Más rápido que el pádel y en una “jaula”: el deporte que obsesionó a Elvis Presley y hoy tiene a Argentina en la cima del mundo
El país ostenta hoy a los mejores del ranking mundial en una disciplina nacida en los callejones de Nueva York, pero que se juega con toda la garra criolla: conocé el fenómeno del racquetball, el gigante silencioso que fabrica campeones en el corazón de Caballito.

Un deporte desconocido por el público local tiene en los argentinos a sus mejores exponentes. Se trata del racquetball, una disciplina nacida y criada en Nueva York que se hizo mundialmente reconocida durante los 70 por ser “la favorita” de Elvis Presley, y hoy aloja, en el medio de la Ciudad de Buenos Aires, un centro de entrenamiento de primer nivel, desde donde juegan, entrenan y se forman los mejores atletas de la actividad. Canal26.com charló con Daniel Maggi, Director Técnico de la Selección Nacional de racquetball, sobre un año especial en el que Argentina terminó con tres raquetbolistas entre las diez mejores del mundo, una actuación estelar en los World Games de Chengdu y decenas de medallas obtenidas entre las categorías mayores y menores durante los torneos internacionales.
“El racquetball es muy espectacular. A alto nivel, es un deporte que realmente te impacta. Vas a ver a gente que está continuamente volando por la cancha pegándole a la pelota más rápida del mundo a 300 y pico km/h”, asegura Daniel Maggi, con una orgullosa sonrisa iluminando su rostro, desde el complejo donde la Asociación Argentina de racquetball tiene sus canchas, en el club Ferrocarril Oeste.
Cómo se juega al racquetball: similar al pádel o al squash
La premisa del juego del racquetball, en español ráquetbol, es sencilla y recuerda a otros como el squash. Consiste en pegarle a una pelotita hueca de goma contra una pared frontal, de manera que el oponente no llegue a devolverla antes del segundo pique.
Se la puede hacer rebotar contra todas las paredes de la jaula e incluso el techo, pero si toca el suelo antes que la pared frontal, perdiste.

La cancha o “jaula” consiste en un espacio rectangular cerrado de 40 pies de largo (un poco más de 12 metros), 20 pies (6 m.) de ancho y 20 de alto. Usualmente, la pared de atrás es de blindex, el piso de madera y las paredes laterales y frontales de concreto, yeso reforzado o cualquier material liso y uniforme que facilite el rebote.
La pelota es de goma, lisa y tiene 57 milímetros de diámetro, más grande y rápida que la utilizada en el squash, pero más chica que la de tenis. La raqueta es corta, de cuerdas tensadas y de cabeza ancha.

Más rápido que el pádel: De Nueva York a Argentina sin escalas
Llegó a la Argentina durante la década del 80 de la mano de un militar norteamericano que quiso replicar el juego típico de las bases estadounidenses en su nuevo destino y hoy tiene a Argentina como una potencia mundial. Esta historia comienza a escribirse en la cancha, hoy extinta, de la calle Saraza, por el barrio de Flores. Aníbal Osvaldo Maggi, padre de Daniel y actual presidente de la International Racquetball Federation (I.R.F), la asociación organizadora del deporte a nivel mundial, fue uno de los precursores de la actividad en el país.
Desde entonces, el equipo celeste y blanco fue parte de los torneos mundiales. “Empezamos a tener participación internacional en el 88. Las primeras medallas las sacamos a partir del 95 y de ahí en adelante siempre fuimos un país competitivo, pero no de punta. Los países de punta siempre fueron México, Estados Unidos y Canadá, pero a partir del 2005 empezamos a competir con los más grandes”, repasa Maggi.
Sin embargo, a pesar de las buenas actuaciones a lo largo de la historia, nada se asemeja a lo conseguido durante el 2025: María José Vargas fue la número 1 del mundo según el “Ladies Professional Racquetball Tour” (LPRT). Natalia Méndez (5°) y Valeria Centellas (8°) la siguen de cerca en la tabla. Además, Vargas se quedó con la medalla dorada en los World Games 2025, y se llevó la plata en la sección de dobles mixtos, en conjunto con Diego García, quien fue campeón panamericano en abril y subcampeón del mundo en la competición de Chengdu. García hizo pareja con Gerson Miranda en el 36° Minnesota Hall of Fame y en el 40th Annual Papa Nicholas Shamrock, y se quedaron con el premio mayor en ambas competencias.

