Punta Mogotes
Punta Mogotes Foto: Mar del Plata secreta

Hay lugares que no se visitan: se discuten. Punta Mogotes es uno de ellos. En el mapa, es el gran arco de arena al sur del puerto marplatense; en la conversación pública, es un símbolo que mezcla turismo, obras, concesiones, identidad local y una pregunta que vuelve cada temporada: ¿quién decide el futuro del complejo más emblemático de la costa bonaerense?

Lo último: Provincia anunció el traspaso, pero con condiciones

En los últimos días, el Gobierno bonaerense comunicó que avanzará con un proceso para que el Complejo Punta Mogotes pase finalmente a la órbita del Municipio de General Pueyrredón, algo reclamado desde hace años. La hoja de ruta oficial, sin embargo, deja claro que no será inmediato: primero habrá licitación, luego adjudicación, después obras y recién al final el traspaso definitivo.

El punto más sensible es la condición explicitada por funcionarios provinciales: la transferencia se concretaría una vez finalizadas las obras previstas en los futuros pliegos, en un esquema de modernización integral. En paralelo, se contempla la prórroga transitoria de concesiones porque varios contratos vencen entre junio y septiembre de 2026, para sostener la operación y el empleo durante la transición.

Mar del Plata Foto: Punta Mogotes

Pero el anuncio no descomprimió el conflicto: al contrario, lo reactivó. La Municipalidad solicitó una nueva medida cautelar para impedir que la Provincia avance con licitaciones, prórrogas u obras mientras siga abierto el litigio por la restitución efectiva del predio. El planteo judicial advierte sobre un posible “bucle jurídico” que podría postergar durante años la devolución real si antes se firman contratos de largo plazo ligados a nuevas obras.

La historia profunda: de los médanos y lagunas al megacomplejo

Para entender por qué Punta Mogotes genera tanta tensión, hay que mirar atrás. Antes de la postal de “módulos blancos” numerados, el área era un paisaje de médanos, espejos de agua y pastizales costeros que acompañaban la línea atlántica. A fines de los 70, el Estado encaró estudios que buscaban convertir ese frente costero en un sistema planificado de servicios, porque la zona absorbía gran parte del crecimiento turístico marplatense.

Un dato que sorprende incluso a habitués: hacia 1979, se consideraba que Punta Mogotes representaba el 45% de la superficie de playa de la ciudad, y que podía recibir hasta 71.000 personas por día en temporada alta. En ese contexto, “no era posible dejar sin servicios” a un sector tan masivo y relativamente alejado del centro urbano.

Panorámica Playas Punta Mogotes Foto: César Honaine

Lo que había entonces era un mosaico de concesiones y construcciones precarias, con balnearios y paradores de madera o materiales livianos. El informe técnico entregado en julio de 1979 sentó las bases para licitar un nuevo esquema de obra pública y explotación: el proyecto final contempló 24 unidades balnearias, 6 restaurantes y 10 kioscos, además de asistencia médica, accesos, caminos internos y un lago parquizado.

La “rambla aérea” y el ADN funcional de Mogotes

La marca arquitectónica más recordada fue la idea de un elemento de unión: una rambla peatonal que recorría el conjunto a lo largo de 2,4 kilómetros, a nivel de primer piso, pensada como paseo y “nuevo centro de actividad” con visuales al mar y conexión entre locales comerciales y servicios. La primera temporada de explotación fue la 80/81 y la inauguración oficial llegó el 11 de enero de 1981.

Así era Punta Mogotes en los 70s Foto: César Honaine

Ese ADN funcional explica por qué Punta Mogotes es, a la vez, querida y criticada: su diseño fue concebido para escala masiva y logística (estacionamientos, módulos repetibles, circulación), pero también para sostener un “día de playa” completo, con vestuarios, duchas, sanitarios y oferta comercial integrada.

1998: el antecedente clave de “puesta en valor” y la discusión que vuelve

Con el paso del tiempo, la discusión se desplazó del “hacer” al “cómo renovar”. En diciembre de 1998, el Estado llamó a un Concurso de Ideas para remodelar el complejo: el objetivo era renovar y revalorizar elementos arquitectónicos y paisajísticos, optimizar infraestructura y, en partes, desconstruir sectores obsoletos, mejorando la relación entre lo natural y lo construido. Esa propuesta ganadora se incorporó a pliegos y dio lugar a una “segunda versión” del complejo.

Hoy, el anuncio provincial vuelve a apoyarse en un concurso de ideas reciente para diseñar los pliegos de una nueva etapa, con ejes como sustentabilidad, accesibilidad e integración del espacio público. Pero el choque político-jurídico aparece en el “mientras tanto”: si se licita y se obra antes del traspaso, ¿se condiciona el control futuro del Municipio? Esa es, en esencia, la advertencia del planteo cautelar.