La nueva parrilla de campo Comarca Productiva Don Julio.
La nueva parrilla de campo Comarca Productiva Don Julio. Foto: La Nación

Capilla del Señor, el pueblo gaucho de calles tranquilas y ritmo de campo, suma un motivo más para escaparse: la apertura de Comarca Productiva Don Julio, a solo ocho kilómetros del centro, rumbo a Chenaut.

En un campo de 230 hectáreas, este nuevo espacio propone una experiencia pensada para pasar el día en grupo o celebrar una ocasión especial.

El restaurante funciona junto a una casona de 1929, hoy hogar de Pablo Rivero, el sommelier que llevó a Don Julio a la cima de la gastronomía: una estrella Michelin y el puesto 10 en el ranking The World’s 50 Best Restaurants.

El sommelier Pablo Rivero en el local Don Julio, de Palermo. Foto: La Nación

Acá, la experiencia es completa: desayuno, almuerzo y merienda, rodeados de casuarinas y eucaliptos centenarios. La Comarca es mucho más que un restaurante. Es el origen de buena parte de lo que se sirve en los locales de Rivero en Palermo.

El campo produce la carne que exige la parrilla Don Julio, huevos (unas 1.500 unidades diarias) para abastecer también a El Preferido, y hortalizas orgánicas cultivadas en grandes naves y parcelas a cielo abierto.

Todo funciona como un sistema integrado, con criterios de biodinamia y un fuerte cuidado del ecosistema. Entre los atractivos, se suma un jardín laberíntico de hierbas y flores diseñado por el paisajista Guillermo Benítez Cruz.

Comarca Productiva Don Julio ofrece desayuno, almuerzo y merienda. Foto: Instagram @donjulioparrilla

Pasar el día acá es entender, en primera persona, que la calidad del plato empieza en la tierra. En la mesa: costillar, chorizo, empanadas de osobuco y ensaladas con hojas recién cosechadas de La Comarca.

La movida gastronómica también se siente en el casco urbano. En apenas 16 manzanas, Capilla del Señor sumó en los últimos dos años cinco restaurantes y varios cafés de especialidad con buena pastelería. A las parrillas clásicas se les agregaron propuestas más jugadas.

El emblemático bar-resto “La Fusta”

Abierto en 1964 y ya en manos de la tercera generación de la familia Curone. Es punto de encuentro de vecinos de boina y bombachas que comparten café por la mañana o vermú con picada al atardecer.

El salón, decorado con fotos históricas y figuras locales como Félix Luna, ofrece platos de siempre: tortilla de papas, tallarines con estofado o revuelto gramajo. Sin artificios, precios amigables y porciones abundantes.