Escapadas al nordeste de Brasil: tres playas paradisíacas donde el mar y la paz caminan de la mano
Tibau do Sul, Ilhéus y São Miguel dos Milagres forman un mapa alternativo para quienes buscan calma y algo más que sol. Conocé las diferentes virtudes que las convierten en un destino único para visitar durante las vacaciones de verano 2026.

Brasil es tan grande que siempre guarda rincones fuera del radar. Lugares que no compiten por likes ni multitudes, y que se descubren despacio. En el nordeste del país, Tibau do Sul, Ilhéus y São Miguel dos Milagres forman un mapa alternativo para quienes buscan playas hermosas, calma y algo más que sol.
Tibau do Sul

Llegar a Tibau do Sul no es rápido: hay que volar hasta Natal y seguir por ruta una o dos horas más. En total, entre 12 y 14 horas de viaje. Pero esa distancia funciona como un filtro: menos gente, menos ruido y una sensación de tranquilidad que se nota apenas se pisa el lugar. El municipio combina mar abierto, lagunas y pequeñas localidades como Pipa, su punto más conocido.
El ritmo es otro. El día empieza temprano, con el sol arriba antes de las cinco de la mañana, y se apaga antes de las seis de la tarde. Las calles se recorren sin apuro, entre vecinos a la sombra, charlas largas y frutas frescas sobre mesas improvisadas: cocos, mangos, todo cercano y simple.
Uno de los secretos mejor guardados es la laguna Guaraíras, un espejo de agua donde se mezclan lo dulce y lo salado. Desde ahí salen paseos en barco para ver delfines o simplemente flotar con música y algo frío en la mano. Cuando baja la marea, aparecen bancos de arena que se convierten en islotes: sillas, mesas, almuerzos con los pies en el agua y platos abundantes de arroz, camarones y frijoles.
Ilhéus

Más al sur, Ilhéus ofrece otra experiencia. Con más de 70 kilómetros de litoral, combina descanso y aventura. Hacia el sur hay resorts, playas amplias y servicios pensados para relajarse. Hacia el norte, el paisaje se vuelve más salvaje: ríos que llegan al mar, senderos y zonas preservadas.
Su casco histórico suma una dimensión cultural fuerte. La ciudad está marcada por el cacao, que fue motor económico durante décadas y hoy reaparece en forma de chocolate artesanal. Muchas haciendas permiten recorrer todo el proceso, del grano a la barra.
A eso se suman los escenarios de las novelas de Jorge Amado, como el Bataclan o el Bar Vesúvio, donde ficción y realidad se mezclan sin esfuerzo. Y la mesa completa el viaje: moquecas, pescados frescos y postres donde el chocolate manda.
São Miguel dos Milagres

Por último, São Miguel dos Milagres (Alagoas), es sinónimo de calma. Un pueblo pequeño, de escala humana, con playas de arena blanca y aguas transparentes.
Cuando baja la marea, aparecen piscinas naturales para hacer snorkel entre peces de colores. No hay grandes paradores ni música fuerte: el encanto está en lo simple.
Los paseos en jangada, embarcaciones tradicionales, llevan hasta bancos de arena que surgen en medio del mar. La sensación es estar suspendido entre agua turquesa y silencio. Milagres no promete adrenalina: promete tiempo. Y eso, hoy, es un lujo.



















