Estudio científico japonés revela un importante hallazgo: esto es lo más peligroso de hacer al manejar
Un estudio reciente confirma que esta acción enlentece los movimientos oculares y reduce la atención visual al volante.

Algo que quizá se sospechaba, pero que ahora se confirma con un nuevo estudio científico, es que hablar es más peligroso al manejar que escuchar audios.
La investigación señaló que, incluso aunque no se tenga el celular en la mano y se esté hablando con altavoz, las reacciones visuales se vuelven más lentas cuando la persona está al habla. Por tanto, participar activamente de una conversación resulta más peligroso que solo escuchar.
Este estudio contradice algo que durante años se sospechaba: que escuchar la radio o un podcast podía ser del mismo nivel de peligrosidad que hablar por teléfono, mientras se estaba al volante.

Sin embargo, este nuevo trabajo sugiere que no todas las distracciones auditivas afectan de la misma manera al cerebro. Mientras que escuchar parece ser una actividad relativamente segura para la atención visual, hablar implica un costo cognitivo mucho mayor.
El estudio estuvo dirigido por Shintaro Uehara, investigador de la Universidad de Salud de Fujita, en Japón. El objetivo del mismo fue analizar cómo diferentes formas de interacción auditiva tienen directa influencia en los movimientos oculares, un componente central para la conducción segura, ya que de ellos depende la detección rápida de obstáculos, peatones o cambios en el entorno vial.
¿Cómo fue el estudio donde se determinó el riesgo que implica hablar al volante?
En el experimento participaron 30 adultos, quienes debían hacer movimientos oculares rápidos hacia diferentes objetivos que aparecían en una pantalla.
Hay que tener en cuenta que estas pruebas se realizaron con tres condiciones distintas: sin distracciones, escuchando grabaciones de audio y respondiendo en voz alta mientras ejecutaban la tarea visual.
Los resultados evidenciaron con claridad qué pasaba: cuando los participantes solo escuchaban audio, no se registraron diferencias significativas respecto del momento cuando no tenían distracción alguna. En ese sentido, la velocidad y la precisión de los movimientos oculares se mantuvieron estables. Es decir, la escucha pasiva no interferiría con los mecanismos básicos de la atención visual.
Pero la situación cambió y de manera evidente cuando las personas estudiadas debían hablar. Y es que al responder preguntas en voz alta, los movimientos oculares se volvieron mucho más lentos y con menos precisión. En ese sentido, el tiempo necesario para iniciar el movimiento de los ojos aumentó alrededor de 20 milisegundos, el tiempo para alcanzar el objetivo casi se duplicó y el tiempo requerido para fijar la mirada se incrementó de forma marcada. En conjunto, los retrasos oscilaron entre 20 y más de 100 milisegundos.
Aunque estas diferencias puedan parecer mínimas en un laboratorio, en la conducción real pueden resultar críticas. A velocidades urbanas o de ruta, una fracción de segundo puede marcar la diferencia entre frenar a tiempo o provocar un accidente.

Los investigadores explican que hablar no es un proceso pasivo. Implica recuperar información, planificar una respuesta y coordinar los movimientos del habla. Estas funciones utilizan redes cerebrales frontales y parietales que también participan en el control de los movimientos oculares. Al realizar ambas tareas de manera simultánea, los recursos neuronales se reparten y la visión pierde rapidez.
Otro hallazgo relevante fue que los participantes tardaban más en mover la mirada hacia objetivos ubicados en la parte inferior del campo visual, un efecto que se intensificó cuando debían hablar. En la conducción, esto es especialmente importante, ya que peatones, animales, baches u objetos en la calzada suelen aparecer por debajo de la línea del horizonte.


















