Zenón Pereyra
Zenón Pereyra Foto: Turismo Santa Fe

Hay pueblos que se recorren con una cámara. Y hay otros que parecen leerse: cada fachada, cada reja, cada esquina guarda un símbolo que pide una pausa. En el centro-oeste santafesino, Zenón Pereyra juega esa carta como identidad y, a la vez, como pasaporte: la localidad fue postulada para competir en el programa internacional Best Tourism Villages, impulsado por ONU Turismo (UN Tourism), que distingue a destinos rurales por su patrimonio, su vida comunitaria y su compromiso con la sostenibilidad.

La noticia no es menor: se trata de un reconocimiento global que valora a los pueblos que preservan bienes culturales y naturales, promueven estilos de vida comunitarios y sostienen una mirada sostenible en lo económico, social y ambiental. Además, la iniciativa fija condiciones claras: entre ellas, no superar los 15.000 habitantes y demostrar gobernanza turística, infraestructura y cuidado del patrimonio.

Dónde queda y por qué ahora todos lo buscan

Zenón Pereyra está en el departamento Castellanos (Santa Fe), sobre la Ruta Provincial 20, a 12 km de la Ruta Nacional 19. Según el sitio oficial comunal, el pueblo registraba 1.835 habitantes (censo 2010) y conserva un perfil de baja densidad, típico de las localidades que calzan con el espíritu del programa internacional.

Zenón Pereyra, un asentamiento que a pesar de los años no olvida sus orígenes Foto: Instagram @santafeenfotografias

En 2024 ya había sido preclasificado en una etapa inicial dentro de una postulación provincial más amplia, y desde la propia gestión local describían el proceso como intenso: formularios, evidencias, material audiovisual y una matriz de evaluación exigente. “Nuestro mayor atractivo es un tour inspirado en los masones”, resumieron desde el área de Cultura al hablar del diferencial del pueblo.

Historia breve (pero decisiva): un pueblo que nació con rieles y planos

Para entender Zenón Pereyra hay que viajar a fines del siglo XIX, cuando el país discutía modernidad con inmigración y ferrocarril. La historia local cuenta que la colonización y demarcación de campos comenzó hacia 1887, y que en 1891 se creó la Comisión de Fomento, motivo por el cual ese año suele tomarse como referencia fundacional.

Antes del pueblo, la tradición oral ubicaba allí una posta llamada “Corrales de Garay”, donde paraban carreteros que venían desde Rosario rumbo al norte en busca de sal. Y, como en tantos puntos del país, el tren terminó de ordenar el mapa: el trazado y los planos quedaron aprobados oficialmente el 5 de julio de 1892, consolidando la existencia legal del pueblo alrededor de la estación.

¿Quién fue Zenón Pereyra?

El fundador fue Zenón Pereyra (1842–1902), un empresario rosarino ligado a la élite económica de la época. La reseña histórica local lo ubica como cofundador del Banco de la Provincia de Santa Fe (1874), concejal de Rosario, impulsor del Comité Rosario de Cruz Roja (1893) e integrante de espacios clave del asociacionismo civil y empresarial.

Su influencia no solo se vio en los hechos y decisiones tomadas Foto: Instagram @santafeenfotografias

Hasta ahí, podría ser “otro” nombre propio de fines del XIX. Pero en Zenón Pereyra hay una singularidad: su proyecto no quedó solo en actas y ladrillos. Quedó en símbolos.

Zenón Pereyra, el “pueblo masónico”: qué significa y por qué se lo llama así

Cuando se habla de Zenón Pereyra como “pueblo masónico” no se está hablando de mito urbano: la propia historia institucional del pueblo y trabajos académicos señalan que su fundador ocupó un lugar destacado en la masonería argentina y obtuvo el grado 33 (el mayor dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado) el 18 de agosto de 1892.

Esa pertenencia cultural y política de época aparece traducida en un dato que hoy es marca turística: el trazado original contaba con 33 calles, y “los investigadores” entienden que el número se vincula con el grado masónico alcanzado por el fundador. Lo dice, sin rodeos, el sitio oficial de la comuna.

Pero no es solo numerología. El “ADN masónico” está en el paisaje construido. Informes periodísticos recientes describen un entramado donde se repiten columnas, figuras, detalles geométricos y ornamentos que remiten a esa tradición, al punto de convertir la caminata en una búsqueda: flores de lis, símbolos en fachadas y un circuito patrimonial que guía la lectura de la arquitectura.

Don Zenón Pereyra era un reconocido masón que supo alcanzar el grado más alto Foto: Instagram @santafeenfotografias

Dicho de otro modo: Zenón Pereyra es “masónico” porque su diseño urbano y parte de su patrimonio edilicio conservan huellas asociadas a esa identidad histórica, desde la planificación (las 33 calles) hasta las casonas con simbología, que hoy se interpreta, se señaliza y se ofrece como relato cultural.

Lo que la ONU mira (y lo que Zenón Pereyra ofrece)

ONU Turismo evalúa candidaturas con una lógica integral: recursos culturales y naturales, conservación, sostenibilidad económica-social-ambiental, gobernanza turística, infraestructura, conectividad, salud y seguridad, entre otros indicadores. En otras palabras: no alcanza con “ser lindo”; hay que demostrar gestión, comunidad y futuro.

En ese tablero, Zenón Pereyra juega con un diferencial difícil de copiar: un patrimonio simbólico que no depende del clima ni de una temporada. Y suma una segunda carta fuerte: el legado automovilístico local, con el Museo Bucci como imán cultural, además de espacios como Casa Viva – Museo de Culturas y un circuito histórico-cultural-arquitectónico que ordena la experiencia del visitante.

La propia postulación provincial remarcó esa combinación: impronta cultural ligada a la tradición masónica y al legado de Domingo Bucci, preservado en el museo local. Ese cruce es el tipo de singularidad que los programas internacionales suelen premiar porque proyecta identidad y arraigo.

Por qué esta historia importa más allá del turismo

En tiempos de mapas “iguales”, Zenón Pereyra ofrece una rareza: un pueblo que puede contarse como capítulo de la Argentina moderna. Ferrocarril, inmigración, urbanismo planificado, redes de sociabilidad de la élite rosarina y una estética cargada de signos que sobrevivió más de un siglo. Y ahora, esa misma herencia se convierte en herramienta de desarrollo local.

Zenón Pereyra, un asentamiento que a pesar de los años no olvida sus orígenes Foto: Instagram @santafeenfotografias

Si la postulación prospera, el impacto no será solo una medalla: el programa reconoce y amplifica destinos rurales, les da visibilidad global y los integra a redes de buenas prácticas. Para un pueblo pequeño, eso puede traducirse en más visitantes, más empleo local y más motivos para que la gente joven se quede.

Zenón Pereyra no compite “para ser famoso”. Compite para que el mundo mire lo que ya está ahí: un pueblo donde la historia no se exhibe en vitrinas, sino en la vereda, en la línea de una cornisa, en la simetría de una reja y en ese número que se repite como clave: 33.