Heligoland, isla de Alemania.
Heligoland, isla de Alemania. Foto: Wikipedia.

Un “territorio especial de la Unión Europea”, así es como se la define a esta isla alemana ubicada en el mar del Norte, que tiene una particularidad que pocos lugares en el mundo ostentan: no hay autos circulando en ella.

Se trata de la pequeña isla de Heligoland, que a su vez tiene singularidades geográficas, culturales y hasta históricas que la vuelven uno de los territorios más particulares de toda Europa.

Heligoland, isla de Alemania. Foto: Wikipedia.

Son apenas dos kilómetros de largo, acantilados rojizos y un régimen fiscal especial, que atraen a turistas de todo el mundo. Eso sí, cuando las condiciones climáticas permiten visitarla, porque en invierno el mar circundante se vuelve tan severo que llegar a ella es casi imposible.

Heligoland: su particular historia de “intercambio”

Lo primero que hay que saber sobre Heligoland y su vinculación con Alemania es su nacimiento a raíz de un intercambio.

Y es que para el año 1890, el Reino Unido y el Imperio Alemán firmaron el Tratado de Heligoland-Zanzíbar, donde Alemania cedió sus intereses en varias colonias africanas (una de ellas Zanzíbar) a cambio de esta pequeña isla, la cual se erigía como estratégica para el control naval del mar del Norte.

Las “sorpresas” de Heligoland

Quizá lo que más sorprende a los turistas que arriban por primera vez a Heligoland es la ausencia de coches. La explicación de esto es simple: es tan pequeña la isla que resulta innecesario manejarse con automóviles.

Heligoland, isla de Alemania. Foto: Wikipedia.

Tampoco abundan bicicletas por este mismo motivo, aunque en el caso de los autos, su uso está prohibido (salvo excepciones de ambulancias). Por tanto, el transporte es a pie o a través de pequeños vehículos eléctricos de carga.

La segunda “sorpresa” de Heligoland tiene que ver con sus espectaculares acantilados de arenisca roja. Este archipiélago está formado por dos islas, una principal y habitada (Hauptinsel) y otra más pequeña llamada Düne, donde se encuentran las playas y se pueden ver colonias de focas y leones marinos muy de cerca. Como era de imaginarse, gran parte de su territorio está protegido como reserva natural, por lo que se evita la proliferación de ruidos y la contaminación.

Heligoland, isla de Alemania. Foto: Wikipedia.

También sus particularidades y “sorpresas” se extienden a lo cultural: es que, si bien es una isla alemana, sus habitantes no suelen hablar alemán estándar. Por el contrario, predomina un dialecto del frisón septentrional (hay como 10 dialectos principales) que es conocido como helgolándico.

Después también hay que hablar de su estatus económico. Y es que, al pertenecer a los “territorios especiales de la Unión Europea”, está exenta de gran parte de la carga impositiva de Alemania. Es decir, funciona como estatus de paraíso fiscal. Esto la vuelve un destino popular para compras libres de impuestos en alcohol, tabaco y perfumes.

Heligoland, isla de Alemania. Foto: Web.

Por último, el pasado contemporáneo de Heligoland quedó profundamente atravesado por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Finalizado el conflicto, las fuerzas británicas transformaron la isla en una zona de pruebas militares y realizaron intensos bombardeos con el objetivo de eliminar las estructuras defensivas alemanas que permanecían en pie.

Durante varios años se detonaron miles de toneladas de explosivos, entre ellas una gigantesca carga conocida como “Big Bang”, recordada como una de las mayores explosiones no nucleares provocadas por el ser humano.

Luego de regresar al control alemán en 1952, Heligoland inició un largo proceso de reconstrucción urbana y recuperación ambiental. Con el paso del tiempo, la isla dejó atrás su perfil militar para convertirse en un refugio turístico caracterizado por sus paisajes naturales, sus acantilados y la presencia de fauna marina como focas grises y numerosas aves del mar del Norte.