No solo las categorías mayores, sino también los más chicos defendieron la bandera argentina con orgullo y valentía. Lautaro Cufré, de 15 años, y Rafaela Paez, de 13, participaron del Mundial Junior de racquetball en Santo Domingo, y volvieron a casa con una medalla de bronce y una posición entre las 8 mejores del torneo, respectivamente.
Selección Argentina: un país con los brazos abiertos
Un dato sobre la composición del equipo nacional resulta llamativo: “Majo” Vargas, Valeria Centellas y Natalia Méndez nacieron en Bolivia; Veronique Guillemette, la entrenadora de los equipos formativos y jugadora de la selección hasta hace algunos años, nació en Canadá; Shai Manzuri, otro de los encargados de poner al deporte argentino entre lo más alto durante la década de los 2000, nació en Israel.
-¿Por qué el racquetball argentino seduce a los mejores talentos del deporte a nivel internacional para que defiendan la celeste y blanca?
“Tenés un país que los impulsa, los mejora, les da entrenadores, preparación física, herramientas para desarrollarse. Es muy tentador para ellos”, explica Daniel Maggi, y enfatiza sobre un factor cultural importante: “Encima, para nosotros, cualquiera que tenga pasaporte argentino es argentino. Para mí, María José es argentina, y Natalia y Valeria también. Mi mujer es canadiense, mi papá es uruguayo, pero para mí son todos argentinos”.

Lo cierto es que otros países también tienen un gran nivel en la disciplina, pero carecen de una infraestructura que acompañe ese desempeño. Bolivia es un claro ejemplo de eso para Maggi: “Yo siempre comparo a Bolivia y a China entre el tenis de mesa y el racquetball. Tenés cientos de jugadores bolivianos que podrían jugar en cualquier selección del mundo. Son fenómenos. Son como los chinos jugando al tenis de mesa. No sabes por qué, pero nacen con eso, son muy buenos. Y acá cerca tienen un país que los impulsa”.
Becas Enard: los problemas del financiamiento a los deportistas de alto rendimiento
Sin embargo, a pesar del apoyo que reciben los deportistas para desarrollarse al máximo, y que retribuyen poniendo la bandera argentina en lo más alto, el Director Técnico Nacional advierte que “en el país no se puede vivir del racquetball. Los jugadores tienen becas, pero hoy por hoy no pueden sustentarse con ellas. En algún momento sí tuvimos apoyos acordes al deportista de alto rendimiento, pero en la actualidad, lamentablemente, los valores de la beca no son suficientes”.
“Igual, así como te digo esto, te digo también que lo suplimos con corazón, garra y con estar nosotros dando todo”, remata Daniel Maggi.
Donde sí se nota el apoyo del Estado es en el complejo donde están ubicadas las canchas, hechas en conjunto entre la Asociación Argentina de Racquetball, el club Ferrocarril Oeste y el Ente Nacional Deportivo de Alto Rendimiento (ENARD), que también ayuda en cuanto a la financiación de la participación argentina en los torneos internacionales. “Siempre contamos con el apoyo, que para nosotros es inestimable, del ENARD. A fin de año, que hubo algunos problemas económicos ahí, también los financió la Secretaría de Deportes, que trabajan en conjunto”, aclaró Maggi.

Ni pádel ni el squash: el racquetball entre otros deportes de raqueta
“Yo soy de los que piensan que no entrenamos todos igual, no todos necesitan lo mismo. María no necesita lo mismo que Natalia y Natalia no necesita lo mismo que Valeria o que Diego, Gerson o Fernando. Cada uno tiene su preparación física. Por supuesto, todos tienen una base atlética como cualquier deportista de alto rendimiento. Todos son física y atléticamente animales. Pero después, en lo fino, cada uno entrena aquello que más lo potencia o que tiene que mejorar. Creo que esa es la base del deporte de hoy en general”, detalla el entrenador sobre la preparación de los raquetbolistas para un juego en el que los reflejos, la velocidad física y mental y la fuerza son claves.
Aun así, para empezar a jugar al racquetball no se necesita más que zapatillas, ropa deportiva y ganas de pelotear. El club brinda todo el equipamiento necesario: lentes de protección, pelota y raqueta, que es un rasgo característico propio del deporte y difiere de las utilizadas en otros como el tenis, el squash, el pádel o el bádminton.

