Caminás por ahí sin saberlo: las calles de Buenos Aires que esconden muertos de las Invasiones Inglesas

Bajo pasajes, plazas y veredas porteñas todavía persiste la memoria de las Invasiones Inglesas: antiguos enterratorios, combates urbanos y rincones donde la historia quedó sepultada bajo la ciudad moderna.

Pasaje 5 de Julio
Pasaje 5 de Julio Foto: historias con pueblos
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Buenos Aires tiene una historia subterránea que no aparece en los mapas turísticos. Bajo plazas arboladas, calles angostas y veredas transitadas todos los días, todavía sobrevive el recuerdo de una ciudad que fue campo de batalla mucho antes de convertirse en capital moderna. Las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 no solo dejaron héroes, cañonazos y nombres grabados en monumentos: también abrieron una pregunta incómoda para la Buenos Aires colonial: dónde enterrar a cientos de muertos después de una guerra urbana.

El Pasaje 5 de Julio: la calle donde hubo una fosa histórica

Uno de los puntos más impactantes está en pleno barrio de Monserrat, a metros de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo. Se trata del Pasaje 5 de Julio, una calle corta que hoy pasa casi inadvertida, pero que a comienzos del siglo XIX formaba parte de la huerta del convento dominico. Tras los combates de la segunda invasión, ese terreno fue usado para sepultar soldados británicos y también combatientes locales caídos durante la defensa de la ciudad.

Pasaje 5 de Julio Foto: Instagram @andregrevex

La fecha no es casual: el 5 de julio de 1807 marcó el fracaso definitivo del avance británico sobre Buenos Aires. Las tropas inglesas habían ingresado en columnas desde la zona de Plaza Miserere con el objetivo de llegar al fuerte, pero fueron resistidas casa por casa, desde azoteas, balcones, iglesias y esquinas del casco colonial. El Convento de Santo Domingo terminó convertido en uno de los últimos focos de combate.

Santo Domingo, las balas en la torre y los cuerpos bajo la ciudad

La actual zona de Defensa, Belgrano, Moreno y el Pasaje 5 de Julio concentra uno de los capítulos más dramáticos de aquella resistencia. Desde la casa de Francisco de Telechea, ubicada en Defensa y Moreno, los defensores dispararon contra la torre de la iglesia, donde se habían atrincherado hombres del ejército invasor. Con el paso del tiempo, las marcas de los proyectiles fueron preservadas con tachas de madera, como una señal visible de una batalla que todavía se puede leer en los muros.

Convento Santo Domingo donde están los restos de Belgrano. Foto: Instagram @miremospararriba
Convento Santo Domingo donde están los restos de Belgrano. Foto: Instagram @miremospararriba

Terminada la lucha, el problema fue urgente: la ciudad no tenía infraestructura funeraria suficiente para semejante cantidad de cuerpos. Según distintas reconstrucciones históricas, los frailes dominicos cedieron la huerta del convento para realizar enterramientos. Durante décadas se habló de entre 2.700 y 3.000 cuerpos, aunque investigaciones posteriores señalan que la cifra pudo haber sido menor. Aun así, el episodio convirtió a ese sector de Monserrat en uno de los enterratorios más estremecedores del período colonial.

De huerta conventual a calle porteña: qué pasó con los restos

Con el tiempo, la ciudad avanzó sobre aquel terreno. La huerta fue expropiada en 1822, durante la reforma eclesiástica impulsada por Bernardino Rivadavia, y más tarde se abrió un pasaje que primero se llamó Sarandí y luego recibió el nombre de 5 de Julio, en recuerdo de la jornada en la que Buenos Aires frenó la avanzada británica.

Aunque durante mucho tiempo circuló la idea de que los cuerpos continuaban bajo el asfalto, varias versiones indican que muchos restos fueron removidos y trasladados durante la apertura del pasaje. Sin embargo, la memoria del lugar quedó marcada para siempre: cada persona que camina por esa calle atraviesa, sin saberlo, un antiguo escenario de guerra, entierro y reconstrucción urbana.

