El pueblo de las diagonales a 95 km de Capital que encanta a los jubilados
Tranquilo, histórico y rodeado de naturaleza, este pequeño paraíso bonaerense sorprende con su estación ferroviaria detenida en el tiempo, su cervecería en un vagón y un ritmo perfecto para quienes buscan descanso absoluto.

Berdier, el pueblo verde de las diagonales a 95 km de Capital, que es perfecto para jubilados y escapadas tranquilas. A solo 95 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires existe un destino que todavía conserva la calma de otro tiempo. Se llama Berdier, un pequeño pueblo perteneciente al partido de Salto, ubicado a poco más de 10 kilómetros de la ciudad cabecera. Fundado el 15 de febrero de 1910 sobre tierras donadas por Hortensia y Corina Berdier, alcanzó en su época dorada unos 2000 habitantes y una vida social vibrante marcada por el paso del tren.
Hoy, con alrededor de 180 a 200 vecinos, Berdier se reinventó como un refugio de paz y naturaleza, ideal para quienes buscan descanso absoluto. Por su ritmo sereno, sus calles arboladas y su ambiente seguro, se convirtió en un excelente destino para jubilados, tanto para una escapada corta como para quienes sueñan con mudarse a un lugar más tranquilo.

El pueblo de las diagonales y las historias silenciosas
Uno de los rasgos más llamativos de Berdier es su singular traza urbana: es conocido como el pueblo de las diagonales. Sus calles se cruzan formando ángulos poco habituales en los pueblos rurales y crean perspectivas fotográficas que enamoran a cualquier visitante. El nombre del pueblo honra a José Gregorio Berdier, antiguo propietario de los campos de la zona. Con la llegada del ramal G del Ferrocarril General Belgrano en 1909, sus hijas donaron parte de esas tierras para crear el pueblo. La estación fue el corazón de la vida local hasta su cierre, como ocurrió en tantos pueblos rurales afectados por la desaparición del tren. Hoy, la Estación Berdier, aunque ya no funciona, es uno de los atractivos más buscados. Sus andenes y galpones mantienen intacto el aire nostálgico de principios del siglo XX y son un punto perfecto para sacar fotos o simplemente disfrutar del silencio.

Naturaleza, calma y proyectos que siguen creciendo
Quien llega a Berdier se encuentra con calles de tierra, casas de ladrillo a la vista, viejas casonas tipo castillo y una plaza central que fue recientemente reacondicionada. Se colocaron juegos infantiles, se reforestó la zona y se levantó un monolito en homenaje a los héroes de Malvinas. Además, sus diagonales albergan pequeños comercios esenciales: almacenes, panadería, carnicería, herrería y una escuela. Esa escala humana lo transforma en un destino ideal para jubilados y viajeros que valoran la cercanía y la vida simple. La bicicleta es la forma más recomendada de recorrer el pueblo: permite disfrutar sus rincones sin apuro y conectar con su naturaleza verde, que lo rodea por completo.

Fiestas, gastronomía y la famosa cervecería en un vagón
Entre los imperdibles gastronómicos se encuentra la Cervecería Berdier, ubicada dentro de un antiguo vagón de subte restaurado. Abre de miércoles a domingo y ofrece pizzas, hamburguesas y variedades de cerveza artesanal producidas por la familia Valarino. También funciona el Bar Cultural Trekatum, que organiza noches temáticas durante la primavera y el verano, siempre con reserva previa. El pueblo es sede de eventos populares como la Fiesta de las Tortitas Negras, que llegó a reunir 7000 visitantes, y la tradicional Peregrinación a San Cayetano en agosto.

















