La localidad natal de Manuel Puig
La localidad natal de Manuel Puig Foto: Wikipedia

General Villegas, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, es un pueblo que combina identidad rural, patrimonio cultural y una huella literaria única en el país. La localidad ha sabido aprovechar el boom literario que le dio “Boquitas pintadas”, la famosa novela de Manuel Puig, para transformarse en un destino turístico que seduce a miles de visitantes año a año.

La historia transcurre en “Coronel Vallejos”, un pueblo ficcional basado en “General Villegas”, la localidad natal de Puig, y que le permitió narrar con libertad las miserias, las apariencias y la crueldad social del mundo pueblerino.

La localidad natal de Manuel Puig

“Coronel Vallejos”: la ficción que nació en General Villegas

Boquitas pintadas recoge elementos propios de la vida en General Villegas y los vuelca al ámbito ficcional: la moral estricta, las familias respetables, la presión de la reputación y la división entre lo que se muestra y lo que se oculta.

La novela también retrata un tejido social donde el prestigio pesa y se lleva como una carga, donde las mujeres quedan expuestas al juicio machista y donde la vida íntima se comenta como si fuera asunto público.

Y el modo de narrar, a través de cartas, recortes periodísticos, confesiones y registros indirectos, también refleja la manera de vivir en el pueblo, en el que hasta los más íntimos secretos se vuelven públicos. Su particular formato, inspirado en el tono de folletín moderno, rompía con la novela tradicional y le ganó una valorización distinguida.

Su impacto fue inmediato porque, detrás de la trama amorosa de Juan Carlos Etchepare, la novela hablaba de la vida de las mujeres, del machismo, de la frustración social y del deseo de ascenso o escape. El resultado fue una obra local en su escenario, pero universal en su radiografía de la hipocresía y la vulnerabilidad.

La localidad natal de Manuel Puig

Qué hacer en General Villegas

Villegas es un destino ideal para aquellos que busquen frenar un poco con el ritmo acelerado de la ciudad y descansar caminando por las callecitas históricas del pueblo.

La herencia ferroviaria, la arquitectura de época, la naturaleza y la identidad cultural de la ciudad que Puig retrató en su novela se encuentran en cada postal del pueblo, y se puede apreciar con tan solo recorrer sus principales puntos turísticos.

Sin duda, uno de los lugares más destacados es el Circuito Cultural Manuel Puig, un recorrido por los sitios clave donde vivió el célebre autor de Boquitas pintadas que inspiraron sus novelas en la ciudad ficticia de General Vallejos.

Otro atractivo es el Parque Municipal General San Martín, un gran espacio verde de 40 hectáreas ideal para caminatas, pesca, avistaje de aves y kayak en su laguna.

El Museo Municipal de Bellas Artes Carlos Alonso es imperdible. Exhibe como muestra permanente “La guerra al malón”, 45 pinturas sobre las luchas entre indios y criollos durante la campaña del desierto que Carlos Alonso creó mientras estuvo instalado en el pueblo durante los ‘60.

También tiene obras de artistas como Berni, Castagnino y Spilimbergo, y exposiciones itinerantes de artistas locales. Como parte de la propuesta, organiza jornadas de café concerts y música al aire libre. En verano, el museo abre de miércoles a viernes de 9 a 12 y sábados y domingos de 18 a 21.

La localidad natal de Manuel Puig

Puig y Boquitas pintadas: una relación rota

El éxito que cosechó Boquitas pintadas le valió varios enemigos a Manuel Puig. Desde su ciudad natal leyeron la novela como una exposición despiadada de secretos privados y apellidos reconocibles. Desde el nombre ficticio del pueblo se puede vislumbrar que proteger la identidad de sus musas inspiradoras no estaba entre las prioridades del autor.

Tampoco es que el autor le guardase especial amor al pueblo que lo vio nacer. Así la describía: “Estaba a 600 kilómetros de Buenos Aires, a 1000 del mar, a 1000 de la montaña de los Andes. Faltó la naturaleza auténtica. Solo había unos cielos muy despejados. El resto había que imaginárselo. Por suerte estaba el cine... Una sola sala daba todos los días una película diferente; yo iba con mamá por lo menos cuatro veces por semana”.

A pesar de esa distancia afectiva, General Villegas hizo de ese legado literario una marca propia y hoy invita a conocer el pueblo real detrás de la ficción.