Plaza 1° de Mayo: otro suelo porteño con historia funeraria

Otro sitio clave para entender los enterratorios ocultos de Buenos Aires es la actual Plaza 1° de Mayo, en Balvanera, ubicada en la zona de Hipólito Yrigoyen, Pasco, Alsina y Pichincha. Allí funcionó desde 1833 el llamado Cementerio de Disidentes, también conocido como Cementerio Inglés o Cementerio de la Victoria, destinado a protestantes, británicos, alemanes y norteamericanos que no podían ser sepultados en cementerios católicos.

Plaza Primero de Mayo, ubicada en Balvanera
Plaza Primero de Mayo, ubicada en Balvanera

Este cementerio no nació directamente en el campo de batalla de las Invasiones Inglesas, pero sí forma parte del mismo mapa histórico que dejó la presencia británica en Buenos Aires. Algunas investigaciones mencionan la posibilidad de inhumaciones vinculadas a ingleses muertos en 1806 y 1807 en terrenos que luego formaron parte de ese circuito funerario urbano, incluida la zona donde más tarde se consolidó el cementerio de la calle Victoria.

El primer Cementerio de Disidentes: Juncal y Suipacha

Antes de la Plaza 1° de Mayo, el primer espacio formal para entierros no católicos estuvo junto a la Iglesia del Socorro, en la zona de Juncal, entre Suipacha y Esmeralda, en Retiro. Fue creado a comienzos de la década de 1820 para una comunidad extranjera que crecía en Buenos Aires y no tenía un lugar autorizado para sus entierros.

Invasiones inglesas. Foto: Wikipedia.
Invasiones inglesas. Foto: Wikipedia.

Hasta entonces, muchas sepulturas de protestantes o “disidentes” se realizaban de manera precaria o informal, incluso en sectores cercanos a las barrancas del río. La creación del cementerio del Socorro representó un cambio urbano y religioso: la ciudad comenzaba a admitir, muy lentamente, que la muerte también necesitaba espacios distintos para una población cada vez más diversa.

Las ubicaciones donde la historia quedó bajo tierra

1. Pasaje 5 de Julio, Monserrat: antigua huerta del Convento de Santo Domingo, usada para sepultar caídos tras la segunda invasión inglesa.

2. Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo: escenario de combates, saqueo y resistencia; todavía conserva huellas vinculadas a los cañonazos de 1807.

3. Plaza 1° de Mayo, Balvanera: antiguo Cementerio de Disidentes o Cementerio Inglés de la calle Victoria, donde descansaron integrantes de comunidades británicas, alemanas y norteamericanas.

4. Juncal y Suipacha, Retiro: zona del primer Cementerio de Disidentes, junto a la Iglesia del Socorro, creado para entierros protestantes en Buenos Aires.

Una ciudad construida sobre batallas, tumbas y memoria

Las Invasiones Inglesas fueron mucho más que un episodio militar. Fueron el momento en que Buenos Aires descubrió su capacidad de defensa, organizó milicias urbanas y empezó a imaginar una identidad política propia antes de 1810. Pero también dejaron un rastro menos heroico y más silencioso: cuerpos enterrados de urgencia, huertas convertidas en fosas, cementerios desplazados por el crecimiento urbano y plazas que hoy esconden capas enteras de historia.

Caminar por Monserrat, Retiro o Balvanera es atravesar una Buenos Aires visible y otra sepultada. La primera está hecha de tránsito, edificios y vidrieras. La segunda, de soldados británicos, vecinos armados, frailes dominicos, comunidades extranjeras y antiguos cementerios que quedaron debajo de calles y plazas. En esa superposición está una de las claves más fascinantes de la ciudad: Buenos Aires no solo se recuerda en sus monumentos, también se esconde bajo sus baldosas.