bajo de garage, donde quedé aprisionada durante todo el tiempo que el ídolo estuvo saludando.

Fueron minutos que parecieron eternos: me faltaba el aire y la presión de la muchedumbre sobre el pecho era insoportable. Fue terrible e inolvidable aún más de 20 años después.

Robbie Williams durante su primera visita a la Argentina. Foto: Gentileza CEDOC Editorial Perfil

El resto es historia: Williams, fiel a su estilo de 20 años atrás, salió y saludó. Después se dio vuelta y se bajó los pantalones mostrando el trasero. Las fotos dieron la vuelta al mundo y yo tuve mi tapa, aunque casi no vivo para firmar la nota.

Dos años después volvió a Argentina e hizo dos shows inolvidables en River Plate, vendiendo 90.000 entradas que marcaron un récord. Esa fue la última vez que cantó para nosotros. Por suerte vendrá este año por tercera vez. Todo llega. Robbie también.