La migración entre actividades de raqueta es algo común, según explica Maggi: “el que juega deportes de raqueta le gusta todo. De racquetball a pádel, de pádel a tenis, de tenis a racquetball y así. Martina Katz, que fue subcampeona en el Mundial Junior anterior, jugaba al tenis acá en Ferro. Un día pasó por acá, se quedó mirando y dijo ‘Estoy’. Siempre buscamos chicos de otras actividades que les interese para traerlos. También organizamos torneos y visitas de colegios que ayudan mucho a difundir. Son las formas que tenemos de remar esta disciplina que no es tan conocida y a veces es muy difícil que la gente se acerque porque es muy rápido, parece difícil de jugar”.
Camino a Los Ángeles 2026: Por qué el racquetball no está en los Juegos Olímpicos
A pesar de ser un deporte reconocido por el Comité Olímpico Internacional, lo que significa que puede tener presencia en las competiciones de cadena olímpica, como los Juegos Panamericanos, el racquetball no está incluido dentro de las disciplinas participantes de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, Maggi sueña con verlo en alguna de las próximas ediciones: “Vamos a estar haciendo las gestiones, aunque lo veo muy complicado, para entrar en Brisbane 2032, pero el movimiento olímpico es muy cerrado, es muy difícil entrar, necesitas mucho, mucho poderío económico. Igual, la esperanza está.”
Además de las barreras financieras, Daniel reconoce que el deporte tendría que tener más desarrollo en África y en Oceanía: “El racquetball está muy instalado en América. En Asia también y en Europa tiene cierto desarrollo, aunque no es supermasivo. Ojalá que los próximos Juegos Mundiales, que son en Alemania, sean una buena oportunidad para impulsarlo allá. Pero bueno, el olimpismo es un proceso muy largo”.
La pandemia, un traspié para el racquetball argentino
La expansión del racquetball en Argentina es limitada. Las restricciones impuestas por la alta circulación del virus COVID-19 fueron un golpe letal al desarrollo del deporte en el país. Al ser una disciplina practicada en ambientes cerrados, fue de las últimas en volver al ruedo. Maggi recuerda que “antes de la pandemia había ocho clubes: cuatro en capital, uno en Florida, uno en Quilmes, uno en Mendoza y uno en Puerto Madryn”. El aislamiento los obligó a cerrar o reconvertirse: “Nosotros teníamos la base anterior en un club que estaba en Franklin y Díaz Velez. Hoy se convirtió en un “Fiter” —un gimnasio de cadena como Sportclub—.
Este año, los Juegos Suramericanos 2026 se realizarán en Rosario, y la construcción de dos canchas para la competencia podría ser un impulso enorme para la actividad. “Eso nos daría una provincia más. Lo que a nosotros nos gustaría es tratar de federalizar el deporte lo máximo posible. Lamentablemente, lo que tiene el racquetball es que necesitas una monstruosidad para construir”, detalla Daniel.

A pesar de los golpes recibidos por la pandemia y la falta de infraestructura a lo largo del país, se trata de una disciplina en pleno crecimiento. En la Selección Nacional, el equipo está formado por 25 personas, entre grandes y chicos. A nivel amateur, su convocatoria es muy variable. La Asociación Argentina de Racquetball calcula un aproximado de entre 500 y 1000 personas que practican el deporte con cierta regularidad.
Una disciplina llevada a puro pulmón, pero con el más alto nivel de excelencia deportiva, el racquetball ofrece oportunidades para todos aquellos que se sientan convocados, y lo recuerda constantemente en su Instagram (@racquetballargentinaoficial), abierto para las consultas de quienes se quieran acercar.
Junto al pique de una de las pelotas más rápidas del mundo y poniendo el corazón en cada punto, el racquetball argentino demuestra que no necesita ser masivo para volverse gigante. Solo falta que el público local se anime a entrar a la jaula para descubrir por qué, en un rincón de Caballito, se está fabricando otra coronación de gloria.















