
Detrás de sus muros, sobre la calle Pelliza al 3100, el Cementerio de Olivos conserva mucho más que sepulturas. Sus calles internas funcionan como las páginas silenciosas de un libro en el que conviven tres expresidentes argentinos, figuras fundamentales de la ciencia, artistas inolvidables y algunas de las obras funerarias más valiosas del país.
Este emblemático espacio de Vicente López se prepara para cumplir 120 años el 29 de julio de 2027. Frente a ese aniversario, el municipio proyecta una puesta en valor que tendrá como prioridad la restauración del sector histórico, la mejora de la infraestructura y la protección de su patrimonio. La iniciativa será financiada por la comuna y sus detalles se presentarán oficialmente en los próximos meses.
Un cementerio nacido junto con el crecimiento de Vicente López
La historia formal del cementerio comenzó en enero de 1907, cuando una comisión de vecinos impulsó la creación de un espacio municipal para las sepulturas. La Ordenanza N.º 7 autorizó entonces la adquisición de los terrenos en los que funciona actualmente la necrópolis. Con el paso de las décadas, distintas ampliaciones y obras terminaron de configurar el paisaje que hoy conocen los vecinos.
Algunos registros históricos presentan diferencias sobre sus antecedentes. El Archivo Histórico Digital de Vicente López menciona construcciones previas y señala que el primer sepelio pudo haberse realizado en 1905, mientras que el registro audiovisual bonaerense BAFILMA ubica el primer entierro documentado en 1907. Más allá de esa discrepancia, el año 1907 quedó asociado a la organización institucional del cementerio municipal.
El predio alberga aproximadamente 50.000 sepulturas, además de bóvedas familiares, nichos, una capilla y un Panteón de Vecinos Destacados. Su importancia no depende solamente de la cantidad de personas allí enterradas, sino de la extraordinaria concentración de protagonistas de la historia argentina.
Los tres expresidentes que descansan en Olivos
Entre sus calles se encuentran las tumbas de Roberto Marcelino Ortiz, Ramón S. Castillo y Arturo Frondizi, tres expresidentes que ocuparon la Casa Rosada durante períodos decisivos y muy diferentes del siglo XX argentino.

Ortiz ejerció la Presidencia entre 1938 y 1942, aunque una enfermedad lo obligó a delegar progresivamente sus funciones. Tras su renuncia, Castillo completó la sucesión presidencial hasta el golpe de Estado del 4 de junio de 1943. Años más tarde, Frondizi llegó al poder en 1958 con un programa desarrollista y permaneció en el cargo hasta su derrocamiento, el 29 de marzo de 1962. Los tres terminaron reunidos, con el paso del tiempo, en el mismo cementerio del norte bonaerense.
La presencia de Roberto Ortiz permite completar un dato que no siempre aparece en las reseñas breves sobre el lugar. Algunas publicaciones recientes nombran solamente a Frondizi y Castillo, pero el Archivo Histórico de Vicente López y otras investigaciones patrimoniales también identifican a Ortiz entre las personalidades sepultadas allí.
Científicos, pensadores y artistas que marcaron una época
El recorrido por el cementerio también permite encontrarse con nombres fundamentales del pensamiento nacional. Allí descansan Arturo Jauretche, referente de FORJA; el escritor e historiador Ricardo Rojas; y el médico legista y psiquiatra Nerio Rojas.
La ciencia y el desarrollo industrial argentino también tienen representantes destacados. En Olivos se encuentran los restos del médico Salvador Mazza, reconocido por sus estudios sobre la enfermedad de Chagas, y del general Manuel Nicolás Savio, uno de los principales impulsores de la siderurgia nacional.

La extensa lista continúa con figuras populares como Niní Marshall, Hugo del Carril, Mariano Mores, Isabel Sarli, Florencio Parravicini, Ángel Magaña y Juan Carlos Altavista. Esa diversidad convierte al predio en una especie de mapa de la memoria argentina, donde la política, el humor, el cine, el tango y la investigación científica comparten un mismo territorio.
La obra de arte que muchos ven todos los días sin conocer su secreto
Uno de los mayores tesoros del cementerio es la escultura original de La Justicia, realizada por Rogelio Yrurtia. La figura femenina de brazos extendidos se encuentra sobre una bóveda que perteneció a Carlos Delcasse y que luego quedó vinculada al Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires.
La imagen tiene una historia sorprendente: la escultura que se observa en el Palacio de Tribunales, en Talcahuano 550, es una reproducción. La versión original permanece en el Cementerio de Olivos. La obra fue materializada entre 1936 y 1938, pesa alrededor de 1.800 kilos y rompe con la representación clásica de la Justicia, ya que no lleva los ojos vendados, una espada ni una balanza.
El patrimonio artístico del lugar no termina allí. Investigaciones académicas identifican obras de escultores como José Fioravanti, Hernán Cullen Ayerza, Libero Badii y Carlos de la Cárcova. Entre ellas sobresale el relieve Vida, de Badii, premiado en el Salón de Artes Plásticas de 1950 y colocado en la puerta de una bóveda familiar.
Humedad, nichos deteriorados y un problema que lleva años
El paso del tiempo dejó marcas profundas. En algunos sectores del subsuelo se comprobaron problemas de humedad, gavetas rotas, iluminación deficiente y revestimientos dañados. En el exterior también existen puertas deterioradas y sepulturas con mantenimiento desigual, aunque los accesos, los caminos internos, el arbolado y varias áreas comunes presentan mejores condiciones.

La conservación de las bóvedas depende, en buena medida, de sus titulares. Las concesiones pueden extenderse entre 80 y 100 años y las familias suelen contratar cuidadores particulares. Los nichos, en cambio, se arriendan por períodos de cuatro años, con posibilidad de renovación. Este sistema explica por qué dentro del mismo predio pueden observarse sepulturas impecables junto a otras afectadas por el abandono.
Cómo será el plan integral de renovación
La primera etapa del proyecto buscará recuperar el sector histórico, mejorar la infraestructura y conservar la identidad arquitectónica y artística del cementerio. La planificación incluye la participación de asociaciones vecinales y referentes vinculados con la historia local, quienes colaborarán en la definición de las áreas prioritarias.
En los últimos años ya se realizaron trabajos de impermeabilización en galerías y se renovó parte de la iluminación. Sin embargo, el nuevo programa pretende avanzar sobre problemas estructurales y garantizar mejores condiciones para las familias, los trabajadores y quienes se acercan a conocer el patrimonio del lugar.

La seguridad es otro de los ejes. Durante 2025 se colocaron cámaras de 360 grados con análisis mediante inteligencia artificial y dispositivos térmicos, conectados con la central de monitoreo municipal Escudo. El objetivo fue prevenir los robos de placas, puertas y otros elementos metálicos, una problemática denunciada durante años por vecinos e historiadores.
A casi 120 años de su creación, el Cementerio de Olivos enfrenta un desafío que excede la reparación de paredes, nichos y bóvedas. Ponerlo en valor significa proteger una parte irrepetible de la memoria argentina. Allí, entre esculturas, árboles y calles silenciosas, todavía puede leerse una historia que une a presidentes, científicos, pensadores y artistas que dejaron una huella profunda en el país.




















