Receta de tarta de queso japonesa: cómo hacer el postre esponjoso y exquisito que está entre los mejores del mundo
Conocida en Japón como fuwa-fuwa, una palabra que remite a algo esponjoso y liviano, este pastel es habitual en cafeterías y restaurantes del país. Su interior húmedo y su consistencia casi etérea recuerdan al algodón.

La tarta de queso japonesa se convirtió en una de las recetas más comentadas de las últimas semanas en redes sociales. Ícono de la pastelería nipona, este postre fue destacado por Taste Atlas como uno de los mejores del mundo, solo por detrás de la tarta Gazta y el Sernik.
Es una opción ideal tanto para celebraciones como para una merienda especial, ya que se prepara con pocos ingredientes y sin demasiadas complicaciones. Su gran diferencial está en la textura: liviana, aireada y extremadamente suave, perfecta para disfrutar sola o acompañada con una taza de té verde o café.

Conocida en Japón como fuwa-fuwa, una palabra que remite a algo esponjoso y liviano, este pastel es habitual en cafeterías y restaurantes del país. Su interior húmedo y su consistencia casi etérea recuerdan al algodón.
Aunque la receta no es compleja, hay algunos trucos clave para que salga bien: se cocina al baño María, lo que asegura una cocción pareja y evita que se reseque. Además, para que no se baje al sacarla del horno, se recomienda dejarla reposar con la puerta entreabierta y evitar cambios bruscos de temperatura.

Para lograr un buen resultado, conviene usar productos de calidad y contar con un molde adecuado. También es una torta práctica para transportar, lo que la convierte en una gran opción para compartir en reuniones con familia o amigos.
Receta de tarta de queso japonesa
Este pastel es un bizcocho muy aireado a base de queso crema y claras batidas. El horneado al baño María es fundamental para conseguir su clásica textura suave y delicada. Con esta receta salen entre 8 y 10 porciones.
Ingredientes
- 250 g de queso crema
- 50 g de manteca sin sal
- 100 ml de leche entera
- 60 g de harina de trigo
- 20 g de maicena
- 6 huevos tamaño L (yemas y claras separadas)
- 120 g de azúcar
- 1 cucharada de jugo de limón
- 1 pizca de sal
- 1 cucharadita de esencia de vainilla (opcional)
- Azúcar impalpable para decorar (opcional)

Paso a Paso
- Cubrir la base y los laterales de un molde desmontable de 18 a 20 cm con papel manteca.
- Precalentar el horno a 150 °C, con calor arriba y abajo, sin ventilador.
- En una olla a fuego muy bajo, derretir el queso crema junto con la manteca y la leche hasta obtener una mezcla lisa. Retirar y dejar entibiar.
- Tamizar la harina y la maicena en un recipiente aparte.
- Batir las yemas con 40 g de azúcar, el jugo de limón, la sal y la vainilla. Sumar la mezcla de queso ya tibia y unificar bien.
- Incorporar los secos tamizados y mezclar hasta que no queden grumos.
- Batir las claras a velocidad baja. Cuando estén espumosas, agregar el resto del azúcar de a poco y aumentar la velocidad hasta lograr picos suaves.
- Sumar un tercio del merengue a la preparación con movimientos envolventes. Integrar el resto en dos tandas, con cuidado para no perder aire.
- Volcar la mezcla en el molde y golpear suavemente la base contra la mesada para eliminar burbujas.
- Colocar el molde dentro de una fuente más grande con agua caliente, formando el baño María.
- Hornear 25 minutos a 150 °C. Luego bajar la temperatura a 120 °C y cocianar entre 55 y 60 minutos más.
- Apagar el horno y dejar reposar la torta 10 minutos con la puerta entreabierta.
- Dejar enfriar por completo antes de desmoldar y, espolvorear con azúcar impalpable (opcional).
Para su conservación, es importante mantenerla en la heladera, bien cubierta, hasta 3 días. Lo ideal es consumirla fría. No se recomienda freezarla, ya que pierde su textura característica.


















