São Miguel dos Milagres, Brasil.
São Miguel dos Milagres, Brasil. Foto: Visit Brasil

Brasil es tan grande que siempre guarda rincones fuera del radar. Lugares que no compiten por likes ni multitudes, y que se descubren despacio. En el nordeste del país, Tibau do Sul, Ilhéus y São Miguel dos Milagres forman un mapa alternativo para quienes buscan playas hermosas, calma y algo más que sol.

Tibau do Sul

Tibau do Sul, Brasil. Foto: Visit Brasil

Llegar a Tibau do Sul no es rápido: hay que volar hasta Natal y seguir por ruta una o dos horas más. En total, entre 12 y 14 horas de viaje. Pero esa distancia funciona como un filtro: menos gente, menos ruido y una sensación de tranquilidad que se nota apenas se pisa el lugar. El municipio combina mar abierto, lagunas y pequeñas localidades como Pipa, su punto más conocido.

El ritmo es otro. El día empieza temprano, con el sol arriba antes de las cinco de la mañana, y se apaga antes de las seis de la tarde. Las calles se recorren sin apuro, entre vecinos a la sombra, charlas largas y frutas frescas sobre mesas improvisadas: cocos, mangos, todo cercano y simple.

Uno de los secretos mejor guardados es la laguna Guaraíras, un espejo de agua donde se mezclan lo dulce y lo salado. Desde ahí salen paseos en barco para ver delfines o simplemente flotar con música y algo frío en la mano. Cuando baja la marea, aparecen bancos de arena que se convierten en islotes: sillas, mesas, almuerzos con los pies en el agua y platos abundantes de arroz, camarones y frijoles.

Ilhéus

Ilhéus, Brasil. Foto: Visit Brasil

Más al sur, Ilhéus ofrece otra experiencia. Con más de 70 kilómetros de litoral, combina descanso y aventura. Hacia el sur hay resorts, playas amplias y servicios pensados para relajarse. Hacia el norte, el paisaje se vuelve más salvaje: ríos que llegan al mar, senderos y zonas preservadas.

Su casco histórico suma una dimensión cultural fuerte. La ciudad está marcada por el cacao, que fue motor económico durante décadas y hoy reaparece en forma de chocolate artesanal. Muchas haciendas permiten recorrer todo el proceso, del grano a la barra.

A eso se suman los escenarios de las novelas de Jorge Amado, como el Bataclan o el Bar Vesúvio, donde ficción y realidad se mezclan sin esfuerzo. Y la mesa completa el viaje: moquecas, pescados frescos y postres donde el chocolate manda.

São Miguel dos Milagres

São Miguel dos Milagres, Brasil. Foto: Visit Brasil

Por último, São Miguel dos Milagres (Alagoas), es sinónimo de calma. Un pueblo pequeño, de escala humana, con playas de arena blanca y aguas transparentes.

Cuando baja la marea, aparecen piscinas naturales para hacer snorkel entre peces de colores. No hay grandes paradores ni música fuerte: el encanto está en lo simple.

Los paseos en jangada, embarcaciones tradicionales, llevan hasta bancos de arena que surgen en medio del mar. La sensación es estar suspendido entre agua turquesa y silencio. Milagres no promete adrenalina: promete tiempo. Y eso, hoy, es un lujo.