F‑16 para la Fuerza Aérea y Strykers para el Ejército: ¿qué pasa con los submarinos para la Armada?
Argentina avanza en la modernización de sus Fuerzas Armadas con la llegada de los F‑16 y los vehículos Stryker, pero una duda clave sigue abierta: ¿cuándo volverá el país a tener submarinos tras la pérdida del ARA San Juan? Las expectativas crecen mientras el Gobierno evalúa alternativas y el escenario geopolítico regional se acelera.
En los últimos años, Argentina dio pasos importantes para fortalecer sus capacidades militares, con la incorporación de 24 cazas F‑16 Fighting Falcon y la compra de vehículos blindados Stryker para el Ejército. Estas decisiones buscan apuntalar una política de defensa más sólida bajo la premisa de “Fuerzas Armadas robustecidas”, donde el equipamiento vuelve a ocupar un rol central en la planificación estratégica del país. Sin embargo, mientras la aviación y el Ejército avanzan en modernización, surge una pregunta inevitable: ¿qué ocurre con los submarinos de la Armada?
Tras la tragedia del ARA San Juan, último submarino operativo que tuvo Argentina, el país quedó sin capacidad submarina para custodiar su extenso territorio marítimo. La pérdida marcó un antes y un después en la Armada: desde entonces, distintos especialistas remarcan que recuperar este sistema de armas es indispensable para ejercer soberanía en el Atlántico Sur. La vigilancia, el patrullaje y la disuasión dependen, en gran medida, de contar con unidades submarinas modernas.
Qué pasa con los submarinos
En ese contexto, la discusión sobre el futuro de la flota resurgió con fuerza a partir de definiciones políticas recientes. En noviembre de 2025, el presidente Javier Milei habló con el medio francés Public Sénat y dejó abierta la posibilidad de adquirir submarinos y buques a Francia, un gesto que generó expectativa dentro de la Armada Argentina. El comentario tomó mayor relevancia considerando que, en el mismo período, Brasil presentó su cuarto submarino Scorpène, parte de un ambicioso programa con Naval Group, lo que elevó la presión regional por modernizar capacidades navales.
A pesar del interés expresado por el Gobierno, los avances concretos parecen todavía difusos. El 9 de febrero de 2026, la Oficina de Respuesta Oficial desmintió una versión que circulaba en medios nacionales y que aseguraba que ya existía una negociación formal para comprar submarinos a Naval Group. La rectificación bajó las expectativas inmediatas, aunque no cerró la puerta a futuras gestiones. La necesidad sigue vigente y las conversaciones podrían retomarse cuando exista un marco financiero adecuado.
Mientras tanto, la modernización del resto de las fuerzas continúa. La llegada de los F‑16 restituyó la capacidad supersónica perdida durante décadas y permitió a la Fuerza Aérea iniciar una nueva etapa operativa. En paralelo, el Ejército avanza con la modernización de los TAM 2C A2 y la incorporación de varios lotes de Strykers, lo que implica un salto significativo en movilidad y protección para las tropas. Este reimpulso coloca a Argentina en un nuevo escenario regional, donde empieza a recuperar terreno en materia de defensa.
Un paso clave para Argentina
Sin embargo, para completar ese proceso, el país debe resolver una cuestión estratégica: volver a tener submarinos. El Atlántico Sur es una zona prioritaria y recuperar la presencia naval bajo el agua es clave para reforzar la defensa integral. Si bien hoy no hay anuncios oficiales, las señales políticas recientes indican que el tema está en la agenda. El desafío será encontrar el equilibrio entre prioridades militares, disponibilidad presupuestaria y alianzas estratégicas.
Argentina ya recuperó el poder decisivo en el aire y en tierra. El próximo paso, inevitable, es definir su futuro bajo el mar.