
Rosario Central, que se convirtió en el sorpresivo puntero absoluto del torneo Apertura en apenas cuatro fechas y en ese lapso superó en la tabla de promedios a Gimnasia La Plata, que lo aventajaba por 10 unidades, es un producto genuino de la cantera "canalla" de la que proviene su entrenador, Ariel Cuffaro Russo.
"Yo no sueño con dirigir al seleccionado argentino. Para mí lo más importante es dirigir a Central y estoy cumpliendo ese sueño”, aseguró a Télam Cuffaro Russo, conductor de un equipo de pibes que promedia 22 años.
Si "lo que no mata, fortalece", como reza el refrán, tal vez algo de eso le pasó a este Central que vivió torneos muy agitados en los últimos años.
En el pasado Clausura, por ejemplo, después de muy malas campañas con los técnicos Carlos Ischia, Pablo "Vitamina" Sánchez y Gustavo Alfaro, el equipo resurgió de la mano providencial de Carlos "Mostaza" Merlo, que cosechó puntos "gordos" para el promedio.
Pero un día Merlo se enojó por una declaración del ex volante "canalla" Ezequiel González y al día siguiente de perder con Racing Club pegó el portazo, justo después que los hinchas pensaban hacerle un monumento parecido al de los de Avellaneda, pero en el Gigante de Arroyito, si los salvaba del descenso.
Entonces Miguel Angel Russo aceptó el desafío de conducirlo en las últimas fechas y finalmente logró salvarlo en la promoción con Belgrano, aunque diferencias económicas con el presidente Horacio Usandizaga terminaron por alejarlo del club. Otro tanto pasó cuando el "Vasco" quiso contratar al "Patón" Edgardo Bauza.
Finalmente Cuffaro Russo recibió la oferta de pasar de dirigir las divisiones inferiores a hacerse cargo de la primera y no dudó un segundo. Junto al sempiterno profesor Horacio Vigna y a sus ayudantes de campo José Antonio Chamot y el "Polillita" Rubén Da Silva tomaron inmediatamente el toro por las astas.
Central se desprendió entonces de la mayoría de los jugadores más grandes como Cristian "Kily" González y el "Equi", Iván Moreno y Fabianesi, Walter Ribonetto y Leonardo Borzani.
Después de eso el técnico pidió una serie de refuerzos liderados por Luciano Figueroa, que finalmente hizo dos goles en la Liga de Europa, convenció al técnico de Genoa de que podía pelear un puesto en el equipo y no volvió a Central.
De esa lista de pedidos de Cuffaro Russo sólo llegaron el volante central Martín Astudillo, de 32 años y diez en el Alavés, de España, a quien el técnico conoce porque lo dirigió en Gimnasia y Esgrima de Jujuy; el lateral derecho Diego Chitzoff (ex Colón), el volante izquierdo del seleccionado ecuatoriano Paul Ambrosi y el enganche Darío Ocampo (ex Vélez).
Frustrados los pases de Figueroa y de los también ex "canallas" Marco Ruben (Recreativo de Huelva español) y Germán Rivarola (Colón), además de Diego Rivero (San Lorenzo), el técnico se decidió a trabajar con sus muchachos y a arreglarse con lo que tenía.
"Ellos saben que son los que tienen que sacar esto adelante entre todos. La camiseta que tienen deben defenderla. Si viene otro va a tener que correr y jugar mucho para sacársela. La camiseta no se presta”, enfatizó Cuffaro Russo.
Acto seguido confirmó a Jorge Brown en el arco, quien comenzó a responder con creces, y armó la defensa con el experimentado Diego Chitzoff como lateral derecho y los pibes Guillermo Burdisso y Nahuel Valentini como centrales, en este caso porque Diego Braghieri estaba suspendido, primero, y lesionado, después.
Ante la imposibilidad de repatriar a "Pirulo" Rivarola de Colón y la dilatada llegada del ecuatoriano Ambrosi, el entrenador se la jugó por Gervasio Ñúñez, un volante izquierdo formoseño que le pagó con el golazo de la victoria inaugural ante Racing, en el Gigante, y se ganó el puesto de lateral izuierdo pese a ser volante porque le da una salida prolija y un cuidadoso traslado hasta posiciones ofensivas.
El armado artesanal del mediocampo es otro hallazgo de Cuffaro Russo, quien sorprendió a propios y extraños con dos volantes ofensivos como carrileros: el pibe Jonhatan Gómez juega y no para de correr por la derecha, en una función inusual para él, y el catamarqueño Lucas Moya hace otro tanto por la izquierda, donde se complementa muy bien con Núñez.
Jesús Méndez aparece como la perla del novel equipo centralista. Al "Negro" no sólo le dio la cinta de capitán y la confianza para que sea el dueño del equipo, sino que lo soltó y es una especie de cinco a la antigua, que juega por toda la cancha y corre como un pibe más, siempre respaldado por Mario Paglialunga, un volante central más moderno.
Y adelante Cuffaro Russo confió en las notables condiciones de Emilio Zelaya y, ante la ausencia de un refuerzo de peso, se la jugó por Gonzalo Castillejos, quien llegó a los 23 años a la primera a pesar de ser el sexto goleador de la historia de las divisiones inferiores del club. Y el pibe ya le respondió con el gol a River y con actuaciones acordes.
"La idea es la de conformar un equipo rápido y muy dinámico, pero que juegue, porque correr lo puede hacer cualquier jugador aplicado, pero jugar bien es otra cosa. Yo quiero que hagan las dos cosas y ellos saben que esto es difícil, pero que depende de nosotros”, se entusiasmó Cuffaro Russo, que armó un equipo que se mueve como le enseñó su maestro, Angel Tulio Zof, pero que presiona como uno de su clásico rival, Marcelo Bielsa.
Central comenzó 11 puntos debajo de Gimnasia, el último que divide por igual cantidad de partidos, y en apenas cuatro fechas lo pasó, le descontó 12 puntos a Chacarita y 6 a Atlético Tucumán, y se acercó a Racing, entre otros.
Los pibes y Cuffaro Russo dicen que sólo piensan en salvarse de todo, pero además hicieron que los "canallas" sueñen despiertos. El viernes se viene Banfield, otro que empezó con todo. Y seguramente el Gigante laterá como de costumbre al compás de un grupo de purretes y un técnico soñador.













