Por Federico Juanto
Exclusivo Canal26.com | Entrevista a Jesús Armas desde Venezuela: en primera persona, un ex preso político del chavismo relata el horror
El 10 de diciembre de 2024, bajo el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro, Jesús fue detenido por fuerzas de seguridad y estuvo recluido en El Helicoide hasta el 8 de febrero de 2026. Ahora rompe el silencio en una charla con Federico Juanto.
Jesús Armas nació en Caracas, Venezuela, en 1987. Desde joven comenzó su activismo político: fue concejal del municipio Libertador de Caracas entre 2013 y 2018, director de Monitor Ciudad y de la ONG Ciudadanía Sin Límites, además de profesor de la Universidad Central de Venezuela. El 10 de diciembre de 2024, bajo el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro, Jesús fue detenido por fuerzas de seguridad y estuvo recluido en El Helicoide hasta el 8 de febrero de 2026. Ahora rompe el silencio y relata el horror de lo vivido en una entrevista exclusiva para Canal26.com.
Entrevista a Jesús Armas
Armas relata que el 10 de diciembre de 2024, Día Internacional de los Derechos Humanos, ocho funcionarios del SEBIN, la policía política venezolana, lo detuvieron sin identificación, lo esposaron, encapucharon y trasladaron a una casa clandestina. Allí fue torturado e interrogado por el paradero de la líder opositora María Corina Machado.
El Helicoide, de centro comercial a símbolo de la represión
Lo que iba a ser un centro comercial terminó convertido en una de las cárceles más emblemáticas para presos políticos en Venezuela. En sus instalaciones, ONG y familiares denunciaron hacinamiento, hostigamiento, torturas y procesos judiciales irregulares.
Según Armas, tras las elecciones del 28 de julio de 2024, comenzó “el episodio de persecución más brutal de la historia de Venezuela”, con más de 2.000 presos políticos en pocas semanas. “Vimos cómo la sociedad terminó sumida en el terror por culpa del Estado”, afirmó.
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Secuestro y tortura el Día de los Derechos Humanos
Armas había estado en la clandestinidad desde julio de 2024. El 10 de diciembre, al salir a tomar un café, fue interceptado por agentes del SEBIN. “Me llevaron a una casa clandestina”, relató. “Fui interrogado durante horas, fui torturado, utilizaron bolsas de plástico para tapar mi respiración”.
Durante cinco días permaneció esposado y con el rostro cubierto. Sus captores le ofrecieron un trato: “liberarme a cambio de que me infiltrara en el movimiento opositor y les diera información”. Al negarse, fue castigado y enviado a la Zona 7, un centro de detención en el este de Caracas.


La Zona 7: hacinamiento, ratas y falta de agua
En esa celda, que describió como “muy chiquita”, compartió espacio con 37 presos comunes, entre ellos miembros de bandas, narcotraficantes y asesinos. “Teníamos que dormir en el piso entre las ratas”, recordó. Estuvo cuatro días sin comida ni agua, sobreviviendo gracias al apoyo de otros reclusos.
Posteriormente fue trasladado al módulo principal de El Helicoide, donde pasó 13 meses de los cuales 12 estuvo incomunicado y aislado, sin llamadas ni visitas. Allí compartió celda con presos políticos relevantes, como el abogado de María Corina Machado y activistas de Voluntad Popular, algunos llegaron con señales de electrocución.
La muerte de Alfredo Díaz por negligencia
Uno de los episodios más duros fue la muerte del gobernador Alfredo Díaz, su compañero de celda durante unos 10 meses. Según el testimonio, Díaz sufrió un infarto el 7 de octubre, pero fue diagnosticado erróneamente como una indigestión.
Falleció en diciembre por la falta de atención médica. “Entre el momento en que anunciamos lo que le ocurría y el momento en que recibió atención pasó muchísimo tiempo”, denunció.
La liberación y una advertencia
El activista fue liberado el 8 de febrero, tras el anuncio de liberación de presos políticos hecho por Jorge Rodríguez. Aunque hoy está en libertad, advierte que más de 400 presos políticos continúan detenidos y que el régimen sigue en el poder. “Vivo en riesgo, pero perdí el miedo”, afirmó.
“Cuando uno pierde la libertad aprende lo valiosa que es”, reflexionó. “Yo era mucho más libre que los agentes que nos tenían allí, porque ellos eran víctimas de sus miedos, y yo ya había perdido el miedo”.
Su historia deja una lección: mientras no haya una transición democrática, la libertad en Venezuela seguirá siendo una deuda pendiente.






