Bati-turismo científico y de naturaleza a pocos kilómetros de Buenos Aires: una escapada diferente
Un emprendimiento que une turismo, ciencia y naturaleza: organizan salidas al Delta para observar aves y fauna silvestre, más un exclusivo tour nocturno para reconocer y clasificar murciélagos en un glamping isleño

Para Tomás Tourn, creador de “Pantano Outdoor”, el turismo es una herramienta de educación y conservación ambiental. Su pasión por los viajes y la naturaleza lo llevaron a fundar este emprendimiento turístico de triple impacto que busca difundir el patrimonio natural de la Argentina, crear conciencia y contribuir a financiar estudios e investigaciones científicas.
La iniciativa surgió hace dos años, como un desprendimiento del “Proyecto Pantano”, liderado por el biólogo e investigador del Conicet Javier Pereira, que desde 2014 busca la conservación del emblemático ciervo de los pantanos en el Delta bonaerense.

A partir de conocer la tarea de los científicos y técnicos en conservación, Tomás decidió volcarse a la difusión de estas actividades, sobre todo entre los niños y jóvenes, a través de salidas y experiencias educativas “fuera del aula”.
De este modo, se contactó con educadores ambientales, guardaparques y guías naturalistas para diseñar jornadas, campamentos y actividades participativas que incluyen la observación de aves, exploración de fauna y flora nativas, travesías en kayak por el Delta, cabalgatas, campamentos de supervivencia en la naturaleza; tours nocturnos para observación de estrellas y una singular “noche de murciélagos” junto a biólogos e investigadores.


Alianzas con propósito
Pantano Outdoor funciona como una cooperativa en la que distintos prestadores brindan sus servicios: Tomás, que es guía y licenciado en Turismo, diseña las propuestas junto otros guías y educadores; Juan, propietario del glamping “Casablanca” en una isla sobre el Canal Otamendi del Delta, brinda el alojamiento y espacio para las actividades; y recientemente se sumaron Alison y Jaime, de “Paseos Popeye”, quienes realizan los traslados en dos embarcaciones desde el puerto de Campana hasta el glamping.
En 2025, más de 680 personas, en su mayoría chicos desde el nivel inicial al secundario participaron de las jornadas y campamentos de Pantano Outdoor y la idea es duplicar ese número este año. “Organizamos actividades para todas las edades y grupos de interés, pero nos enfocamos en el turismo estudiantil porque, al pagar los viajes en cuotas, los colegios nos permiten financiar el funcionamiento operativo y destinar parte de los ingresos al sostenimiento de actividades científicas y educativas”, dice Tomás.

Turismo con impacto
El emprendimiento busca generar empleo y desarrollo local en Campana, una ciudad con tradición industrial (desde la instalación de los primeros frigoríficos hasta las plantas de Tenaris, del grupo Techint, Honda, y la terminal de Axion Energy, entre otras), que cuenta con un puerto propio pero históricamente le ha dado la espalda al río.
“Pocos saben que Campana tiene más territorio de islas que de continente, y su Delta está poco explotado, por falta de infraestructura”, cuenta Tomás y señala: “En las islas hay emprendimientos forestales, y de a poco se fueron instalando recreos, cabañas y glampings turísticos”.
A pocos kilómetros de esta ciudad de diagonales, cuya calle principal se llama Rocca en honor al fundador de Techint, se encuentra el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, un territorio de 2.500 hectáreas donde conviven las ecorregiones Delta e Islas del Paraná, Pampa y Espinal, con humedales que albergan una enorme biodiversidad.

