Análisis | La Guerra de Irán y el gran tablero global: a quién beneficia y a quién perjudica esta disputa de poder
En estos temas son más importantes las preguntas que las respuestas: ¿quién va ganando? ¿quién se beneficia? ¿quién se perjudica? Qué lugar ocupan Estados Unidos, China, Rusia y Europa.

La Guerra de Irán genera opiniones encontradas, análisis diferentes y conclusiones contradictorias. Dado que no hay manera de saber qué es lo que quiere Trump, su objetivo y, en base a ello, su estrategia, todo es materia de especulación. Por eso en estos temas son más importantes las preguntas que las respuestas: ¿quién va ganando? ¿quién se beneficia? ¿quién se perjudica?
El escenario de la guerra de Irán
La primera circunstancia que nos permitimos mencionar es que el escenario de la disputa es global y no regional. Todos los hechos están encadenados. Los movimientos en Medio Oriente generan consecuencias en el resto del mundo. Richard Nixon, siguiendo a Nicolás Spykman, decía que no había lugar, por alejado que fuera, donde la seguridad de EE.UU no estuviera en juego. En otras palabras, los protagonistas de la geopolítica global no se limitan a una región, sino que juegan sus fichas en todo el mundo, como si fuera un gran tablero de ajedrez, o de go, según sus preferencias.
Entonces, no podemos limitar esta guerra a un conflicto regional. El problema no es un desequilibrio en Medio Oriente, ni los intereses regionales de Israel. La magnitud de la movilización de EE.UU. no puede explicarse verosímilmente sólo por los intereses de los actores regionales, sea Israel, Arabia Saudita, o el mismo Irán. Aquí sin dudas están involucrados los grandes actores globales: China, Rusia, Europa y, por supuesto, Estado Unidos.
Descartado entonces el tema regional, debemos preguntarnos ¿por qué razón EE.UU entró en un conflicto con Irán? Parece innecesario aclarar que estamos hablando de petróleo y gas, es decir, de energía. También podemos agregar que no sólo se afecta la energía que exporta Irán, sino también la de sus vecinos en el Golfo Pérsico: Qatar, Irak, Emiratos Árabes, Kuwait y Arabia Saudita, entre otros.
El rol de las grandes potencias en la Guerra de Irán
¿Qué se busca obtener con una guerra, que no pueda conseguirse por vías diplomáticas o comerciales?
Para contestar este interrogante, deberíamos peguntarnos ¿cuál de los actores globales se abastece de la energía de esa región? De los cuatro, es evidente que China y Europa son importadores netos de la energía producida en esa región. Mientras que EE.UU. y Rusia son exportadores de energía y competidores del Medio Oriente.
Estos datos que parecen incontrastables ya nos permiten una primera aproximación a la respuesta: la inestabilidad en Medio Oriente parecería perjudicar a Europa y a China, mientras que beneficiaría a EE. UU. y a Rusia.
Y con esto no nos referimos únicamente a los beneficios económicos que se generan con el aumento del precio de la energía, y el crecimiento de las exportaciones; estamos hablando de la posibilidad de condicionar el suministro energético de Europa y de China y las consecuencias geopolíticas que de ello derivan.
Parecería entonces que Europa dependería del suministro norteamericano, mientras que China del ruso. Vale la pena recordar que China viene dilatando la construcción de un segundo gasoducto ruso (el Power of Siberia 2) que aumentaría considerablemente las compras de gas ruso por parte de China. Al no avanzar con el nuevo gasoducto, mantiene cierta diversificación en sus proveedores de energía y no depende de una gran potencia como Rusia, con quien si bien mantiene buenas relaciones comerciales en la actualidad, han sido enemigos durante años. Tampoco olvidemos que en enero de este año, un mes antes del inicio del conflicto en Irán, los EE.UU. depusieron al presidente Maduro en Venezuela, y ahora controlan la exportación de petróleo del país.
Sabemos, por otra parte, que tanto EE.UU. como Rusia comparten intereses geopolíticos permanentes, más allá de las ideologías de sus gobiernos. Los une el rechazo a una Europa unida y fuerte, así como a una potencia hegemónica en Asia. Por supuesto que mucho menos querrían aceptar una hegemonía euroasiática. Por eso fueron aliados en la Segunda Guerra Mundial, se dividieron Europa y no permitieron ninguna potencia mundial en Asia.
