Quién es Ali Jameneí, por qué tiene tanto poder en Irán y cuál es su enfrentamiento con Estados Unidos
El líder supremo iraní intenta reforzar su discurso antioccidental, atribuyendo a Washington el origen de las protestas internas y señalándolo como una amenaza externa que busca desestabilizar al país, al mismo tiempo que procura contener las crecientes movilizaciones que cuestionan su liderazgo y presionan al régimen.

Desde hace varios días, Ali Jameneí concentra la atención internacional debido a que, mientras que Donald Trump asegura que “es el momento de buscar un nuevo liderazgo en Irán” que acabe con los casi 37 años de mandato del líder supremo, el presidente iraní Masud Pezeshkian afirma que cualquier ataque contra el ayatolá será considerado como una declaración de guerra. La tensión externa se combina con un clima interno marcado por protestas y expresiones de descontento social, que vuelven a poner en debate la continuidad del liderazgo en Teherán.
Nacido en 1939 y con 86 años, Ali Hoseini Jameneí ejerce el cargo desde 1989 y tuvo un papel central en la Revolución Islámica durante la década anterior. En esos años ocupó distintos puestos de relevancia hasta ser elegido presidente en 1981, función que desempeñó hasta 1989. Tras la muerte de Ruhollah Jomeiní, fue designado líder supremo de Irán.

Jameneí nació y se crió en el seno de una familia profundamente ligada a la religión: su padre, Seyyed Javad Jameneí, era un clérigo respetado, aunque de modestos recursos. Desde muy joven recibió formación religiosa, con estudios del Corán y de la literatura islámica. A los 11 años inició su educación clerical formal en centros de Mashhad, Najaf y Qom, y llegó a ser discípulo del ayatolá Ruhollah Jomeiní.
Un aspecto clave de su linaje es que la familia Jameneí pertenece a los sayyids, quienes sostienen descender del profeta Mahoma a través del cuarto imán chiita, Ali ibn Husayn Zayn al-Abidin. Este origen, conocido como Sadat-e Hosseini, le aporta una legitimidad religiosa adicional dentro del sistema teocrático iraní.
Desde su llegada al poder, Jameneí se convirtió en el principal arquitecto de la política exterior iraní, marcada por una postura abiertamente confrontativa con Occidente y por el respaldo a grupos islamistas radicalizados. En paralelo, impulsó la expansión de la denominada Oficina del Líder Supremo, que funciona como una estructura burocrática paralela al gobierno, y otorgó mayores atribuciones y margen de acción al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica dentro del propio territorio iraní.
Ali Jameneí, uno de los principales enemigos de Estados Unidos
“Es el momento de buscar un nuevo liderazgo en Irán”, declaró Donald Trump luego de que Jameneí responsabilizara al estadounidense de las víctimas y los daños sufridos en las movilizaciones de las últimas semanas que, según él, fueron un “complot” de Washington para “devorar a Irán”.
Trump amenazó con atacar el país persa si morían más personas cuando el recuento de muertos era de siete y más tarde afirmó que “va ayuda en camino”, lo que muchos interpretaron como un aviso de intervención en la República Islámica. Aunque todavía no sucedió, no sería la primera vez que Estados Unidos se mete en los asuntos de Irán, dado que en junio de 2025 llevó a cabo un ataque directo contra instalaciones nucleares iraníes, en una acción sin precedentes desde al menos cuatro décadas.

La ofensiva, conocida como Operación “Martillo de Medianoche”, consistió en bombardeos contra tres importantes complejos del programa nuclear de Irán: Fordo, Natanz e Isfahán. La Casa Blanca afirmó que la operación fue “exitosa” y que la infraestructura de enriquecimiento de uranio había sufrido daños significativos, con el objetivo de frenar cualquier avance hacia una posible arma nuclear.
Este bombardeo marcó una escalada dramática en las relaciones entre Washington y Teherán y alimentó las advertencias desde Irán -incluidas las de Jameneí- de que cualquier ataque directo contra su territorio o su liderazgo podría ser interpretado como una declaración de guerra, complicando aún más el panorama diplomático y estratégico en la región.
En la actualidad, el régimen iraní enfrenta además un escenario interno cada vez más tenso, con protestas que se repiten en distintas ciudades y reflejan un creciente malestar social por la situación económica y las restricciones políticas. Aunque las autoridades intentan presentar las movilizaciones como una injerencia extranjera, los reclamos exponen fisuras dentro del país y suman presión sobre el liderazgo de Jameneí, en un contexto de fuerte confrontación con Estados Unidos y de máxima atención internacional sobre el futuro de Irán.
Protestas en Irán contra Ali Jameneí
Las movilizaciones comenzaron el 28 de diciembre cuando comerciantes de Teherán cerraron sus negocios por la caída del rial, pero pronto se expandieron por todo el país con gritos de “Muerte a la República Islámica” y “Muerte a Jameneí”.
Las protestas se fueron expandiendo hasta que el jueves 8 de enero y el viernes 9 enero llegaron a su momento álgido con una explosión de manifestaciones en prácticamente todo Irán, que derivaron en la destrucción de 250 mezquitas y más de 250 centros educativos y científicos. También se reportaron daños a instalaciones del sector eléctrico, bancos, complejos sanitarios y tiendas de productos básicos.
Teherán sostiene que las protestas económicas se tornaron violentas por la infiltración de agentes externos apoyados por Israel y Estados Unidos para justificar una intervención militar de Washington, que no se produjo hasta ahora. El líder supremo de Irán afirmó que varios miles” de personas murieron en las protestas, de las que responsabilizó a Donald Trump.