El ciervo de los pantanos es la especie emblemática y más convocante para el turismo. Sin embargo, en Pantano Outdoor el desafío es descubrir, conocer y proteger a muchas otras especies, aunque no resulten tan glamorosas. Es el caso de los murciélagos, que desde 2026 tienen su propio tour.
Bati-turismo en la isla
La observación participativa de murciélagos es la propuesta más inquietante del emprendimiento fundado por Tomás Tourn. Se trata de un recorrido vespertino por senderos en la isla del Glamping Casablanca, que incluye el armado de redes atrapa-murciélagos y su posterior estudio y clasificación por parte de un equipo de investigadores.
Los ejemplares capturados son medidos, pesados y clasificados a partir de características como el tamaño, color, la forma de sus orejas y la presencia de órganos sexuales, que permiten determinar la edad, el género y la especie de cada uno. El examen clínico (que incluye la extracción de una muestra de sangre y de heces), es realizado por los científicos, y los turistas participan registrando los datos. Una vez finalizado, los animales son liberados con una marca o sensor para un eventual seguimiento posterior.



Andrés Palmeiro, biólogo, investigador y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA coordina esta actividad junto a la bióloga Antonella Argoitia y el profesor de Biología Lautaro Losi, quien está realizando una tesis sobre estos singulares -y muchas veces temidos- mamíferos voladores.
“Son animales fascinantes”, afirma sin ambages Palmeiro, cuyas investigaciones sobre murciélagos le valieron reconocimientos nacionales e internacionales, así como invitaciones a fiestas vampíricas y encuentros de fans de Batman.
“Hay muchos mitos alrededor de los murciélagos y una aprehensión por falta de conocimiento”, señala Palmeiro. “En primer lugar, no chupan sangre. Solo tres de las más de mil especies que hay en el mundo son hematófagas, y no tienen un aparato succionador, sino que generan heridas superficiales que luego lamen sin succionar, aplicando al mismo tiempo una sustancia anti-coagulante que hoy se usa en medicamentos para personas cardíacas”.
Pero este no es el único aporte de los murciélagos a la ciencia y la medicina. “Son reservorios de virus, pero su sistema inmunológico es tan fuerte que no se enferman. Hoy se está estudiando cómo logran esa inmunidad”, comenta y aclara que “si bien se les echó la culpa del Coronavirus, no hay evidencia científica contundente para afirmar que el primer portador del virus de la pandemia fue un pangolín”.
Tienen mala fama, pero son muy buenos
Otro de los grandes mitos respecto de los murciélagos es que son ciegos. “Ven perfectamente, pero para orientarse en la noche usan un sofisticado sistema de ecolocalización”, dice Antonella Argoitia. “Emiten sonidos de alta frecuencia (ultrasonidos) por la boca o nariz que rebotan en los objetos, regresando a sus oídos como ecos, lo que les permite mapear su entorno, distancia, tamaño y forma de presas con gran precisión”, detalla.
También se ha dicho que los murciélagos son transmisores de rabia. Si bien eso es cierto, son muy pocos los casos (menos del 5% de los ejemplares analizados anualmente por el Instituto Pasteur), de portadores del rabdovirus.
Se trata de animales que se han adaptado a los ambientes urbanos, y por eso no es infrecuente verlos en las ciudades, sobre todo en edificios altos. “Si aparece un murciélago en casa, nunca hay que hacerle daño. Se lo puede atrapar con un recipiente o caja, ponerle un cartón debajo, y liberarlo; o en caso de duda, llevarlo a un instituto de Zoonosis como el Luis Pasteur”, indica Palmeiro.
En realidad, más que problemas y enfermedades, los murciélagos son portadores de soluciones y servicios ambientales. “Son grandes polinizadores, y controladores de plagas, ya que algunas especies se alimentan de insectos que pueden dañar los cultivos, por lo que algunos establecimientos agropecuarios, como una finca de vinos orgánicos, los usan como controladores biológicos”, aporta Argoitia.
Conocerlos de cerca (y notar que sus facciones son parecidas a las de un bulldog francés), aprender sobre sus costumbres y los servicios que prestan al ecosistema, es el primer paso para respetarlos y valorar su existencia.
“No se puede proteger lo que no se conoce, por eso promovemos estas experiencias inmersivas en la naturaleza. Son más que un viaje, un camino de transformación”, afirma Tomás Tourn.


