Entonces, esta guerra parecería favorecer esos intereses permanentes de EE.UU. y de Rusia, que, aun sin ser aliados, se ven beneficiados por los efectos del conflicto, porque condiciona y dificulta el suministro energético de Europa y de China.
Pero hay más.
No se trata solo de petróleo
Esta guerra no sólo se trata de energía, también compromete rutas comerciales.
Sabemos que el principal proyecto geopolítico de China en la última década es la denominada Nueva Ruta de la Seda o Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI). Una de las principales rutas de ese proyecto que conecta China con Europa, se ve obstaculizado por la Guerra de Ucrania comenzada en 2022.
Este nuevo conflicto en Irán obstaculiza el corredor sur del mismo proyecto. Sobre todo a partir de la aparición de los temibles huties de Yemén, que dificultan el ingreso al Mar Rojo y por supuesto al Canal de Suez, generando demoras y mayores costos en las rutas comerciales entre China y Europa, al obligar al desvío por el sur de África.

Aquí nos detenemos brevemente para preguntar: ¿puede seriamente pensarse que China se ve beneficiada con este conflicto, cuando vemos que no puede asegurarse su suministro energético ni controlar sus rutas comerciales? ¿Acaso el aumento del precio del combustible y la incertidumbre sobre su suministro no genera una previsible recesión económica global que afecta las exportaciones de los productos chinos?
Si las principales rutas comerciales que utiliza China para conectarse con Europa se ven condicionadas ¿cuáles les quedan?
Sabemos que el cambio climático provoca el deshielo del Ártico y permite utilizar esa vía marítima durante cada vez más meses al año. Para China es una ruta muy conveniente, porque le permite ahorrar tiempo, costos y además evita todos los conflictos mencionados: Ucrania, hutíes y ahora Irán.
Llegamos entonces a una conclusión muy importante que confirma algo que sostuvimos al comienzo, que el escenario es global y no regional. Si la Guerra de Irán torna más conveniente la Ruta del Ártico, toman otro cariz los reclamos de EE.UU. sobre Groelandia y Canadá. Ya no es una excentricidad de un presidente de los EE.UU., sino un nuevo escenario geopolítico donde las potencias necesitan asegurar su presencia.
¿Quién se beneficia con la guerra en Irán?
La otra conclusión, y quizás la más importante, podría ser que la desestabilización de la región favorece a EE.UU.
La crisis perjudica a China en su política de expansión comercial, y a Europa mucho más por la incertidumbre de sus suministros energéticos. China aumentaría su dependencia de Rusia, y Europa de EE.UU.
Así visto, si se admite esta posición, cambia mucho la perspectiva de quién va ganando y quién pierde. Si como algunos analistas muy prestigiosos dicen, EE.UU. pretende derrotar a Irán para imponer la paz y la estabilidad en la región, entonces podríamos decir que está fracasando. Pero si pensamos que en realidad se ve beneficiado con el conflicto, estaría logrando una ventaja y no un fracaso.
Es más. Si esto es así, podríamos inclusive concluir que tanto Irán como EE.UU., aun enfrentándose militarmente, podrían verse beneficiados simultáneamente.
EE.UU. se beneficia en un escenario de conflicto e incertidumbre, mientras que Irán se consolida como una potencia en Medio Oriente, que negocia de igual a igual con EE.UU., como lo está haciendo en Islamabad, y en esa mesa no están sentados ni Israel ni Arabia Saudita. Sin dudas podría haber una reconfiguración del poder en Medio Oriente.
¿Cuál podría ser el pronóstico sobre este escenario?
EE.UU. aprovecha el conflicto que se profundiza y perjudica a sus competidores. Europa y China aumentan su dependencia energética de EE.UU. y Rusia respectivamente. Además, la recesión económica, que si bien golpea a todos por igual, perjudica más a los competidores de EE.UU., refuerza, aunque sea por un tiempo más, la hegemonía que viene ejerciendo desde hace más de 80 años.
Una última pregunta: la denominada Guerra por la IA ¿es sólo una cuestión de desarrollo tecnológico o principalmente de energía?














